26/02/2014 Arte y Música Contemporánea
Pedro Mombiedro
Pedro Mombiedro
Paco de Lucía y Cuenca

Un día me dijo mi amigo Antonio, con ese acento algecireño tan singular: “Paco de Lucía no es que sea bueno: es un monstruo, un pedazo de artista. Eso sí, por Algeciras no ha hecho nada. Ni un recital para el pueblo ni nada de nada. Pero lo que hizo junto a Camarón es lo más grande que se ha hecho en el flamenco”. No pongo en duda las palabras de mi buen amigo; es más, estoy de acuerdo en que era un “monstruo” y que en el ámbito personal era reservado y distante.

Esto ya me lo adelantó hace muchos años D. Fidel Cardete, a la sazón director de la Casa de Cultura de nuestra ciudad. La anécdota data de principios de los setenta, cuando D. Fidel era el responsable de la programación de Maestro Pradas, asociación que activaba la vida cultura conquense con gran número de actividades. Entonces Paco de Lucía ya era un reconocido guitarrista, así que D. Fidel, a quien le gustaba lo bueno, se puso en contacto con él. Quien atendía los contratos era su padre, Antonio Sánchez, ya que Paco pasaba temporadas fuera de España (le atraía las playas del Caribe, parecidas a las de Santic Petri o Bolonia pero más lejos y sin nadie conocido que le importunase). El padre, muy defensor del hijo, se hacía de rogar: que si no tiene fechas, que si no puede, que si no le gusta viajar (y eso que vivía en Méjico). Al final parece ser que el padre aceptó que el hijo viniera a Cuenca. Pero luego llegó el momento de hablar de dinero. D. Fidel no me supo decirme el caché que le pidió, pero sí recuerda que superaba en mucho lo previsto. Le pidió una rebaja con fáciles argumentos: que somos una ciudad pobre, que la entrada es casi gratuita, que en Cuenca hay mucha afición a la guitarra… Pues nada, impasible el padre parecía más catalán que algecireño.

D. Fidel me contó que volvió a intentarlo un par de años después, cuando la Asociación Maestro Pradas contaba con más presupuesto. Se puso de nuevo en contacto con el padre, quien recordaba la solicitud conquense, para ofrecerle algo más de dinero. Pero el guitarrista ya se había catapultado a la fama y con él su caché. El padre ya no admitía ni regates ni descuentos, con  lo que D. Fidel no tuvo nada que negociar.

Y así fue como Paco de Lucía nunca vino a Cuenca.

Le conté esta historia a mi amigo Antonio, el de Algeciras, mientras paseábamos junto a la escultura que recuerda a su paisano. “No me extraña nada”, me dijo. Luego fuimos a La Línea, donde Camarón está inmortalizado en otra escultura. No me supo explicar porque uno está en un lado y el otro casi en Gibraltar. “Cosas de los políticos”, me contestó.

El hecho es que hemos perdido un “monstruo” de la guitarra. Les dejo como recuerdo su interpretación del Adagio del Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo en el festival de Cadaqués, con la Orquesta Cadaqués y Edmon Colomer a la batuta. En directo transmitía un aura, el duende, que deja huella, que no se olvida. Solo recordarlo me pone los pelos de punta. No dejen de escucharlo y de recordarlo.  

 

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