12/02/2017 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Valores que se puedan tocar

Hace unos días, concretamente el 30 de enero, profesores y alumnos celebramos el Día Escolar de la Paz y la No Violencia. Es evidente que esto , como tantas otras cosas, no tiene sentido celebrarlas un día, si el resto del curso, del año, no luchamos por que se vivan y sean una realidad. Pero soy de las que opinan que viene bien que haya días especiales, que nos sirvan para hacer balance, reflexionar y proponernos compromisos nuevos para hacer un mundo mejor.

Sin embargo, debo confesar que tras el 30 de enero siento un vacío, una sensación de valores incompletos que no puedo dejar pasar. Os pongo en situación: este curso he tenido la suerte de aterrizar en una escuela unitaria, en la que somos una familia; un total de ocho alumnos de edades comprendidas entre los tres y los once años de edad alegran mi día a día. Se ayudan unos a otros, comparten, colaboran y se cuidan entre ellos. Como es natural, de vez en cuando surgen conflictos normales, fruto de una convivencia intensa, que no sólo ocupa las horas escolares, sino las tardes y los fines de semana. Dicho esto, queda claro que aunque tengo otros retos y dificultades, el de la disciplina, acoso escolar y otros problemas disruptivos de comportamientos no son una de mis preocupaciones de este curso escolar. Aun así decidí que para el Día de la Paz íbamos a trabajar desde dos perspectivas: por un lado, reflexionaríamos sobre la paz a nivel internacional, parándonos a pensar en los países en conflicto, los refugiados, las razones que llevan a los países a estar en guerra y lo que podíamos hacer nosotros para colaborar. De este enfoque surgieron preciosos mensajes de paz prendidos en forma de banderines, que el viento simbólicamente haría viajar por todo el mundo.

Por otro lado, íbamos a reflexionar sobre nuestro entorno más inmediato, qué cosas enturbiaban la paz en nuestro cole, en nuestro pueblo, qué conflictos surgían y cómo podíamos solucionarlos o incluso evitarlos. Elaboramos entonces una caja del compromiso, en la que de manera anónima cada uno iba a escribir un compromiso concreto para mejorar la convivencia entre nosotros. Yo les miraba y hubiera sido capaz de decirles uno a uno qué podían escribir para que de una forma muy sencilla muchos de los conflictos más recurrentes en nuestro día a día desaparecieran. Me contuve, se trataba de un compromiso personal al que debían llegar por sí mismos. Después íbamos a abrir la caja, compartir los mensajes, hacer un bonito mural con ellos y convertirlo en nuestras renovadas normas de aula, que diariamente iríamos valorando su cumplimiento en la asamblea y de manera individual. Las primeras dificultades aparecieron a la hora de escribir sus mensajes. No se les ocurría nada. La soltura con la que escribían esos lindos mensajes de paz al viento se había esfumado y ahora su mente y su corazón estaban completamente en blanco, bloqueados, no sabían ir más allá de palabras como “respeto”, “igualdad”, “solidaridad”, etc. Traté de ayudarles y en asamblea tratamos de concretar esos valores, hacerlos realidad poniendo ejemplos de lo que era ser solidario, generoso o respetuoso en nuestro día a día. Cuando creí que la idea estaba captada, volví a repartir las tarjetas del compromiso, pero llegado el momento de leerlas y ponerlas en común, volvimos a encontrarnos con esos bonitos mensajes de paz que no alcanzaban a tocar el suelo de nuestra clase.

A día de hoy aún  no hemos renovado nuestro mural de normas de convivencia que hicimos al principio de curso, considero que debemos seguir trabajándolo y que todos caigamos en la cuenta y ejercitemos lo que realmente está en nuestra mano, lo que Ana puede mejorar de sí misma para que tanto ella como el que tiene al lado vivan con más paz. La Educación en Valores es en mi opinión, necesaria y urgente, pero deberíamos revisar el enfoque. Los valores no son sólo ideas abstractas que vuelan libres en un mundo utópico, los valores también pueden tocarse, materializarse en forma de personas comprometidas y dispuestas a hacer un mundo real mejor. La pregunta que surge siempre es ¿pero cómo? Una vez más no tengo la receta mágica, pero conocemos algunos ingredientes, intentémoslo hasta dar con la fórmula. ¿Te animas?

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