27/04/2019

Un Conquense atenazado por el miedo no puede evitar la remontada del Lleida en La Fuensanta (1-2)

Los conquenses se adelantaron con un penalti transformado por Jorge, pero el conjunto catalán le dio la vuelta al marcador y pone a los de Laínez al borde del abismo

Balompédica vs Lleida

Existen dos maneras de montar  en una montaña rusa o cualquier otra atracción terrorífica de feria. La primera es agarrarse muy fuerte, cerrar los ojos e intentar no llorar, al menos hasta que acabe el viaje. La segunda es convertir el vértigo en adrenalina para que tras esos minutos de sufrimiento llegue el subidón al abandonar el vagón. El Conquense, atenazado por el pánico del descenso, no pudo disfrutar del viaje y cayó por 1-2 ante un Lleida que sumó tres puntos fundamentales para no descolgarse de la pelea por la promoción de ascenso.

La presión entumeció los músculos de los pupilos de César Laínez y ni siquiera el tempranero gol que adelantó a los conquenses tuvo el efecto liberador que se esperaba. A los ocho minutos un balón largo desde la defensa permitía a Chrisantus ganar la espalda de los defensores, que no tenían más remedio que derribarle cuando encaraba al portero. No fue una acción trepidante del atacante nigeriano, fue más bien como observar una canica rodar lentamente sobre una mesa hasta caer en el suelo, pero vale igualmente. Jorge la adornó un poco transformando la pena máxima con un disparo raso al que no llegó el guardameta ilerdense.

Con el 1-0 el Lleida inclinó el campo hacia la portería de Marqueta, sin que en ningún momento los blanquinegros tuvieran intención de discutir ese dominio. El balón parado era la principal amenaza de los catalanes, mientras que el Conquense confiaba en sacar provecho a los riesgos que tomaba su rival. Iván Rubio pudo ampliar la ventaja blanquinegra tras cabecear un centro de Márquez por la derecha, la única acción con cierto peligro de los locales en todo el primer tiempo. Escaso caudal ofensivo para un equipo que confiaba demasiado en una defensa que temblaba como un flan con cada llegada del Lleida, que ponía un empate que estaba anunciado cuando había transcurrido media hora de partido. Álex remataba sin apenas oposición de cabeza un lanzamiento de falta y Marqueta, cegado por una nube de cuerpos, no pudo evitar el tanto.

Con el 1-1 el Conquense intentó presionar más arriba, buscando el error en la zaga catalana, pero abusaba en su juego ofensivo del balón largo hacia Chrisantus y Pablo Aguilera. Algunos niños juegan a evitar pisar las baldosas blancas de la acera y algunos equipos de fútbol a que el balón no esté en el verde más de dos segundos. A veces la pelota le llegaba a Aguilera y el atacante intentaba frotar la lámpara, pero no terminaba de brotar la magia. Más vale que no se hayan acabado todos los deseos...

El partido llegó igualado al descanso y Laínez todavía confiaba en que, con el paso del tiempo, el necesitado Lleida fuera evolucionando de temerario a suicida. Pero el guion del técnico conquense se estropeó a los cuatro minutos. Saque de esquina de los visitantes, remate detenido por Marqueta y Albistegi aprovecha el balón que queda suelto para empujarlo a la red ante los atónitos de los defensores conquenses, que observaban la tragedia con la misma impotencia con la que el mundo miraba hace unos días arder la aguja de Notre Dame.

El Conquense quedó muy tocado tras el gol. Por un momento pareció que Oriol Rey estaba dispuesto a tomar el mando y que el equipo se iba a rearmar a través de la posesión del balón, pero ese nuevo rostro blanquinegro duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rock's que diría Sabina. Tenía prisas para llegar a la otra portería la Balompédica pero se hacía más complicado con el paso de los minutos, por el cansancio y porque Laínez descapitalizaba el ataque con las salidas de Chrisantus y Novoa.

A pesar de la falta de energía espiritual y física el Conquense intentó empatar con timidez,  sin vértigo, con los ojos cerrados. Apenas pudo asustar al equipo catalán con un cabezado de Fran Pérez y los últimos balones colgados, el último rematado fuera por Novoa cuando el partido expiraba. El 1-2 deja a los blanquinegros al borde del abismo. Pero están a tiempo de reaccionar si no se olvidan de que todavía respiran.

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