20/06/2018 Boulevard literario conquense
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
Boulevard Literario Conquense: Batalla blanca

Batalla blanca.-Paz López.-Editorial Adarve

Elegir el título de su obra es para el autor cuestión capital   que  puede  decidir el destino de un libro. Batalla blanca, tan solo dos  palabras, denota inteligencia sutil  para condensar una totalidad abrumadora y envuelta en la penumbra de un paraíso habitado por amor y   desamor en continua lucha. Título de contrarios, convivencia  de dos realidades contrapuestas, anticipo de lucha interna, autora atrapada en una encrucijada vital, metáfora  exquisita, porque las batallas blancas no existen, pero sí el color blanco en las batallas, el color de la paz de quien prefiere parlamentar y no derramar sangre inútilmente.

Figuras retóricas

Tesis…antítesis…síntesis…reto de Paz López al mundo literario con una obra singular cuya forma aparece estructurada    en canales poéticos bien delimitados, destacando el uso   de la prosopopeya, exposición permanente de  bellas metáforas, donde la naturaleza puede tomar forma humana, donde   el  sol es capaz de tener hijos difusos y juguetones

-Uno de ellos, el más atrevido posó sus labios en los míos y me besó…

El espejo puede llorar:

-El espejo vertía las lágrimas de aquel rostro oculto tras el vaho…

El viento dar bofetadas:

-Fue entonces, la bofetada del viento la que me dio los buenos días.

O arrullos  dulces, refiriéndose a las hojas:

Justo antes de transformarse y mezclarse con la tierra, el viento contra el que había luchado la mecía en un leve arrullo, haciendo más agradable su último viaje.

El sol de nuevo, convertido ahora en rey,  y las nubes en plebeyos:

-El sol, amable y sensual, el rey de los plebeyos que me despertó se ocultaba cobarde y callado detrás de los soldados grises…

El sueño se convierte en un dios:

-El sueño hizo su presencia; entró de puntillas, con aires de dios romano con la victoria reflejada en su rostro.

Los colores bailan:

-Los tonos apagados los veía ahora deslumbrar, bailaban en leve celosía el tierra siena con el rojo cadmio claro, mientras el prusia, el carmín de garanza y el blanco entonaban un dulce vals.

En una esquina, bajo una luz de neón, miraba celoso el marrón sucio.

Las heridas respiran:

-Ángel me había dejado una herida y esta, después de casi seis meses, todavía se podía oír respirar bajo mi piel.

Y la nostalgia se vuelve viajera:

-Necesitaba alejarme de todo aquello, pese a que la nostalgia viajase en mis maletas.

Sintagmas  poéticos y de fuerte plasticidad  van brillando por toda la obra, no en vano Paz se inició en el mundo literario con una obra poética:

-Aspirar tinieblas transparentes…

-Su mano era suave, tersa y firme en la justa medida; nada de dedos blandos que se deshacen como mantequilla.

-Con agua y lágrimas me lavé la cara.

-Sus ojos, un túnel oscuro con una luz al final del trayecto, me sonrieron.

-Utilizando mi cadáver vivo como lienzo, deslizó con suavidad los pelos de marta impregnados de pintura…

Decorado conquense

Como si nos llevara de la mano, la autora nos acompaña en un paseo  relajado por calles y lugares de Cuenca capital, rememorando rincones y  parajes entrañables que sirven de marco y decorado para la trama novelística de la obra:

Hoz del Huécar – Plaza Mayor – Carretería – Parque de San Julián- Calle del Agua- Río Huécar -   Almudí - Museo de Arte Abstracto - Casas Colgadas - Puente de San Pablo, etc…

Vocabulario

Destacan palabras  no corrientes como hipermimia, frotis, falafel… otras propias del argot artístico del arte pictórico  y algunas,   reflejo del habla popular y origen alcarreño, tales como  empero, ínterin, farfullar, noche de perros, matorral de brezo, gazuza y  restrangueros:

-Así llamábamos a las cuestas con poca vegetación que, arrasada por nuestro descenso insistente, acabábamos convirtiéndolo en un perfecto tobogán. 

Recursos narrativos

Destaca la reiterada utilización del flash back técnica narrativa que consiste en intercalar en el desarrollo de una acción pasajes pertenecientes a un tiempo anterior, utilizada para mostrar al lector la relación con Ángel, uno de los principales contendientes en esta batalla blanca que Lucía Noray, la protagonista, mantiene a lo largo de la obra:

-Una vaga imagen me visitó…navegué en mi mente y allí estábamos en el estudio una tarde de primavera…

Acierto es también la introducción y contacto con otros medios artísticos como la radio el cine y la literatura, que  revisten de movimiento e interés a la totalidad de la obra:

-Magazine radiofónico “Madrugadas contigo”

-Tierras  de penumbra (Film)

-Los recursos de la astucia (Pío Baroja)

De gran importancia, por el simbolismo reinante, es la frecuente alusión a las diosas de la  Mitología que la autora aplica a las mujeres amadas por  Lucía Noray. Por las páginas del libro desfilan  como arquetipos  clásicos femeninos Venus y Hestia/Vesta, en contraste con Anjara, nombre de la  diosa cántabra de la guerra y de la caza, prototipo de mujer valiente, libre e independiente y  la poetisa Safo, atormentada por un amor no correspondido,   muy querida y representada por los grandes pintores europeos del siglo XIX.

Tras todos estos prolegómenos formales nos adentramos ya en el tema central de la obra, el fondo, el contenido: la homosexualidad femenina que   Lucía Noray defiende una y otra vez   contra viento y marea:

-No es fácil ser mujer y amar a otra mujer en esta “sociedad tolerante”.

-Nosotros somos una raza distinta, un ser inferior, tan diferentes que precisamos de un día en el calendario.

-Formamos parte de las víctimas de las operaciones de limpieza social en algunos países y somos tema tabú en otros tantos.

Si  Paz López se hubiera quedado en una exposición más o menos novelada de esta sexualidad lesbiana  Batalla blanca habría sido otra obra más, sin embargo, la utiliza  para convertirse en el leimotiv de un engranaje literario que ella misma describe así:

Mi cabeza y mi corazón se batían sin tregua en una batalla blanca que parecía no ver fin, ese punto de luz que me  mostrase la salida y me ayudase a escapar de este cuarteto de apegos  y necesidades en el que me enredaba y enredaba a los demás a mi paso.

Este cuarteto de apegos y necesidades da origen a una lucha interior de la protagonista  por su condición homosexual  que se debate entre el rechazo de:

Su familia

Aparecen frases desgarradoras, fuertes, que sumen a la protagonista  Lucía en un gran desconsuelo:

-Vertí lágrimas sobre el cristal por una familia a la que quería tanto que me dolía verla.

-¿Dónde guardas ese beso milagroso que curaba todas mis heridas? ¡Mamá! ¿Qué fue de ti?

-Te quiero, sí te quiero y no importa que me rechaces por mi condición, eres mi madre y, por mucho que me desprecies, te seguiré queriendo.

-…cuando decidimos contárselo: mi madre, mi dulce madre, nos llamó guarras, nos echó de casa, de su vida; no quería volver a verme…

Su   primer gran amor

Para guardar las apariencias, en un principio su primer amor lésbico recibe el nombre de Ángel, que termina por abandonarla por otra mujer. Lucía nunca olvidaría a Ángel:

-Al otro lado de mi lecho no había sino el vacío, la nada, el frío exudado del amor que una vez más me dejaba perdida, con los pies cansados y la garganta seca.

-Se enamoró de otra mujer. Con lo cual ya no tenía mucho sentido que siguiésemos juntas; eso sí, Ángel desde el primer momento, fue muy sincera conmigo… – Ángel es una mujer, ¿sorprendida?

Su amor platónico

-Lo peor era ver a Irene y no poder decirle nada, disimular y mostrar una falsa sonrisa de complacencia….

-El amor se desvanecía como la niebla al salir el sol magnánimo y poderoso, convirtiéndose en sufrimiento y odio.

Ella misma hacia un amor secundario

Itziar, contraste literario más, a quien en el fondo envidia, por no haber sido rechazada por la madre, como ella lo fue en su día:

-No me importa con quién compartes tu cama. Solo quiero que seas feliz.

–Itziar  empezaba a padecer, sin saberlo, la indiferencia que me envolvía con su fina tela de araña, era partícipe de mi sórdido deseo hacia ella.

–La engañé, pero no sentía compasión por ella, al contrario, la envidiaba…

–…diosa que vigilaría constantemente el fuego del hogar. Eso representaba para mí Itziar: el hogar; la ama de casa perfecta…la fiel esposa a la que acabaría queriendo con los años…

Como consecuencia de los enredos mentales y sentimentales se forja en la obra un ambiente brumoso, poblado de fantasmas que azuzan la mente y el corazón de Lucía, sin darle tregua en la batalla incruenta.

Lucía puede ser calificada como uróboros femenino que se devora y alimenta de sus propios fantasmas a los que no puede echar de su  complicada vida sentimental:

-Los fantasmas seguían en mi alma, torturándome, metiendo su dedo en mi herida, infectando mis recuerdos y prolongando el suplicio inevitable.

-Los fantasmas me perseguían sin cuartel, respiraban el mismo aire que yo y lo convertía en un oxígeno difícil de respirar.

Como paradigma de esta bruma oscura y atosigadora que cubre gran parte del relato/diario íntimo destaca  el film Tierras de penumbra con sus palabras claves  “El dolor de entonces es parte de la felicidad de ahora”.

La clave del dolor es la interpretación de ese entonces, ya en el epílogo final, se mezcla de nuevo entre la bruma y el misterio una   interpretación del tiempo muy particular, dejándonos en la duda de una felicidad que será completa cuando ELLA llegue, o la felicidad actual basada en   el dolor antiguo, paraíso habitado por el amor, y enmarcado en el Cantábrico “ya no quiero estar en ningún otro sitio” , otra de las frases claves de la película nos hace pensar que Lucía Noray ha encontrado la felicidad, siguiendo la pista del epílogo desde la ventana al  mar  como si fuera un  cuadro que cuelga en su habitación recordándole el ayer, paisaje de tierras verdes con fondo montañoso y olor a sal.

Es aquí donde la autora hace un guiño al público lector dejándonos   entre la bruma de la incertidumbre ¿Quién es ella?

Ella, prototipo de la felicidad que vendrá en agosto, cuando las flores de la primavera ya estarán marchitas, la primavera que Lucía siempre odió, el verano como contraste, de nuevo el recurso del antagonismo…ella envuelta en dolor, desolación, luchando con la insignificancia del ser, con la sensación confusa del éxito como pintora sensible, ella cerrando el ciclo narrativo que comienza al otro lado de la ventana y termina con el mes de octubre entristeciendo la ciudad y asomada a otra ventana desde la que contempla el mundo verde y espera el mes de agosto, cuando vivirá de nuevo.

¿Nuevos fantasmas? Nuevo volver a empezar, ¿Nuevo ciclo de autoalimentación y autodestrucción urobórica?

Finalmente, con este epílogo abierto a diversas interpretaciones, con un futuro entre brumas, es preciso destacar la palabra vaho, palabra que Paz  escribe con frecuencia:

-El espejo vertía las lágrimas de aquel rostro oculto tras el vaho.

-La boira que tanto amo, cubriendo los cristales de vaho a su llegada.

-Por el espejo y los azulejos del baño resbalaban las gotas sólidas del vaho.

Palabra que refleja el sello personal de esta obra  en la que navegan límpidos relatos eróticos, marcos de una batalla más profunda, una batalla de amor y desamor entre el vaho de los espejos, el resuello de los fantasmas, de los pinceles como silfos, del  padre Cantábrico como dios eterno.

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