16/12/2013 El tocadiscos de Aníbal
Aníbal Gómez
Aníbal Gómez
“La gente está diciendo por ahí”

Desde hace unos años los jóvenes de nuestro país asimilan como algo normal en las producciones de los discos de los grupos de moda las bachatas, las cumbias piuranas, el pop latino, los vallenatos, las batucadas, el reggaeton, las pachangas, el tropicalismo mal entendido y hasta otras influencias más dolorosas como la Champeta. Todas ellas juntas conformarían algo así como el hilo musical del infierno.

Desde este recién inaugurado blog que no pretende adoctrinar a nadie y sí pretende entretener al lector, hablaré de aquellos grupos de música, canciones, discos y conciertos irrepetibles que me han dejado huella. Quien busque reflexiones objetivas deberá gastar su tiempo en otro lugar. Si por el contrario sois valerosos, tenéis ganas de divertir vuestro intelecto con mis contradicciones, avergonzaros de mi pasión desmedida por las cosas que me hacen vibrar y llevaros las manos a la cabeza cuando intente arengar a los lectores con mis críticas despiadadas a las cosas que me producen urticaria (y que a ellos deberían producirles también), entonces os aconsejo leer esta sección.

Confieso también que no me gusta perder el tiempo hablando de lo que no me    gusta. Hoy no es el día, por ejemplo. Pero también quiero que sepáis de qué pie cojeo por si alguien espera leer en este blog elogios a Juan Magan, Cali & El Dandee o Henry Mendez (“loco pensando en que llegue el fin de semana para ver a esa chiquilla la que cautivó mi alma, boquita dulce, mi niña loca, besar tu boca es todo lo que me provoca”)

Una vez advertidos, a partir del próximo día os hablaré de cosas bonitas, de discos míticos, de músicas que agitan el alma y que nos hacen ser mejores personas. Y no es que los estilos mencionados arriba en su pureza primaria tengan menos decencia que el pop, el rock o el tecno. Es la inquina con la que un montón de productores musicales los han utilizado para revestir unas canciones demasiado pobres en su conjunto, demasiado ingenuas y harto cómicas en su espectro literario. Me cuesta pensar que mientras las están trabajando en el estudio no se estén partiendo de la risa.

¡Con lo bien que nos han sentado siempre las influencias anglosajonas musicales en nuestras fronteras! ¿Os acordáis cuando en nuestra adolescencia nos rebelábamos contra el sistema y contra lo que nos decían nuestros mayores llevando por bandera el “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana? Qué triste es comprobar ahora que las listas de reproducción de los adolescentes estén llenas de congas, cencerros, timbales, maracas, sonajas, ocarinas, rondadores, palos de lluvia, flautas de agua, acordeones y otros instrumentos que hace dos décadas solo parecían oírse en verbenas u otros lugares de música especializada y selecta. Cruel broma del destino. Lo que antes era hortera y risible para los jóvenes y estaba asociado a nuestros carrozas, ahora es la banda sonora de cualquier botellón.

 

 

Hablando de dudosa calidad musical. Ha llegado el momento de mi primera lapidación. Hace unos años Ramón Orlando, líder de Los Cantantes se llenó los bolsillos con su tema “El Venao”. Los teclados-trompetilla se impusieron en las plazas de los pueblos de toda España. No se qué tenía esta canción que me hacía gracia, con esa melodía tan mántrica. Tal vez sería que era un merengue más o menos puro, que no había sido cortado con otros estilos. Pongo este ejemplo para que podáis usarlo siempre que necesitéis recordarme que no estoy en posesión de la verdad absoluta, y que porque a mí me guste algo no significa que sea bueno. También para que podáis reíros de mi, así sin más. Ahí lo tenéis, en bandeja. En realidad me hacía gracia, pero jamás figuraría en la lista de mis canciones favoritas (intento justificarme preso de la vergüenza).
De lo bueno ya iremos hablando. De las canciones y discos que quiero compartir. Os las iré contando. Las iremos cantando.

 

 


 

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