Este es el aspecto actual del puente romano de La Melgosa

Luce su nueva imagen tras la restauración realizada para corregir la intervención realizada en 2020 y que fue paralizada por motivos «técnicos e históricos»

El puente de La Melgosa ya luce su nuevo aspecto tras la restauración realizada por el Ayuntamiento de Cuenca para corregir la intervención realizada en 2020 y que fue paralizada por motivos «técnicos e históricos».

Los trabajos han supuesto un desembolso cercano a los 23.000 euros y han tenido como finalidad subsanar desafortunadas actuaciones que desvirtuaron de forma notable el aspecto y naturaleza del viaducto, de origen romano. El Ayuntamiento de Cuenca dio luz verde la primera intervención en junio de 2020 y fue paralizada en septiembre. La última intervención recibió el visto bueno del Consistorio en enero de este año 2023.

En la actualidad, el puente de La Melgosa sobre el río Moscas, situado justo al lado de la N-420, ya no cuenta con los llamativos pretiles de color blanco que fueron colocados con anterioridad y para el firme se ha optado por guijarros. No hay barandillas ni otros elementos de este tipo y vuelve a su aspecto originario. Dos gran piedras situadas en el lado de la carretera evitan la posibilidad de que pueda ser atravesado por vehículos.

Explicación histórica

Junto al puente ha sido colocado un panel explicativo en el que se detallan sus principales características históricas y arquitectónicas. Así, señala que «sus medidas, técnica constructiva y morfología general lo confirman como un puente romano. Infraestructura necesaria para cruzar el Río Moscas, formaría parte de la que se ha clasificado como Vía II A 5, un ramal de la Vía II A según los estudios de Santiago Palomero, procedente de Ballesteros y que iría hasta Mohorte. Es posible que después enlazara con la calzada que subía hacia Bilbilis (Calatayud, Provincia de Zaragoza)».

El Puente de La Melgosa dispone de un solo ojo «realizado en sillería escuadrada de buena calidad y con piezas calizas que casi se aparejan en seco y que están talladas con huellas características. Las piedras de los estribos tienen un ancho que oscila entre los 2 y 3 codos romanos (1 codo romano equivales a unos 44 cm), mientras que en el arco los sillares se reducen a un solo codo. La altura total de la estructura sería de unos 6 codos desde la línea inferior de impostas a la parte superior de la calzada, hoy perdida. La luz del ojo tendría 10 codos de ancho y 4 codos de alto hasta la parte superior. En realidad, se trata de un arco rebajado ligeramente, aproximadamente un 20%. El ancho de la plataforma de paso sería casi de 12 codos romanos, mientras que la longitud hasta los estribos es de 11 codos. La calzada que por el puente pasaba se elaboró con un cimiento solido (statumen), una capa de guijarros (rudus) y superficie de rodadura realizada con grano fino, en la que estaría ausente el enlosado pétreo (pavimentum)».

El cartel precisa que en Época Moderna el puente sufrió importantes reformas de su fisonomía, «entre las que destaca un nuevo empedrado que apoya en un asiento de tierra apisonada y algo de escombro. En esta etapa también se repusieron algunas dovelas de su bóveda, además de añadirse pretiles a ambos lados, de los que no se conservaba nada en el momento de la última intervención. Sabemos de estas barandillas por fotografías realizadas durante los años 70 del S. XX. Es muy posible que esta fase esté asociada a la construcción de la inmediata Casa de la Mota, que fue edificada por el Obispo Felipe Antonio Solano, cuyo mandato abarcó entre 1779 y 1800. Hay autores que atribuyen la obra de este palacio al arquitecto municipal Mateo López. Un proyecto de estas características también llevaría aparejadas otras obras, como pudo ser la reparación de este puente y de los caminos desde Cuenca. Ya en cronologías más recientes, perdida totalmente una de sus boquillas, se han detectado vertidos y reparaciones poco decorosas que han sido debidamente retiradas para su puesta en valor entre los años 2019 y 2023».