06/02/2014 Despacito y buena letra
Ana Bordallo
Ana Bordallo
Referencia social

Hace unos pocos días tuve que estudiar para unos exámenes y entre todo el material interesante en el que te “obligas” a profundizar, me gustaría compartir con vosotros el de la “referencia social”, por varias razones: la primera de ellas porque me parece un aspecto que como educadores debemos tener en cuenta, por su trascendencia en el desarrollo humano (no sólo en las primeras etapas sino, en mi opinión a lo largo de nuestra vida) y también porque, sin tratar exactamente del mismo tema del artículo anterior, sí considero que guarda relación, puesto que el miedo puede transmitirse por referencia social. Pero no adelantemos acontecimientos, primero os pongo en situación:

El tema a estudiar era el desarrollo afectivo emocional del niño en la edad temprana (de 0 a 6 años de edad), concretamente se estaba tratando el aspecto referido a los procesos de regulación emocional que posee el niño y que va adquiriendo conforme va creciendo. Entre estos mecanismos se han estudiado con especial atención dos fenómenos que facilitan ese proceso de regulación emocional, necesario para el correcto y equilibrado desarrollo afectivo- emocional del niño: el entonamiento emocional y la referencia social. Centrémonos solamente en éste último para no convertir esto en una extensa explicación teórica. Si el tema interesa, podemos reflexionar sobre el entonamiento emocional en el siguiente artículo.

La referencia social es el proceso por el cual el niño “mira” al adulto con la intención de  saber a qué atenerse con respecto al entorno. Surge cuando el niño, en una situación no familiar para él, toma como referencia al adulto para extraer información sobre su entorno y actuar en consecuencia, una vez ha conseguido una valoración positiva o negativa de él. Esto se ha comprobado con el experimento conocido como del “precipicio visual”; en él se sitúa a un niño de un año en un lado de lo que parece un precipicio, (aunque hay un cristal, el efecto visual es de ausencia de base), mientras que al otro lado se sitúa un robot de juguete. El niño tentado por él comienza a gatear, pero cuando llega a lo que sería el borde del “precipicio” mira a la madre buscando referencia. Si a esta se le ha dado instrucciones de que sonría y se muestre tranquila, el niño cruza el aparente precipicio. Si por el contrario la madre se mostraba cautelosa o con gesto de temor, el niño daba la vuelta y quedaba algo agitado. En estas edades tan tempranas, el niño espera de la madre que valore afectivamente su mundo.

Hay miedos que surgen como resultado del desarrollo sano y normal del individuo, como puede ser el miedo ante los extraños (que aparece de forma universal en torno a los 7-8 meses), pero la reacción que la madre o figura adulta de referencia tenga en esas situaciones condicionará la superación o no de ese miedo.

Poco a poco, el niño va creciendo y ganando en autonomía e independencia, reconociéndose como un ser diferente a la madre o figura adulta de referencia, y quizá en otras situaciones a lo largo de nuestra vida, ya no miremos a nuestra madre para extraer información sobre el entorno, pero sí nos fijamos en un maestro, profesor, educador, o incluso, nuestros amigos para conseguir esa valoración positiva o negativa del entorno que nos lleve a actuar de una u otra manera. Habrá quienes sean más independientes que otros, pero ¿no os parece que esa referencia social está presente en nuestros procesos de regulación emocional a lo largo de toda nuestra vida? Ante un entorno desconocido, una situación no familiar, miramos a nuestro alrededor y nos contagiamos de la tensión  o la seguridad, del miedo o la confianza, de la prudencia o el atrevimiento, …

No quiero negar con esto la autonomía individual de cada uno a la hora de enfrentarse a retos o nuevas situaciones, nada más lejos de eso. Simplemente, quería compartir esta reflexión, para que como educadores lo tengamos en cuenta y controlemos nuestras emociones, que transmitamos prudencia pero también coraje y que no transmitamos nuestros prejuicios y miedos a nuestros educandos.

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