15/05/2017

Notas sobre la asamblea ciudadana de Podemos

Decía Tierno Galván que el poder tiende a impregnar de indiferencia todo lo que no sea poder. Que estemos en tiempos de reinvención de lo que son los partidos y de cómo es el poder no le quita verdad a la frase ni riesgo a la tendencia. La cabra tira al monte y los partidos tienden a defraudar y llenarnos de indiferencia.

Podemos fue una apuesta valiente que siempre tuvo sus riesgos. Por eso nunca estuvo exenta de tensión. Veníamos de una crisis de régimen que había tenido su respuesta social en el 15M y las mareas y la apuesta de hacer un partido político que trasladara esa respuesta a las instituciones tenía un porque muy importante, a quienes habían tratado la política como un cortijo privado desde el que nos recortaban derechos para aumentar beneficios propios se les estaba peleando todo menos la representación política. Algo había que hacer, redoblar la apuesta y romper el tablero. Pero los riesgos no dejaban de existir porque ahora los viviéramos otros en primera persona ¿Cómo vas a hacer un partido sin caer en las mismas piedras sobre las que se han tropezado todos los partidos políticos sin excepción? ¿Se podría acabar simplemente provocando una regeneración de élites que hiciera eso tan gatopardiano y costumbrista de que todo cambie para que no cambie nada?

Esa tensión sobre cómo hacer algo diferente siempre ha estado ahí y sigue estando. Es bueno que siga estando porque sin ella quedaría poco por hacer. Y aunque sea más fácil relatarla en batallas concretas, incluso en personas, Pablo frente a Iñigo, Vistalegre, probablemente sea en otro lado, en el día a día, donde se libre la batalla más importante. Siendo claros, la batalla de Podemos por no ser un partido más se da tanto en Madrid como en Cuenca. Es una batalla cotidiana contra nosotros mismos para no acabar generando indiferencia, para no terminar de levantar esa valla que separa al partido, y a quien es del partido, de la gente. Para pelear con esa tendencia de la que advertía Tierno Galván.

Ahora a Facebook le ha dado por recordarnos, con posts de otros años, lo viejos que estamos como personas y un poco también como organización. Y hoy, en el aniversario del 15M, me enseñaba una galería de fotos de la manifestación-celebración que hubo en 2012 en Cuenca con esa cantidad de gente de distinta procedencia y clase, su alegría, sus camisetas de las diferentes mareas y plataformas en defensa de lo público y ese sentido común de que merecía la pena pelear. Han pasado 5 años desde entonces. Y cada aniversario del 15M deberíamos preguntarnos, ¿seguimos creyendo que merece la pena pelear?. Para Podemos el reto es ese, mantener esas ganas y ese inconformismo incluso cuando a veces sea contra el propio Podemos, cuando encontremos más semejanzas con un partido tradicional que con esa manifestación y ese sentido común nos estaremos perdiendo y más fácil será perder. Crecer bien es cambiar sin desdecirse, reconocerse en los cambios. Si bien un partido no es un movimiento, el cambio tampoco va a venir de "otro partido más". Si es importante plantear la batalla institucional, más importante aún es hacerlo de otra forma.

En la discusión de los últimos meses sobre los presupuestos que tanto ha atravesado la política regional y local siempre he repetido que no estoy en contra del rechazo a los mismos pero si estoy en contra de que no hubiera habido un proceso participativo que lo respaldara, donde se hicieran enmiendas ciudadanas a esos presupuestos, se buscaran sinergias con la sociedad civil, que las decisiones no se tomaran en ejecutivas y se pudieran abrir a la participación de todas. Es más fácil implicar a las bases y a la sociedad que repartir luego argumentarios sobre las consecuencias de decisiones ajenas. Algo que aprendimos con el "no nos representan" y que no nos podemos permitir olvidar.

Ahora hay una asamblea ciudadana en Castilla La Mancha para decidir el futuro de Podemos. Y pediría el voto para la opción en la que más confío para reconocernos en este proceso de crecer. Pero no me atrevo del todo. Soy de esos jóvenes que siendo conquenses ya no viven en Cuenca y, aunque empecé ese camino, hace tiempo que no sigo la vida orgánica de Podemos Castilla La Mancha. No es una historia extraña, en 10 años se ha reducido en un 20% la población joven en nuestra provincia. El caso es que esa distancia te genera dudas a la hora de si debes/puedes opinar de cosas que atañen a la que sigues sintiendo tu ciudad. Por dos razones, uno, temes ser injusto porque el día a día siempre es más complejo que lo que se atisba mirando desde fuera y dos, porque las consecuencias de las decisiones no las vas a sufrir/disfrutar tu directamente. Aunque esa distancia también tiene sus ventajas, ayuda quizá a analizar con alguna perspectiva que se pierde en el día a día y al final lo que se trata en un proceso de redefinición como el de esta asamblea ciudadana es buscar esa síntesis de opiniones de cerca y de lejos, de dentro y de fuera, donde cada una puede aportar, si se saben coger, herramientas contra la indiferencia.

Publicar estas notas tenía una idea de fondo: convencer a los que no están dentro a participar y sobre todo convencer a no resignarse. Creo que Podemos es un proyecto que aún está en definición y si alguien me preguntara la diferencia con otros partidos haría fuerza en la capacidad que aún hay para intervenir en él. Vuelvo a la manifestación de hace 5 años y pienso en otro cartel que había en Sol en aquel 15M: "No tengo fuerzas para rendirme". Explica bastante bien la situación. Veía los riesgos, y no voy a mentir, ahora veo también los problemas, me cabreo mucho, si hubiese estado en algún cargo público hubiese dimitido unas cuantas veces, pero sobre todo tengo claro que hay que seguir peleando para acercar la política a esa idea que defendíamos de una sociedad que participa, que no necesita tanto representantes como canales para que su voz se escuche. Y ahí creo que colectivamente no tenemos fuerzas para dejar de intentarlo.

El éxito/fracaso de esta asamblea ciudadana y en general de todo el proyecto no se va a medir en la distancia entre candidaturas internas, o en la distancia que yo sienta al opinar sobre determinado proceso, sino en la distancia que se acaba generando entre el mismo proceso y la gente. Por eso, los que no le haya convencido esto o aquello, los que si, los que se vean ahora lejos, no os resignéis y participar. Es tan fácil como entrar en la web y votar o como acercarse a un círculo y construir. Si no hacemos todo lo posible por participar la indiferencia (y un poder que contagia) seguirá impregnando y ganando todas las batallas. Y como buen 15M debemos preguntarnos, ¿No merece la pena pelear?

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