08/11/2016 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Niños Optimistas de Martin E.P. Seligman

Éste es el prometedor título del último libro que me he leído. Bueno, en realidad que aún me estoy leyendo, porque he de confesar que se me está haciendo un poco cuesta arriba, ya que describe con detalle todo el proceso de investigación subyacente a las conclusiones, las que sin duda sí me han parecido muy interesantes desde el minuto cero. Por eso esta entrada se ha hecho esperar, pero ahí van.

En primer lugar podríamos identificar las hipótesis contrastadas que sirven de base a la propuesta:
- La depresión está directamente relacionada con el pesimismo.
- A ser pesimista o, por el contrario, optimista se aprende.
- El optimismo actúa como vacuna contra la depresión, mejorando así nuestra calidad de vida y nuestro estado de salud.

Ante esas afirmaciones, no pude hacer otra cosa que leerme el libro, porque si el optimismo se aprende, podremos como educadores enseñar o al menos facilitar a nuestros hijos y alumnos su aprendizaje, ¿no? Además, el número de casos de  depresión infantil y adulta va creciendo de manera alarmante año tras año, y resulta que podemos hacer algo para evitarlo. Se ha de reconocer el papel que la genética puede jugar en las dimensiones de nuestro carácter, pero en este libro se nos muestran evidencias de que no es tanto nuestros genes los que terminan que seamos más o menos optimistas- pesimistas, sino las experiencias de éxito- fracaso vividas y el patrón o modelo explicativo aprendido de los adultos, jugando un papel relevante los padres y otros educadores (profesores, entrenadores, etc.).

¿Qué es eso del estilo explicativo? Constituye la base del rasgo psicológico del optimismo y hace referencia a la explicación que damos las personas a los sucesos que nos pasan, sean éstos buenos o malos. Para valorar nuestro estilo explicativo hemos de atender a tres dimensiones: duración (permanente vs. transitorio), alcance (específico vs. global) y personalización (externo vs. interno). En este sentido, no es que se proponga una definición exacta del estilo explicativo ideal, más bien se trata de ser conscientes de estas tres dimensiones y ser capaces de elaborar una explicación realista, responsable, balanceada y equilibrada a lo bueno y lo malo que nos pase. De hecho en el libro se analizan diferentes respuestas y se hace una crítica del “pensamiento positivo” actualmente muy de moda, algo superficial que se basa en meras visualizaciones o repeticiones de frases positivas y automotivadoras que carecen del apoyo psicológico necesario para realizarlas; eso ayuda pero por sí solo no es suficiente. Así como tampoco es adecuado enseñar a los niños a eludir responsabilidades, eludiendo siempre a causas externas para explicar nuestros fracasos. (Quizá esto da para otra entrada porque tiene mucha miga, ¿qué opináis?)

Por otro lado, también se hace especial hincapié en la repercusión tiene vivir la “experiencia de dominio” para poder desarrollar una autoestima equilibrada y ajustada para llegar a ser personas optimistas. Así, debemos procurar un ambiente en el que nuestros hijos y alumnos puedan experimentar situaciones de éxitos y no sólo fracasos detrás de otros fracasos. Esto enlaza de manera evidente con otro aspecto del que los educadores hemos de estar pendientes: las expectativas de logro y la definición adecuadas de metas y retos.

En el libro además de abordar con más detalle y profundidad  todos y otros conceptos implicados en este campo, se presenta el Programa de Prevención Infantil llevado a cabo en colegios y con familias de diferentes zonas de EEUU, y aunque los cuentos y actividades planteadas requerirían de una adaptación a la cultura y contexto de nuestro país, sí que he podido sacar ideas para tratar de aplicarlas en mi vida diaria como madre y maestra. Por ejemplo, ahora soy más consciente y selecciono con cuidado no sólo las formas, sino también las palabras que elijo a la hora de corregir a los niños, tratando de no caer en un estilo explicativo inadecuado, permanente, global e interno. No es fácil, pero es que educar es todo un arte…


 

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