15/03/2019
Opinión

Una frustración más: la colección Polo

No querría la Real Academia Conquense de Artes y Letras implicarse en una disputa con notables tintes políticos como la suscitada por la fracasada instalación en Cuenca de la colección artística de Roberto Polo, pero tampoco le cabe dejar de asumir su responsabilidad social frente a un asunto que, a juicio de sus miembros, debería trascender al debate momentáneo. Importa por ello emitir una opinión, en absoluto categórica, orientada a una reflexión serena.

Todo es sin duda matizable y hasta discutible, pero parece algo aceptado que una mínima opción de desarrollo para la ciudad de Cuenca pasa ahora por la oferta turística, compuesta de cuantas bellezas naturales definen su espacio urbano y el entorno, a las que se suman los diversos conjuntos artísticos que en ella se albergan. Heredado de siglos pasados o allegado en momentos más cercanos, es muy notable el patrimonio artístico que la ciudad atesora. Y son muchos los visitantes que se acercan a esta ciudad atraídos por tan singular oferta estética, plural a la vez. Nada hay en esta definitivo porque todo es susceptible de mejorar y a tal empeño se han aplicado y aplican diversas iniciativas privadas y públicas.

Cierto es que la propuesta museística ha mejorado en los últimos tiempos, pero conviene recordar las dificultades que para mostrar adecuadamente sus colecciones padece el Museo Provincial, sin que valgan como excusa las eternizadas promesas de mejora de sus instalaciones en locales propios y ajenos para cuya realización no se vislumbra un claro horizonte inmediato. Y esto es algo que concierne de manera directa a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Otros son los museos locales que mantienen asimismo su actividad de manera digna y con buena acogida de los visitantes propios y foráneos, pero hay un espacio cuya situación administrativa se ha convertido en este momento en insalvable tropiezo para las funciones que le han sido atribuidas. Hablamos de la Casa Zavala, donada generosamente a la ciudad de Cuenca, junto con su contenido artístico, mobiliario, bibliográfico y documental por doña Antonia Gallardo, viuda de don Juan de Zavala y Lafora. No entramos ni en las retorcidas fórmulas jurídicas a las que se acudió en su día, ni tampoco en el indeciso destino del patrimonio mueble recibido que el edificio contenía; aquellas permitieron al cabo la adscripción de este a la Fundación Antonio Saura.

A nadie se oculta el evidente fracaso, once años después, de un proyecto errático y despilfarrador, de cuyos resultados económicos y financieros habrá de dictaminar la justicia cuando proceda. El Ayuntamiento, propietario titular de la casona dieciochesca alzada por la familia Cerdán de Landa, recuperó hace un par de años, tras mucho esfuerzo y no pocos titubeos, el uso de la mayor parte de ella, manteniendo allí una presencia meramente simbólica de la Fundación Saura. Sin proyecto de uso ininterrumpido y sin presupuesto municipal donde sostener una actividad continua en este inmueble, desde el Ayuntamiento se han programado en él últimamente varias exposiciones como la denominada Legado o la dedicada al ceramista Pedro Mercedes. La Junta de Comunidades organizó también una muestra dedicada a la obra de Joaquín Sorolla.

La oferta de cesión de una parte de su colección artística realizada por Roberto Polo puede quizá dar pie a discusiones y debates de fondo y forma, pero que una porción significativa de ella pudiera recalar y permanecer en Cuenca de momento, dejando para un lejano más adelante instalaciones de mayor amplitud como la que, en hipótesis, podría ofrecer la actual sede del Archivo Histórico Provincial, resulta, cuando menos, sugerente o prometedor de cara al refuerzo del turismo local. No se trata de aceptar cualesquier términos en la cesión de uso prolongada de un edificio, sin duda idóneo, como parece ser la Casa Zavala, donde se llevarían a cabo necesarias obras de mejora. Menos aún enzarzarse en una pugna electoral estéril por miope. En Toledo, en el antiguo convento de Santa Fe, han dispuesto un local y ha iniciado ya su andadura pública una muestra escogida de la colección Polo.

Ni vale recibir con aplauso y sin examen cualquier cosa que se ofrezca a Cuenca, ni tampoco aceptarla a cualquier precio. Todo requiere discusión y análisis ponderados y que los términos del acuerdo a nadie resulten lesivos. Lo que no parece defendible es que una fundación como la de Antonio Saura, que nació con problemas y ahora, al cabo de los años, muestra su irresoluble fracaso, se empeñe en mantenerse en un edificio que le fue cedido para llevar a cabo unas actividades incumplidas de manera auténtica desde hace mucho tiempo. Necesario resulta por ello revisar antes que nada las cláusulas y los plazos precisos de la cesión municipal y verificar si se adecúa o no a ellos una presencia clamorosamente silente en el edificio parcialmente ocupado.

Disputar acerca de qué administración se pone una medalla meritoria en época electoral resulta en términos sociales tan inútil como el debate entre liebres acerca de si los perros que las perseguían eran galgos o podencos, a la vista del nefasto resultado que los animalitos obtuvieron. Los estudios que sociólogos y economistas realizan describen en estos días una ciudad inerte y en retroceso, carente de objetivos y a remolque de no se sabe bien qué inercias. Nadie entre las autoridades responsables, cualquiera sea su nivel, debería considerarse inocente frente a tal realidad o no concernido por ella. Mientras, el sufrido ciudadano asiste con estupor a debates falsos y sin horizonte en la más pura línea de cuanto históricamente nos ha traído hasta aquí.!

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