05/01/2016 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
A propósito de propósitos

Los que nos dedicamos a la enseñanza tenemos la suerte de celebrar algo así como dos “años nuevos”. Uno en septiembre (como ya creo recordar que comentamos en un post) y otro en enero, el que estamos compartiendo en estos momentos. Digo suerte porque realmente creo que ese espíritu renovador y regenerador es como un soplo de aire fresco, la carrerilla que puede lanzarnos a ganar la carrera del curso escolar, o, como es el caso, del nuevo año que estrenamos.

Hay personas que ven en esto de los propósitos mucha incoherencia e hipocresía, vanas palabras que nunca se llegan a cumplir. Sin embargo, yo creo que son una oportunidad más que podemos poner a nuestro servicio como educadores, ya que tienen bastante potencial. La clave está, en mi opinión y por mi experiencia personal, en saber definirlos correctamente. Por ejemplo, creo que una de las causas de incumplirlos no es tanto la falta de voluntad sino la falta de concreción. Si yo digo “este año voy a leer más” pero no concreto el cómo ni cuándo, es difícil mantener ese compromiso, aunque sepas que es beneficioso, o incluso, aunque adores leer. Será más fácil cumplirlo si concretas: “voy a leer todos los días antes de dormir”, “voy a leer al menos un capítulo los fines de semana”,… Eso ya cada uno como mejor se organice, pero concretando cómo y cuándo. Aprovecho para compartir, por si os sirve, el propósito que sobre este tema me planteé yo para el 2015 y puedo decir muy satisfecha que he logrado cumplir por fin un propósito de Año Nuevo: leer cada día un poco antes de dormir (bastaba con una página, pero había que abrir el libro por lo menos) y que alternaría un libro de ocio, por así decirlo, con otro de interés profesional, pero no los dos simultáneamente, sino ir alternándolos conforme los terminaba. Os aseguro que he leído un montón.

Un propósito realmente necesario y bien planteado no exige grandes dosis de fuerza de voluntad, ya que conforme lo vas cumpliendo te vas motivando, te sientes bien, satisfecho, notas la mejoría en tu día a día y lo incluyes en tus rutinas.

Otro aspecto a tener en cuenta es el número de cosas a proponerse. A veces, hay tantas cosas que queremos mejorar que no priorizamos y tratamos de intentar llevar a cabo todos los propósitos de golpe. Ante esto, yo he optado por dos posibles alternativas: priorizar y seleccionar dos o tres propósitos para todo el año, o según cómo sean éstos, elegir uno o dos para todo el año y otros planteármelos por meses (mensuales, trimestrales, según veamos lo que nos cuesta asimilar un propósito y convertirlo en un buen hábito).

Además, también me resulta bastante enriquecedor plantearse propósitos también colectivos, como familia, con nuestra tutoría o grupos a los que demos clases. Sería bueno que se planteasen entre todos y que de alguna manera ideemos una forma de hacer un seguimiento, ya que a los niños, bueno, y a los adultos también, nos ayuda ver cómo vamos progresando en su cumplimiento. Trasmitir ese deseo por tratar de ser mejores y aprender será una gran herramienta para crecer como personas a lo largo de su vida, para ir sacando poco a poco lo mejor de nosotros mismos.

Para terminar, os dejo una idea que leí hace unos días y que curiosamente tiene que ver con el artículo que abría el año 2015 del blog: el valor de saber ser agradecidos (por educación y por desarrollo personal). Se trata de coger un bote vacío, ponerle un letrero en el que ponga “Buenos momentos 2016”, “Cositas buenas” o lo que se nos ocurra, y ponerlo en lugar visible y accesible para todos los implicados en la propuesta. Cuando nos ocurra algo bueno, o al finalizar el día o la clase, escribiremos lo positivo que nos haya pasado, no tienen por qué ser cosas extraordinarias, también valen pequeños detalles que nos hayan sacado una sonrisa, o nos hayan servido de ayuda. De vez en cuando, cuando haya algún problema o dificultad, podremos echar mano del bote y comprobar todo lo bueno que hay en nuestro día a día. Al finalizar el año o el curso, se podrá hacer un mural, o un librito que recoja todas esas buenas experiencias. Además, al tener que ser conscientes de lo bueno que nos pasa, será más sencillo darse cuenta y agradecérselo al que tenemos al lado. Estoy segura de que nuestro bote del 2016 y el vuestro estará a rebosar. ¡Feliz Año!

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