Los barrios olvidados y el tesoro museístico de la Iglesia cierran la Cuenca recóndita de Pedro Ibáñez

El profesor Pedro Miguel Ibáñez, encargado del proyecto, ha adelantado que el cuarto volumen de esta saga posiblemente sea el último que se publique

Pedro Ibáñez, profesor honorífico de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de Cuenca, es el alma tras el proyecto `Cuenca recóndita´ que ha puesto el foco en reivindicar los espacios olvidados de la ciudad. La iniciativa nació con el objetivo de estudiar los diversos elementos histórico-artísticos de la capital conquense que son mayoritariamente desconocidos para los visitantes y oriundos de la ciudad.

El cuarto volumen analiza algunos barrios que Ibáñez define como «olvidados» y ofrece un recorrido por ese «museo imaginario» disperso en diferentes centros religiosos de la ciudad que «muchas veces no están al alcance de la vista de la gente y por tanto también se ven afectados por ese tema de la Cuenca recóndita».

En la primera parte del volumen, el historiador del arte ahonda en los barrios los pertenecientes a la antigua circunscripción parroquial de San Gil y San Esteban. Ambas zonas contaban antes con edificios con un calado social, histórico y cultural especialmente relevante que se ha perdido por una evolución «negativa» de la ciudad. Zonas que albergaban el corral de comedias de Cuenca, el hospital de Santa Lucía o el convento de San Bernardo, entre otros, han quedado actualmente como lugares que, en apariencia, no aportan nada de interés al patrimonio cultural de la ciudad. Ibáñez apunta que la historiografía de los propios edificios también ha llevado una serie de errores a la hora de catalogarlos. Gracias al trabajo que se ha materializado en esta cuarta entrega se han puesto en valor edificios «de los que muchas veces ni se cruzaban las puertas» como afirma Ibáñez. Estos lugares, que tienen un enorme valor desde el punto de vista arquitectónico también por los avatares del tiempo han perdido su patrimonio inmueble, pero siguen evidenciando que Cuenca cuenta con auténticas joyas arquitectónicas.

El «museo imaginario» que plantea Ibáñez describe las obras que se encuentran dispersas por las diferentes instituciones religiosas. Muchos de estos objetos son de imposible acceso, «pero tienen un gran interés desde el punto de vista artístico», según afirma el historiador. El convento de las Carmelitas Descalzas, el de las Madres Concepcionistas o el Hospital de Santiago con algunos de los lugares de los que se explora el patrimonio cultural junto a la Catedral.

La presentación del libro se llevará a cabo el próximo lunes 31 de marzo a las 18:00 horas en la sala capitular de la Catedral en un acto que contará con la presencia del autor, Pedro Miguel Ibáñez. Se realizará una proyección de imágenes en PowerPoint, en una pantalla junto a la que se encontrarán, en vivo y en directo, algunas de las obras que se incluyen en el volumen. Estas imágenes se analizarán y se detallarán algunas pinceladas sobre las que se pormenoriza en el libro. Ibáñez ha señalado que también pondrá el foco en «una capilla misteriosa de la Catedral sobre la que hay muchos datos que se desconocen y que estará abierta para que cualquier asistente la pueda visitar».

Esta última entrega de la saga prosigue las mismas preocupaciones y objetivos que las anteriores. Sobre la posibilidad de realizar proyectos divulgativos con los que acercar ese patrimonio a conquenses y visitantes Ibáñez señala que en el caso de la parte que corresponde a instituciones religiosas «es imposible» al tratarse de centros de clausura y similares, pero «lo que sí puede destacarse como un centro de obligada visita es la Catedral». Sobre los proyectos que quedan como «asignaturas pendientes», Ibáñez ha señalado la posibilidad de hacer rutas temáticas centradas en periodos como el barroco o en figuras como la del arquitecto José Martín de Aldehuela, algo en lo que el historiador apunta que «lleva más de 30 años insistiendo».

El futuro de Cuenca Recóndita desde que comenzó su andadura en el año 2017, cuando Pedro Ibáñez continuaba vinculado a la Universidad de Castilla-La Mancha como profesor, marca el fin de la hoja de ruta con este último volumen. El historiador ha señalado que tras su jubilación «las cosas van a cambiar», por lo que previsiblemente «esta sea la última entrega de la saga». Sin embargo, el proyecto investigador que mantiene Ibáñez desde hace más de 40 años y del que han nacido diferentes líneas como esta no va a parar, «todo lo contrario», ha asegurado, por lo que podrá continuar ampliándose el conocimiento de la Cuenca olvidada a través de las diferentes publicaciones del autor.