14/05/2018

Luto en el campus: Ángel Hernáiz, in memoriam

"Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano…".

Con los versos de Miguel Hernández en su recordada "Elegía a Ramón Sijé" comienzo a escribir este obituario porque el campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha está de luto: ha fallecido Ángel Hernáiz Millán, administrador del Colegio Universitario, de las Facultades de Ciencias Sociales y de Ciencias de la Educación y Humanidades, y también del Patronato Universitario "Cardenal Gil de Albornoz" durante su dilatada trayectoria profesional, y que se había jubilado hace pocos años.

Ángel ha sido el mejor compañero que uno podía encontrar jamás en la Universidad, un verdadero ejemplo a seguir para todos los que hemos tenido el orgullo y privilegio de compartir con él nuestra vida profesional: hombre honesto, cabal, servicial, inteligente, leal y extraordinariamente entregado al servicio de la "causa universitaria", a la que había dedicado toda su vida.

Con su asombrosa profesionalidad, contribuyó al nacimiento y consolidación del campus universitario en Cuenca y su integración en la Universidad de Castilla-La Mancha, al mando de un equipo humano en el que destacaba Juan Antonio Hernández,  tristemente fallecido hace poco más de un año, y cuyos miembros hoy lloran desconsoladamente su muerte. En toda esta trayectoria ha jugado siempre un papel muy destacado el Patronato Universitario "Cardenal Gil de Albornoz", que Ángel administró con gran brillantez hasta su jubilación.

Precisamente con motivo de su jubilación, un grupo de compañeros le organizamos una comida-homenaje a la que asistió el Rector y que tuvo un éxito de convocatoria tal que no cabíamos en el salón refectorio de nuestro Parador de Cuenca. Visiblemente emocionado con el orgullo de reunir a más de un centenar de compañeros del nuestro y otros campus, de la nuestra y otras universidades, recuerdo anecdóticamente que Ángel me dijo: "Juan Antonio, en tantos años como he trabajado en la Universidad, y he podido asistir a numerosas despedidas y homenajes, pero jamás había venido un Rector"…mi respuesta fue inmediata: "querido Ángel, era porque no te habías jubilado tú".

Mirando atrás, aún recuerdo cuando -hace casi dos décadas- llegué acompañado de mi hermano a la Facultad de Ciencias Sociales, que hoy es nuestra casa: nos recibió un señor impecablemente vestido con traje de raya diplomática azul marino, camisa blanca deslumbrante con puño doble, cuello inglés y las iniciales "A.H.M." perfectamente bordadas y una corbata afinadamente conjuntada. Aquel señor tan elegante nos dijo con una sonrisa en sus labios: "soy Ángel Hernáiz, el administrador, bienvenidos a la Facultad de Ciencias Sociales". Muchos años después, le encantaba que le recordara que aún conservo en mi despacho de la Facultad el porta-lápices, la grapadora y el completo "set de bienvenida" con que me obsequió en ese primer encuentro.

Desde aquel día, siempre encontramos en Ángel a un excelente compañero pero, sobre todo, a un gran amigo: son innumerables los momentos que hemos compartido con él gracias a su profesionalidad…pero especialmente entrañables han sido los disfrutados gracias a su amistad, siempre sin perder su sonrisa. Durante todos estos años hemos compartido esa inquebrantable amistad, que él se encargó siempre de alimentar cuidando hasta el más mínimo detalle. Largas han sido nuestras tertulias compartiendo una de sus aficiones favoritas: disputadas partidas de mus, que ahora se quedan huérfanas de un verdadero maestro, siguiendo la memorable elegía de Miguel Hernández, porque "tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero".

El día que le comuniqué que aquel profesor ayudante que él recibió años atrás había obtenido la acreditación como catedrático de universidad, le dije que le agradecía todo lo que me había ayudado para conseguirlo, pero sonrió y me felicitó diciendo que el agradecido era él, porque yo le había permitido compartir toda mi trayectoria profesional: ese era Ángel Hernáiz, un hombre con una generosidad ilimitada.

Optense de pro, siempre ha llevado a Huete en su corazón, viajando a su pueblo siempre que podía, participando en sus festividades y recordando cariñosamente su infancia en la "capital de la Alcarria", con el otrora verdadero esplendor de su tierra natal, que tanto quería. Ahora vivía felizmente disfrutando de su jubilación tras una vida de trabajo ejemplar.

Participante muy activo en todas las actividades de la Pastoral Universitaria de nuestra Diócesis, especialmente recordado fue el viaje a la beatificación del Papa Pablo VI en Roma, donde Ángel tuvo un papel muy destacado.

Con una fe "como para mover montañas", siempre rememoraba con gran cariño su boda con Angelita, su fiel y leal compañera, en la Santa Iglesia Catedral Basílica de Cuenca: precisamente en la actualidad se encontraba completamente volcado en una abnegada colaboración con la Iglesia católica a través de la Delegación Diocesana de Manos Unidas, de la que también era administrador desarrollando una gran labor, y cuyo extraordinario equipo humano ha sentido especialmente su pérdida.

No tengo palabras para agradecer todo lo que Ángel Hernáiz ha hecho durante todos estos años por nosotros: todas serían insuficientes. Y no me hago a la idea de no volver a encontrarme con él paseando por Carretería, desayunando en Ruiz, o asistiendo a cualquier actividad cultural de nuestro campus universitario, siempre con una sonrisa en sus labios. Siento de veras no haber podido decirle tantas cosas que, de nuevo, mientras las lágrimas salpican el teclado de mi ordenador, me hacen volver a compartir con el genial poeta oriolano porque "tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento".

Nuestro más sentido pésame para Angelita, su inseparable esposa, para sus hijos Enrique y María, para sus hijos políticos, para sus hermanos y sobrinos, para toda su familia, sin olvidar a los estudiantes y, de forma especial, a todos los compañeros y amigos de la Facultad de Ciencias Sociales y el campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha, en los que Ángel Henáiz ha dejado una huella que permanecerá imborrable para siempre.

Descansa en paz, querido compañero, verdadero amigo.


"A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero".


Juan Antonio Mondéjar Jiménez es profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha, en cuya Facultad de Ciencias Sociales de Cuenca ha compartido toda su vida profesional con Ángel Hernáiz Millán.
 

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