«En la diócesis de Cuenca se han hecho seis exorcismos desde 2019»

El padre Declan Huerta Murphy, exorcista de la Diócesis de Cuenca, ha atendido seis casos de exorcismo en los seis años que lleva ejerciendo este ministerio con licencia del obispo

La diócesis de Cuenca cuenta con dos exorcistas con licencia, uno de los cuales es el padre Declan Huerta Murphy. A lo largo de su carrera ejerciendo este ministerio ha ayudado a seis personas en la provincia. Además de ser uno de los exorcistas con licencia de la diócesis, Declan Huerta ostenta el cargo de Secretario Canciller del Obispado y es profesor estable del Instituto Teológico San Julián. Este jueves 27 de marzo, Declan Huerta Murphy ofrecerá la conferencia «Las acciones del maligno y la respuesta de la iglesia» a las 19:30 en las Escuelas Aguirre, una charla en la que abordará en su experiencia cómo se enfrenta la iglesia a las manifestaciones del demonio. El exorcismo es una plegaria, un conjunto de fórmulas y rituales con los que el exorcista, en nombre de Dios, expulsa las presencias diabólicas que temporalmente poseían o molestaban a una persona, un animal o una cosa.

¿Cómo se forma un exorcista?

El exorcista primero en una diócesis siempre es el obispo porque es el que tiene, conforme a la teología católica, la plenitud del sacerdocio. Entonces, el obispo comparte de alguna manera esa tarea con otros sacerdotes y les concede lo que se llaman las «licencias». Todo sacerdote que está ordenado, por la propia ordenación, estaría capacitado para colaborar con el obispo en esa tarea y después, desde un punto de vista administrativo, la Iglesia puede certificar esa capacidad concediendo licencias a un sacerdote o no. Entonces, un exorcista es un sacerdote a quien el obispo le ha dado autorización, a través de la licencia, para poder ejercer esa parte del ministerio que ya tiene como sacerdote.

¿Cuántos exorcistas hay actualmente en la diócesis de Cuenca? ¿Hay algún número establecido?

Actualmente somos dos sacerdotes los que tenemos licencias para rezar el ritual del exorcismo además del obispo, claro. El otro sacerdote en este ministerio es Alberto Carnicero, que es el párroco de La Paz. Nosotros, además, trabajamos los dos juntos, rezamos juntos con la persona que lo necesita. Cada uno tiene su sensibilidad o su manera de ver las cosas y también es bueno no depender exclusivamente de tu propio criterio, si no que poner en común y trabajar juntos. El obispo es quien determina si hace falta que haya más o menos personas para ejercer el ministerio, además de lo que pudiera hacer él como obispo, y después va concediendo licencias. Por ejemplo, en grandes ciudades como México, Milán, Madrid o Valencia puede haber varios sacerdotes con licencias de exorcismo, en ciudades pequeñas o diócesis pequeñas como la nuestra, pues el número evidentemente mucho menor.

¿Cómo se determina un caso que requiere de exorcismo?

Lo primero es recibir a la persona, charlar y que te cuente su problema. Muchas veces son personas que tienen una sensibilidad religiosa, pero tienen bastante sufrimiento en su vida por ciertas cosas que no se le pueden achacar al maligno. Ese primer filtro es bonito porque ayudas a las personas a darse cuenta de que no tienen que tener miedo y les ayudas a encaminarse con oración y, sobre todo, con comunidad porque a veces el dolor te afecta y te aísla mucho. Cuando ya pasas ese primer filtro hay que valorar y preguntar, en ese caso, si puede estar presente algún tipo de trastorno mental, entonces debes interesarte porque la persona reciba el acompañamiento adecuado, incluso desde el punto de vista médico, nosotros consultamos a profesionales sanitarios y en algún caso les derivamos para que busquen primero una opinión médica. Una vez comprobamos que son personas sanas y equilibradas quedamos con ellos para rezar junto el ritual y ahí vemos cómo reacciona la persona en el ritual. Muchas veces nuestro servicio se termina ahí, empezamos el ritual con ellos, tenemos una conversación de consuelo después. Muchas veces lo que necesita la gente es una reafirmación positiva sobre lo que les preocupaba y asegurarles de que se trata de otras circunstancias, no de que el maligno les acosa. Después, se comienza el ritual y ahí observamos ciertas actitudes en las que la persona es menos dueña de sí misma. Si te pones en el planteamiento cinematográfico, no se trata de esas cosas de forma extrema, si no que se producen determinadas reacciones ante palabras religiosas concretas como el nombre de Jesucristo, de la Virgen, reacciones ante el agua bendita, ante el crucifijo o incapacidad de mirarlo. Esos son los gestos que a nosotros nos van indicando que la persona puede tener alguna influencia del maligno y que hay que ayudarla a superarla.

¿Cómo se lleva a cabo el exorcismo una vez confirmado el caso?

Al igual que hay un ritual de bautismo y hay un ritual de confirmación, hay un ritual de exorcismo. Este ritual ha sido aprobado por la Santa Sede y es para orar particularmente con los fieles, que después del discernimiento que he comentado, se entiende que pueden tener algún acoso o influencia por parte de Satanás en su vida y que se está haciendo una grave dificultad para desarrollar una vida normal. El ritual del exorcismo, como casi todos los rituales en la Iglesia Católica tiene unas palabras de inicio, un arrepentimiento de los pecados, una lectura de algún pasaje de la Palabra de Dios e incluso, si las circunstancias lo permiten, puedes hacer una pequeña predicación dirigida a la persona en la circunstancia que está viviendo, una predicación más individualizada. Después vienen los rituales propios, que es bendecir con el agua bendita a las personas, imponerles las manos, es decir, el gesto de poner las manos sobre la cabeza, el mostrar el crucifijo y rezar una serie de jaculatorias. Se hace la renuncia a Satanás y a sus obras, como en los rituales de los bautismo, y se reza el credo en el que se reconoce como creyente en Dios Padre, Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo. La parte principal del ritual son dos oraciones muy largas. En la primera nos dirigimos directamente a Dios, pidiéndole su bendición y su ayuda en la vida de esa persona. La siguiente oración, si se ve que es necesario, pues es un discurso de mando en el que te diriges directamente al maligno y, por el poder de Jesucristo y de su Iglesia, le ordenas que se marche, que deje de acosar a esa persona en su vida.

¿Cuántos casos de exorcismo han atendido?

El equipo de sacerdotes que estamos trabajando en esto no tenemos dedicación exclusiva ni mucho menos, pues somos párrocos, tenemos otros trabajos y otros ministerios y otros asuntos. Por tanto, los casos que nos llegan son muy reducidos y los casos en donde realmente entramos a hacer una oración porque realmente se necesita se cuentan con los dedos de una mano, son cosas muy puntuales. A lo largo de los seis años que llevo con licencia hemos atendido a unas seis personas, dos de ellas han tenido liberación inmediata, otras dos han desistido y dos más han tenido liberación tras unas oraciones que hemos realizado a lo largo del proceso.

¿Cómo fue su camino particular hasta que tuvo la licencia como exorcista?

No estaba en mi rango de intereses o de prioridades, de hecho, como una pequeña anécdota familiar, a mi padre le gustan mucho las películas de miedo. Entonces yo he visto bastantes películas de miedo con mi padre, pero las únicas películas que no veía eran precisamente las que tenían que ver con el tema del exorcismo, más que nada por mi sensibilidad religiosa, aunque si es un tema que he respetado muchísimo. Yo no me ordené sacerdote pensando en hacer esto, pero he llegado a esta labor por un sentido de la obediencia y de la lealtad, el obispo dirige la diócesis y yo intento, en la medida de lo posible, hacer las indicaciones que se me dan.

En el día a día los creyentes tienen muy presente el concepto del bien y de Dios, pero ¿referente al mal y al maligno?

Eso a mí me ha tocado mi experiencia como sacerdote, porque hay mucha gente mayor que ha tenido en algún momento determinado una experiencia de la predicación muy centrada en el mal, en el peligro del pecado, en la posibilidad de la condenación, el infierno y el diablo. Esos elementos que forman parte de la fe podían impresionar mucho a la gente o estar más presentes. Yo creo que se da una especie de ley del péndulo, ese concepto del mal antes era muy relevante en las predicaciones y ahora prácticamente no se habla nada, sigue en el catecismo, se sigue instruyendo en esas verdades de fe, pero en el día a día no se tiene presente.

¿Qué hay de verdad y de ficción en la representación cinematográfica del ministerio?

En el mundo cinematográfico hay aproximaciones que son bastante acertadas desde el punto de vista de lo que puede llegar a ser la experiencia de alguna sesión de exorcismo más dura. El canon clásico de las películas empieza con la película «El Exorcista», que dentro de lo que cabe, podría ser una película que respeta bastante bien el ministerio en situaciones muy extraordinarias, con algunas licencias evidentemente.

¿Hay personas más vulnerables a la acción del malingo?

Puede pasarle a cualquiera, a veces no se trata tanto de que hagas una cosa en concreto, pero sí que es cierto que hay situaciones en las cuales pues digamos tienes «puertas abiertas». Esto son circunstancias en tu vida con relación con los siete pecados capitales que dejan las puertas abiertas a la acción del maligno. Aquí no hay un misterio particular, si tú tienes grandes rencores, odios en tu vida, eso es una circunstancia que te puede debilitar, hacerte más manipulable frente al maligno. Si manipulas la vida de las personas, no las respetas, una sexualidad desenfrenada, desordenada, el desprecio por la dignidad de otras personas, el espiritismo para dominar espíritus o conocer el futuro, así como dejarte imponer las manos por técnicas supuestas de sanaciones orientales puede a veces suponer peligros y daño para la persona.

¿Hay diferentes niveles dentro de la acción demoníaca?

Efectivamente, la acción del maligno varía. Puede ser simplemente lo que llamaríamos una vejación, es decir, una especie de acción exterior en la que la persona es humillada y su vida es inexplicablemente desordenada de muchas formas, nada le sale bien, incomprensiblemente todo se le viene abajo. El segundo grado sería la obsesión, cosas que no te dejan en paz, no te dejan tranquilo y después de examinarlo no tienen sentido ni explicación pero te quitan muchísimo la paz. Por último vendría lo más clásico por la cultura cinematográfica, lo que propiamente se llama posesión. Esto es un mal que se anida, como una especie de infección dentro de ti que intenta hacerte la vida imposible con malestares y enfermedades inexplicables. Los casos que hemos tenido en Cuenca han sido un poco más intermedios, gracias a Dios la necesidad de este ministerio es más limitada y experiencias extremas de ese tipo tampoco hemos tenido. Pero uno tiene que estar preparado también para no dejarse impresionar y seguir hacia delante con la oración, que eso es lo que la gente necesita.

¿La intromisión demoníaca únicamente se limita a las personas o también puede afectar a personas y cosas?

La vejación, esa acción exterior, externa del maligno, puede también darse con objetos o cosas. En el contexto europeo se ha reactivado este tipo de recurso espiritual por la introducción de cosas que provienen de la santería de culturas africanas o caribeñas, aunque no hay que irse muy lejos, también nosotros tenemos nuestra cultura alcarreña de los males de ojo. Estos objetos se convierten en herramientas con las que intentar hacer daño a otras personas. También hay que bendecir lugares dentro del capítulo de la vejación que es externo a la persona. El ritual en estos casos varía y está más adaptado con una bendición acompañada de alguna oración de tipo exorcista, donde te diriges al maligno si estuviese teniendo algún tipo de influencia en el lugar o el objeto. Nosotros intentamos complacer a la gente en la medida de lo posible, dando algún consejo o consuelo espiritual. Hemos ido a bendecir alguna casa en alguna ocasión, pero no ha habido nada extraordinario cuando hemos hecho la bendición de la casa y normalmente la gente una vez que la casa está bendecida no ha vuelto a recurrir a nosotros. Nuestro ámbito de acción no ha sido muy relevante en ese sentido.

¿Existe alguna acción preventiva contra el maligno?

Esto no es magia blanca, es decir, la gente no puede acudir a que le hagan un conjuro, una oración, o algo que contrarreste, esto no funciona así. Tienes que tener una implicación personal en esto, y lo primero es rechazar el pecado en tu vida. Si hay un elemento en tu vida que está desordenado, que no es correcto, que no es conforme a los diez mandamientos, no por debilidad, sino por terquedad, debes lleves una vida cristiana coherente a pesar de las fragilidades personales. Ese es el método preventivo primero y principal. Una de las cosas que a mí me ha dado la experiencia de este ministerio es que no hay que tener miedo, muchas veces el maligno se sirve de nuestra ignorancia, nuestro miedo, y es como una sombra agigantada en la pared. Parece que es un monstruo de unas dimensiones inconmensurables. A mí como sacerdote y como cristiano, el ministerio del exorcismo me ha ayudado mucho a darme cuenta de que el demonio es una criatura angélica rebelde, no es el anti Dios, no es esa imagen de poder desbordado frente al cual solo nos queda el miedo. El maligno, ya lo dice el dicho castellano, es más, sabe más por viejo que por diablo, entonces juega con nuestros miedos y nuestra ignorancia. Saber esto para mi ha sido un «subidón en la fe», me he dado cuenta de que Dios es Dios y frente a Dios nada se resiste.