19/01/2014 Arte y Música Contemporánea
Pedro Mombiedro
Pedro Mombiedro
En clave de red: A vueltas con el mito de Tristán e Isolda

A los que la ópera de Wagner “Tristan e Isolda” nos ha llegado a obsesionar, acercarnos a una nueva representación nos pone en estado de alerta, con la orejas en punta como perro cazador ante su presa. Y somos muchos los de esa calaña. Personalmente he tenido la gracia de ver un puñado de isoldas, desde Waltraud Meier (en Bayreuth y con veinte minutos de aplausos) hasta Monserrat Caballé (en el Teatro La Zarzuela, donde le decían Monserrat ¡¡cállate!!). Pero lo mío no es nada comparado con mi amigo Óscar, cuya boda tuvo a Tristán e Isolda como leitmotiv de la ceremonia. Le dije “Osacar, hay algo que te gusta más que escuchar a Wagner”. “Imposible” dijo él. “Hablar de ella” le contesté; lo que confirmó con una sonrisa. Y es que “Tristan e Isolda” es mucho más que una ópera. Por eso no les voy hablar de ello: escribiría sin parar. Pero sí quiero llamar la atención, a quien esté interesado, que la representación que se puede ver en el Teatro Real es imprescindible.

La escenografía, de Peter Sellars, es propia de momentos de crisis: buen vestuario y magníficas proyecciones, nada de escenarios, tramoyas y utillería. Son cada vez más los teatros que recurren a esa parquedad, lo que está modificando el concepto clásico de escenografía, pero eso es otra historia muy interesante a la que espero dedicar otra entrada. En Madrid las proyecciones las realizó Bill Viola, buenas y pertinentes, con la presencia dominante del agua y del fuego (como dice el refrán: el hombre es fuego y la mujer estopa, viene el diablo y sopla). No hay ni barco, ni castillo, ni bosque; y, salvo la copa de elixir de amor y muerte (el diablo al que antes me refería), no hay antorchas, ni espadas, ni cofres, ni cuerdas que amarrar. Sólo imágenes en retroproyección: cinco horas de imágenes.

Pero la ópera es, sobre todo, música y voz. En ese punto nos derretimos los tristianófilos. Es una música extraordinaria, sobrecogedora, delirante, infinita. Aquí en Madrid la batuta de Marc Piollet no fue brillante pero sí cuidadosa (mantener más de cuatro hora la tensión es muy difícil) y de los cantantes destacó con diferencia Violeta Urmana, en el papel de la heroína suicida Isolda. Una gozada.
  
Qué más les puedo decir; que en Madrid estará hasta el 8 de febrero. Si no pueden ir o no consiguen entradas acudan a Paris. En el teatro de la Bastilla se ofrecerá esta misma versión durante el mes de abril. Las entradas no son más caras que en el teatro Real de Madrid y de paso disfrutan de un fin de semana en la ciudad del Sena. Le adjunto el link por si pudieran.
 

Comentarios
URL de Trackback:

comments powered by Disqus