28/10/2018 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Gaviotas amarillas.-Elena Sáiz Sepúlveda.-Ediciones Atlantis

Dicen los entendidos que la gaviota  es símbolo de libertad, el tótem ideal para marineros, poetas y artistas; que el  color    amarillo serena y anima. Que el amarillo es el color  propio de los optimistas.    
También es el color principal de la amabilidad,   del gozo de vivir, de la actividad y de la energía. El amarillo reluce como un relámpago y esto lo hace el color de lo espontáneo y de la impulsividad.
Solo falta unir las dos palabras para darle título a un libro que destila por los cuatro costados un ansia de libertad creativa y gozo supremo del arte literario, pictórico y musical:

“El color amarillo es muy importante para mí; me da fuerza, me da vida, siempre llevo algo amarillo conmigo. Por ejemplo, hoy, en mi bolso, llevo una piedra pintada de amarillo". Son palabras de una de las protagonistas de “Gaviotas amarillas”, libro singular por el ambiente literario que rezuma a lo largo de sus páginas, olor a tertulia, a poemas declamados, a cuadros, a bohemia parisina, artistas, pintores, literatos y sobre todo la voz de la mujer que se alza poderosa reivindicando el derecho a compartir la creación literaria con  los hombres.

Se advierte en la obra claras referencias al Romanticismo, la autora   revive personajes literarios muy importantes de esa época: Juan Eugenio de Hartzenbusch, Washington Irving, José de Espronceda, José Zorrilla, Gustavo Adolfo Bécquer, en clara camaradería con una distinguida pléyade  de escritoras: Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, Carolina Coronado, Robustiana Armiño, Faustina Sáez de Melgar  y la omnipresente Gertrudis Gómez de Avellaneda, adalid de la mujer escritora y prototipo del romanticismo español:

“Envejecida a los treinta años, siento que me cabrá la suerte de sobrevivirme a mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insignificante para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras”.

Entre tertulia y tertulia, viajes y lances amorosos, Elena Sepúlveda   pone al descubierto temas de gran importancia, no solo en el siglo XIX, época en la que está ambientada la novela, sino que son de la más absoluta realidad actual: entre los que cabe destacar  la homosexualidad en sus dos vertientes, masculina y femenina,  la lacra de las   adiciones, situación política convulsa  y sobre todo el machismo atroz de la época:

“Tenemos que escondernos desde niñas para poder leer y escribir”

El leimotiv de la obra es sin duda la reivindicación de la mujer que pide a gritos abrirse paso en la sociedad dominada por el hombre. No sería hasta el año  1978 cuando la mujer, en la persona de Carmen Conde fuera elegida por primera vez académica de número de la Real Academia Española.

Como forma artística literaria Elena ha elegido el tiempo presente en toda su obra, dándole a la misma un carácter  fresco y continuo haciendo  evolucionar a sus personajes en un escenario cuasi teatral, en un  diálogo progresivo que da paso a los  personajes secundarios. Utiliza la sorpresa contenida como recurso, centrada en el personaje misterioso que galantea asiduamente a Gertrudis y cuya identidad sorprendente solo se revela al final, como asimismo el lector  encontrará en las últimas páginas  un desenlace amoroso inesperado. Quedando la novela abierta en total libertad, sin normas clasicistas de desenlace obligado.

“Gaviotas amarillas” es una  invitación a leer las obras de los autores mencionados y sobre todo la de Gertrudis, atormentada en su búsqueda vital,como nos dice ella misma en uno de sus poemas:

Yo como vos para admirar nacida,
yo como vos para el amor creada,
por admirar y amar diera mi vida,
para admirar y amar no encuentro nada.

Gaviotas amarillas” es la primera obra en prosa de   Elena, en la que revela veladamente sus grandes dotes literarias   poéticas en estos sencillos y proféticos versos:

Mañana la lluvia será alegre,
el cuenco de mis manos
convertirá su tristeza en alegría

Buenos días, Elena, sigue ofreciendo el cuenco de tus manos para  que en ellas aniden nuevas obras, libres y alegres gaviotas. 
 

 

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