09/01/2014 Relatos de Víctor M. Parreño
Víctor M. Parreño
Víctor M. Parreño
Ladrón, capítulo 1

Destreza, rapidez, agilidad y manos pequeñas, estas son las cualidades que llevan a un ladrón a sobrevivir más allá de la adolescencia. El joven de pelo rojo como el fuego estaba sentado en una azotea de la gran ciudad, capital del imperio. Todavía no se atrevía con el barrio rico. Pero las oportunidades que el mercado de los burgueses ofrecían para alguien tan hábil como él eran enormes.

Aprendió su oficio por la obligación que impone el estómago, lo mejoró y llegó a la maestría a través de las manos cortadas de sus amigos, pocos de ellos quedaban. Solo los mejores se hacen mayores cuando te ganas la vida quitando baratijas a los demasiado ricos y despreocupados por ellas.

El día resultó magnifico, con dos monedas de plata herrumbrosa y una bolsa mediana, robada al primer objetivo importante en varios meses. Cuando el pequeño ladrón vio un hombre despreocupado, con una túnica negra de ribetes rojos y la bolsa a la vista, supo que tendría una comida caliente esa noche. Los años le habían enseñado los riesgos de robar a los magos, y los beneficios de hacerlo a los que solo querían parecerlo.

Recontó sus monedas y sopesó las cosas que podría comprar con ellas. Ropa para el invierno, una botas nuevas, tal vez una pequeña daga. Hizo saltar en su mano la bolsa del presunto mago, al descubrir su peso real la abrió lleno de expectación, solo había una pequeña caja de madera. Antigua y tallada, pero madera, ningún cambista le daría nada por ella. Cuando intentó abrir la caja, un golpe en su hombro le dejó paralizado.

- Si la abres no habrá vuelta atrás- llevada por el viento y profunda, la voz consiguió helarle la sangre- todo cuanto conoces cambiará para siempre.

Al girarse vio al extraño de túnica negra y roja, con unos ojos tan oscuros como la noche. No tenía miedo, al fin de cuentas no había nada que perder. Abrió la caja. Una sonrisa pareció asomarse a los labios del adulto.

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