02/10/2017 La Alacena y El Anaquel
Juan Clemente Gómez
Juan Clemente Gómez
El anaquel del 2 de octubre

INFANTIL

Cuentos cortos de animales en peligro.-Jordi Sierra i Fabra .- Francesc Rovira   .-Editorial Bruño

Estos divertidos cuentos de Jordi Sierra i Fabra, protagonizados por animales en peligro de extinción, encantarán a los más pequeños. Con las fichas incluidas al final —que se acompañan de espectaculares fotografías— aprenderán, además, a conocerlos y cuidarlos. Tortugas, pingüinos, tigres, ballenas y muchos animales más nadan, saltan y vuelan por las páginas de este precioso libro. (A partir de 3 años)

 

Esmeraldina, la pequeña fantasma.-Ledicia Costas.- Ilustraciones de Víctor Rivas.-Editorial Anaya

Si crees que la muerte es el final, es porque no conoces a los fantasmas.

La pequeña Esmeraldina vive feliz junto a su familia en el Hotel Fantastique, el lugar más elegante del Salvaje Oeste. Pero todo cambia cuando muere de fiebre escarlatina... y se convierte en fantasma.

Huéspedes del Más Allá, espiritistas del Más Acá... y un montón de personajes hilarantes que le complicarán las cosas a Esmeraldina... y la ayudarán a sobrellevar su muerte con mucho humor.
  (A partir de 10 años)

 

El gran libro de los instrumentos musicales.-Texto e ilustración Pronto .-Editorial  Edelvives

El gran libro de los instrumentos musicales reúne a una orquesta excepcional que congrega a la rana, el olifante, la flauta dulce y la de pan, el piano de cola, la trompa de caza, el oboe, el altavoz, el bombo, la zanfoña o el shofar. Un libro con 130 instrumentos clasificados por categorías. Cada uno aparece descrito e ilustrado junto a los de su familia, información que se complementa con varias viñetas humorísticas que juegan con expresiones relacionadas con la música. (A partir de 10 años)

JUVENIL

Tres deseos.-Andreu Martín.-Editorial Edebé

Partiendo del conocido mito del Genio que concede tres deseos, esta novela traslada al mundo actual los conflictos, cómicos en clave de humor, y éticos en clave de reflexión, que viviría un chaval de dieciséis años si obtuviera de golpe salud, dinero y amor. (A partir de 14 años)

ADULTOS

“Diccionario del diablo”.-Ambrose Bierce.-Ilustraciones de Ralph Steadman.-Editorial el Zorro Rojo

El Diccionario del Diablo, construido a lo largo de más de treinta años, lleva hasta el extremo esa filosofía cínico-humorística que ya empezó a profesar de joven. Catálogo implacable de fallas morales que corroen a los seres humanos, por sus páginas desfilan ejemplos diversos de inmoralidad, egomanía, hipocresía, avaricia, estupidez, falsedad, intolerancia, lascivia, gula, pereza, cobardía, envidia, orgullo, egoísmo.

Como el progreso existe, si Bierce viviera hoy, ciento treinta y seis años después de presentar la primera entrega del Diccionario, no solo no corregiría su visión sino que aprovecharía para enriquecerla con conceptos tan creativos y oportunos como posverdad y hechos alternativos.

Las circunstancias vitales llevaron a Ambrose Bierce a adquirir muy joven el defecto ocular del cínico. Tenía diecinueve años cuando estalló la Guerra de Secesión, y fue uno de los primeros en alistarse en un regimiento de infantería de la Unión; a los veintiuno, después de luchar en varias batallas, donde se destacó por su valentía y presenció toda suerte de atrocidades, heroísmos y miserias, ya era teniente primero, y el día antes de cumplir veintidós recibió en el campo de batalla una grave herida de bala en la cabeza. A los veintiséis, retirado del ejército, empezó a dirigir en San Francisco el semanario News-Letter, donde firmaba como Town Crier («Pregonero») una columna donde con agudeza, lenguaje preciso y total desinhibición se ensañaba con los hipócritas y los canallas de la política local. La columna era tan entretenida que a veces la citaban periódicos de Nueva York y hasta de Londres. En esa columna, nada menos que diez años antes de empezar a publicar (en otro semanario) las definiciones que más tarde conformarían el Diccionario del Diablo, compartió con sus lectores estas éticas promesas que se había hecho para el año 1871:

«Por el presente documento resuelvo con firmeza que durante un año, a partir de la fecha, no beberé ningún tipo de licor espirituoso, vinoso o de malta, salvo que me parezca que sería bueno suspender temporalmente esta promesa. No usaré una sola expresión blasfema —fuera del deporte— si no me he enfadado por algo. No consumiré tabaco de ninguna forma, a menos que considere que sería agradable. No robaré más de lo que pueda utilizar. No mataré a nadie que no me ofenda, excepto para quitarle el dinero. No perpetraré ningún asalto a mano armada salvo a niños de escuela, y solo estimulado por la presencia o la amenaza del hambre. No daré falso testimonio contra mi prójimo si de eso no puedo sacar algún provecho. Seré todo lo ético y religioso que la ley me obligue a ser. No me fugaré con la esposa de nadie si ella no da su libre y total consentimiento, y nunca, nunca jamás, ¡el cielo no lo permita!, se me ocurrirá llevarme también a sus hijos. No escribiré perversas calumnias contra nadie, a menos que por ello tenga que sacrificar un buen chiste. No azotaré a ningún inválido, siempre que no se le ocurra importunarme cuando estoy ocupado y donaré todas las botas de mis compañeros de habitación a los pobres.»

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