Vocalia Taldea devuelve el sonido a la iglesia de San Miguel

La Semana de Música Religiosa de Cuenca regresa a su templo fundacional con un concierto de compositores vivos , "incluidas dos mujeres, algo muy importante y necesario"

Manuel Millán de las Heras

Las Semanas de Música Religiosa de Cuenca regresaron a su templo fundacional, la iglesia de San Miguel. En aquel abril de 1962, unos locos visionarios la eligieron como sede de un vanguardista y adelantado festival que ahora cumple su 61 edición, tras superar una grave crisis económica y la terrible pandemia.

Para la ocasión, hemos escuchado un concierto peculiar –y muy diferente a la tradición de las SMR— ofrecido por el coro femenino semiprofesional Vocalia Taldea y la pianista Itxaso Sainz de la Maza bajo la dirección de Basilio Astúlez. Compuesto por cantantes de Guipúzcoa, Vizcaya, Álava, Navarra y La Rioja, resume a la perfección la formidable cultura coral vasca y nos mostraron un concierto de compositores vivos, incluidas dos mujeres, algo muy importante y necesario.

La apuesta por la música contemporánea nos enseña los innumerables caminos que la nueva creación puede abordar. Lo actual no es sinónimo de atonalidad y las producciones de Francisco Ibáñez-Iribarria, Randall Stroope, Tokuhide Niimi, Paula Olaz, Laura Jekabsone, Jon Sáenz, Damijan Mocnik y el bis de Xabier Sarasola se movieron dentro de un lenguaje que osciló entre lo marcadamente tonal hasta el uso de efectos vocales. La obra del norteamericano Randall Stroope destacó por sus fuertes contrastes y los picos de tensión. Por el contrario, la obra “Lux Aeterna de la báltica Laura Jekabsone (que fue un estreno absoluto) se movió en un lirismo muy íntimo, conseguido por el contraste de las dos solistas vocales y el grueso coral. El resto de las composiciones tuvieron ese marcado sello de lo comunicativo, con melodías reconocibles y un buen oficio de creación vocal, algo no siempre encontrado en las obras corales contemporáneas. Vocalia Taldea aborda la programación con fuerte ilusión y un sello muy característico.

En definitiva, un concierto que mostró la belleza acústica de San Miguel, que en su nueva reforma han utilizado moqueta para absorber la excesiva reverberación. Una acústica quizá diferente y que no iguala a aquella que sentía como músico y como público en mis primeros conciertos, con un suelo de madera que posteriormente fue sustituido por mármol. Quizá me dejo llevar por la melancolía.