23/01/2014 Relatos de Víctor M. Parreño
Víctor M. Parreño
Víctor M. Parreño
El paso de las horas

De mirada curiosa y pelo liso, como el curso de un rio que se desgasta y espera llegar al mar. Cabeza agachada que busca los conocimientos necesarios para comenzar su vida. El esfuerzo, el dolor, el aburrimiento o el propio ruido no conseguirán distraerla.
Una botella de agua es su única compañera, su mente está dispuesta para enfrentarse a una tarde dura, otra de ellas. Los hombros se tornarán y combarán como la corteza de un árbol envejecido bajo el peso de las horas.

El lugar elegido para su combate contra sí misma está abarrotado. Un constante murmullo le dificulta la concentración, la incomodidad de su asiento se hace patente enseguida,  bajo la mirada de un respaldo demasiado duro y un asiento excesivamente bajo.

Piensa en descansar, en tomar un pequeño receso que aclare sus ideas y le ayuden a comenzar otra vez, con más fuerza. Todo lo que se abre ante ella se plantea novedoso y complejo. No consigue recordar de donde han nacido todos los conceptos nuevos, pero irremediablemente tiene que adquirirlos.
Una idea tras otra arrasan en su cabeza, el hilo de sus pensamiento se tornarán lento y tedioso con cada minuto que pasa. El tiempo es su gran enemigo, con sesenta largos segundos, seguidos de días siempre cortos, y nunca suficientes.

Con un movimiento compulsivo y espontaneo hace que su espalda se retuerza hacia atrás, llevando su cabeza por la inercia. El lento, lentísimo paso de las hojas se añade al peso de su mano cansada de escribir, repasar y subrayar.
Los pies comienzan un pernicioso movimiento y golpeteo sobre el suelo, mientras por primera vez mira el reloj, han pasado dos minutos. La conclusión no se hace esperar en sus labios.

- Va a ser una época de exámenes muy larga

Comentarios
comments powered by Disqus