27/11/2015 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
A preguntas complicadas respuestas sencillas

Esta semana tuve la suerte de compartir un rato muy especial con padres y algún que otro  maestro del colegio La Milagrosa. Este centro organiza una escuela de familias que ofrece mensualmente charlas y talleres prácticos, a cada cuál más interesante. La sesión de ayer inauguraba este nuevo curso de la escuela de familias y la verdad es que me fui con la agradable sensación del que comparte y aprende, y además disfruta haciéndolo. Por eso, he querido también tratar el tema con vosotros.

En un primer momento, el tema que me fue encomendado estaba centrado en la sexualidad infantil, orientado a cómo tratar estos temas con nuestros hijos, pero tras darle varias vueltas llegamos a la conclusión de abrir el campo a todos aquellos temas que nos resultan complejos, incómodos o que de alguna manera no sabemos cómo responder, tanto a nivel de contenido como de forma. Aun así, yo llevaba preparadas varios recursos que podían ser útiles sobre niños y sexualidad, pesando que sin duda éste sería uno de los temas que saldrían a relucir. Y ahí llegó la primera sorpresa: prácticamente al comenzar la sesión les pedí a los padres que escribieran en un trocito de papel y de forma anónima la pregunta de sus hijos a la que más temían, más respeto les daba o más complicada que les habían hecho ya o que creen que tarde o temprano harán. Doblamos los papelitos y los metimos en una caja para enfrentarnos a ellas una vez compartidas diferentes herramientas y recursos que, de un modo general, sea cuál sea el tema, nos pueden ayudar en la comunicación con nuestros hijos, en estas conversaciones tan importantes. Llego el momento de abrir “la caja de pandora” y resulta que de todas las preguntas que salieron a relucir sólo dos eran sobre sexualidad. En cambio, hablamos todo lo largo y tendido que pudimos sobre la muerte y lo que hay después de ella, el alma, las emociones, la bondad, la maldad, etc. Y a mí me pareció fabuloso, no porque no quisiera hablar sobre alcohol, tabaco, drogas o sexo, sino porque esas inquietudes de los padres reflejan de alguna manera una implicación emocional con sus hijos, que a veces, con lo gris que vemos todo, nos puede haber pasado desapercibida  o infravalorada. Y ahí está, por encima de todo, el deseo de que sus hijos se sientan seguros, amados, protegidos y que sean felices, que aprendan a dar valor a la vida, que sean buenas personas y que vayan más allá de lo material o superficial.

No quiero extenderme más con esto, pero me ha parecido que no nos vendría mal un sorbo de optimismo, aparte de compartir algunas de las herramientas que pueden ayudarnos  a la hora de enfrentarnos a una pregunta de ésas que pueden hacernos sudar la gota gorda.

Lo primero que tenemos que tener presente es valorar de forma muy positiva que un niño o adolescente (hijo, alumno, sobrino, etc.) acuda a nosotros con una pregunta complicada, de ésas que no se formulan con facilidad y que, al menos en principio, no se hacen a cualquiera. Reforzar positivamente el hecho que nos hagan preguntas facilitará que vuelvan a acudir a nosotros con otros temas y conforme vayan creciendo. Por eso es importante que les hagamos sentir cómodos, valorados, respetados y que, por supuesto, se lleven resueltas sus dudas, obtengan una respuesta adecuada a su edad, pero que sea cierta y útil. En base a esta idea identificamos en primer lugar lo que no se debe hacer: escandalizarse, juzgar, cambiar de tema, escurrir el bulto o pasar la “patata caliente” (“eso pregúntaselo a tu madre”, si te lo preguntan a ti, tú eres con quien necesitan hablarlo aunque no te sientas el más preparado), aplazarlo de forma indefinida (“ya lo sabrás cuando seas mayor”), sermonear, regañar, responder con otra pregunta (el típico - “Mamá, ¿por qué…? ¿qué es…?; - ¿Y tú por qué quieres saberlo? No habrás…”).

Si bien, es cierto que puede suceder que no sean el momento y lugar adecuados y que haya que posponer la conversación al llegar a casa, cuando estemos todos o incluso hasta el fin de semana. Pero hay que buscar y propiciar ese momento cuanto antes. También puede pasar que necesitemos asesoramiento para dar una respuesta adecuada a su edad, pues busquémoslo para poder responder de la mejor manera lo antes posible (hay páginas web muy buenas, preguntadme si os interesa; también se puede contar con  los orientadores de los centros, así como otros recursos a los que acudir). Y una vez en faena, mantener la calma, la naturalidad, ser respetuosos y mantener el diálogo. Sus preguntas llevarán a otras preguntas que precisamente nos irán aportando información sobre lo que realmente quieren y están preparados para saber.

La comunicación es una herramienta fundamental en la educación de nuestros hijos y alumnos, y es algo que se aprende y se puede mejorar a lo largo de la vida, que sea parte de la relación con ellos. Seamos ejemplo de buenos comunicadores, no sólo creadores de monólogos, entrevistadores, detectives o jueces. Seamos conversadores, emisores y receptores. Sólo así, podremos transformar preguntas complejas en respuestas sencillas y enriquecedoras, educativas al fin y al cabo.

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