29/06/2016 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Escuelas creativas de Ken Robinson

Tal y como me propuse y así he venido haciendo durante este curso, hoy quiero compartir con vosotros el último libro de temática educativa que he leído: Escuelas Creativas de Ken Robinson. Lo primero que he de decir es que, a diferencia de El Elemento, obra del mismo autor y que recomiendo con entusiasmo, este libro es más pesado y duro de leer, quizá mis expectativas eran demasiado altas o al menos esperaba un planteamiento algo más novedoso, práctico y conciso que pudiera explicar desde ya en mi día a día.

No obstante, sí que encierra ciertos “tesoros” en forma de ideas, anécdotas y experiencias reales llevadas a cabo en escuelas inglesas y norteamericanas que pueden servirnos de inspiración. Además, para aquellos que no sean profesionales de la educación pero que se sientan interesados por estos temas o busquen convertirse en familias creativas o en personas creativas, les será fácil encontrar la aplicación adaptada a su propósito.

Este libro es ante todo, una llamada al cambio, a repensar y reinventar los sistemas educativos, las escuelas y las aulas. Esa llamada no va dirigida sólo a los políticos o dirigentes de altas esferas, ni tampoco es una llamada exclusiva o especialmente dirigida a directores de centros educativos, sino que la hace extensa a todos los que componemos la comunidad educativa, y ahí, por supuesto estamos incluidos estudiantes, padres y profesores. Hemos de ser parte de ese cambio, agentes de cambio, para lo que el autor nos habla de la necesidad de tres formas de discernimiento: “una crítica de la situación actual, una visión de cómo debería ser y una teoría transformadora para pasar de una a otra” (p. 23). Es decir, basta de excusas, ya sabemos que las condiciones no son las ideales, siendo muy críticos, podrían no ser ni buenas, pero una vez que pisemos el aula, en mi familia, con mis compañeros, hay mucho que está en mi mano. Y basta también de dar palos de ciego, ¿tenemos esa visión, sabemos dónde queremos llegar? A esto, aún ando yo dándole vueltas… Y demos un paso más, no nos estanquemos en la crítica, ni en esa visión utópica que aun sirviendo de empuje y motor, es insuficiente, ¡articulemos el cambio!

Os decía que yo sigo dándole vueltas a esa visión, de tener claro cómo debería ser el sistema educativo, nuestros coles, nuestras clases, nuestros hogares. Y sobre este asunto, Robinson, también nos aporta su visión, a mi parecer bastante enriquecedora e interesante, al hablarnos de los cuatro objetivos fundamentales de la educación: personal, cultural, social y económico; los cuales desarrolla y justifica ampliamente a lo largo del libro. Además, enlaza todo este tema con una de sus mayores aportaciones: “el elemento”, asumiendo que una de nuestras responsabilidades últimas como maestros es capacitar a los alumnos para que conozcan sus talentos naturales y puedan realizarse como individuos y convertirse en ciudadanos activos.

Otra de las aportaciones que me gustaría destacar es su analogía de la educación con la agricultura orgánica, la cual estaría basada en cuatro principios fundamentales: salud (búsqueda del desarrollo integral del individuo), ecología (interdependencia de todos los aspectos del desarrollo en el individuo y en el conjunto de la comunidad), justicia (búsqueda y cultivo del potencial de todos y cada uno de nuestros alumnos) y cautela (buscando condiciones óptimas para alcanzar ese desarrollo del individuo).

Robinson también aboga por un aprendizaje competencial, pero le da una vuelta al asunto. Estas son las competencias que las escuelas deberían facilitar a sus alumnos para que tengan éxito en la vida: curiosidad, creatividad, crítica, comunicación, colaboración, compasión, calma y civismo.

Sobre estos ejes que he comentado, Robinson articula su propuesta y los conecta con  los diferentes elementos del proceso educativo: la metodología, el rol del profesorado, la organización escolar, la evaluación, los contenidos a enseñar, etc. Se trata de una reflexión, rica en ejemplos reales, experiencias concretas que han funcionado en otros contextos pero que pueden servirnos de inspiración cuando reanudemos nuestra labor en septiembre. Ahora es tiempo de descansar, leer, pasear,   y… ¿desconectar? Creo que nunca lo hacemos del todo, seguiremos soñando con una escuela mejor, creativa, que nos ayude a todos a encontrar nuestro elemento…

¡Feliz verano! A la vuelta, más y mejor.

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