24/08/2018

Loquillo, la celebración del rock and roll

Te extraña refugiarte en

fantasías de Rock'n'roll

¿En qué orilla estás mejor?

El ansia, la locura,

la pasión por conocer

de qué bando quieres ser

(Planeta Rock)

Antes de comenzar pondremos las cartas sobre la mesa: cuando se trata de hablar de Loquillo no soy ni objetivo ni racional. Podría salir este viernes al escenario vestido con el bañador de Borat y yo te intentaría convencer de que es un homenaje a la música surf y que no hay mejor vestimenta para cantar Esto no es Hawaii. Tres veces he intentado entrevistarle, las tres veces he recibido un "No" por respuesta y sin embargo, si me promete que sonaría Avenida de la Luz para mí en el día del fin del mundo, yo mismo me colaría en el Despacho Oval para pulsar el botón rojo. Este es el nivel del artículo: talibán del rock'n roll.  Ahora puedes seguir leyendo.

Loquillo celebra con esta gira que pasa por Cuenca sus cuarenta años de carrera, a pesar de que hay gente que lleva casi treinta años enterrándole, concretamente desde que en 1989 saliera 'A por ellos que son pocos y cobardes'. José María Sanz celebra cada año su funeral llenando pabellones de toda España y colocando sus discos entre los más vendidos de este país en el que ya no se compran discos. Y lo hace con el rock, otro difunto ilustre que de vez en cuando vuelve a levantarse haciendo ruido. Hay una máxima que se aplicaba a Lola Flores que creo que encaja bien con Loquillo: no canta, no baila, no se lo pierdan. Efectivamente, el del Clot barcelonés no estará nunca en una lista de los mejores cantantes y sin embargo pocos pueden discutirle el trono de mejor 'frontman' del país. El escenario es su reino y lo gobierna como quiere, unas veces imponiendo su monumental físico y otras delegando en su poderoso ejército de guitarreros liderado por Igor Paskual. Un concierto de Loquillo es una celebración del rock'n roll, que es lo más parecido que hay a celebrar la vida.

Otra de las críticas habituales que se le hace a  Loquillo es que debe su éxito a las composiciones de Sabino Méndez y que sin él no habría sido nadie. Más allá de que José María Sanz sea el firmante de la letra de grandes temas como Chanel, Cocaína y D. Perignon, Cruzando el Paraíso. Feo, Fuerte y Formal y En el final de los días por citar algunos ejemplos, hay canciones que no cobran vida hasta que encuentran a su intérprete. Sabino encontró en Loquillo el cuerpo en el que mostrar al mundo su alma y nunca ha encontrado mejor vehículo para hacer llegar sus composiciones al público. La historia dirá que ambos se beneficiaron mutuamente de su encuentro.

Los últimos intentos de cargarse a Loquillo tienen más que ver con la ideología que con la música. En una entrevista hace unos años en La Voz de Galicia le preguntaron cuántas veces la habían llamado facha y su respuesta fue "las mismas que rojo. Me gusta estar ahí, en ese punto". Algunos de los que últimamente le llaman facha lo hacen porque muestra públicamente su rechazo al nacionalismo catalán, porque parece ser que si eres de izquierdas no puedes ser ni siquiera crítico con lo que está ocurriendo en esta región donde al parecer se está construyendo la república socialista del futuro. Últimamente le han atizado también por unas declaraciones sobre la entrada en prisión del rapero Valtonyc, tal vez desafortunadas pero también tergiversadas para  conseguir un titular cazaclics con el que alimentar a las hordas de inquisidores tuiteros, entre ellos el rapero Pablo Hasel, que no dudó en invitar a que le lancen piedras en sus conciertos para defender la libertad de expresión. En esa misma entrevista Loquillo defiende a otros artistas y cantantes que han sufrido amenazas y represión como Isabel Coixet, Serrat, Las Vulpess... También recuerda que a él mismo le censuraron por Los Ojos Vendados, canción de denuncia de torturas policiales en Euskadi, mucho mucho más osada, por temática y por el momento en que se escribe, que cualquier cosa que vaya a escribir el bueno de Hasel en su vida.

Los que hablan del Loquillo Facha posiblemente tengan alguna dificultad para explicar por qué ha versionado canciones como el Spanish Bombs de The Clash o La Mala Reputación, como hizo antes que él el 'rojazo' de Paco Ibáñez. Tampoco es fácil de explicar que diga que todas las banderas son para quemar en la canción Piratas, que le dedique una canción a Salvador Puig Antich o que haya cantado, en catalán y todo, Quin fred al cor, camarada!, poema escrito para los milicianos republicanos. Pero a mí no me preocupa que Loquillo o cualquier otro cantante sea facha o sea rojo, a mí lo que me quita el sueño es que haya gente  que pida a los artistas que enseñen su carné del partido, para perdonarles la vida y darles su bendición o para animar al boicot a su concierto. Esto vale igual para Soziedad Alkohólika como para Serrat y Calamaro, al que le han puesto la cruz en la frente por ser taurino. ¿Se imaginan a la Santa Inquisición Tuitera cargando contra Lorca porque le gustaban los toros?

El compromiso político del cantante es loable, pero no puede ser nunca una obligación. A los artistas hay que juzgarlos sobre todo por su trabajo y no por sus ideas y actos, porque de lo contrario nos veremos obligados a censurar a todos los músicos, pintores, escritores y escultores nacidos antes del 2000. Vamos, que nos quedaríamos con Hasel, Valtonyc y las Flos Mariae. No contéis conmigo para eso.

Con todo lo que te he contado podrás imaginar que esta noche me encontrarás en el concierto de Loquillo en Cuenca. Y me verás cantar a pleno pulmón La Mataré porque la llevo cantando desde hace casi veinte años sin que se me haya pasado por la cabeza, de tanto escucharla, levantar la mano a una mujer. Nadie con un mínimo de inteligencia y que sepa distinguir entre realidad y ficción puede defender que Sabino Méndez escribió esa canción para defender a los hombres que hacen daño a las mujeres, del mismo modo que nadie en su sano juicio defendería que Trainspotting hace apología de la droga. Sí que hay otros valores en el repertorio de Loquillo que he absorbido durante años y han puesto banda sonora a mi vida, como la amistad ("Nada deja tanta soledad / como ver que se aleja de ti / tu compañero de viaje"), la resiliencia ("a fuerza de golpes, me convertí en fajador"), mirar hacia adelante cada día aunque las cosas están negras ("Días Mejores Vendrán, muy pronto y sin avisar"), a hacer las cosas por amor y en general a mantener como postura vital -o pose, lo que prefieras-, todo eso que él resume como Rock and Roll Actitud. Por eso le debía este artículo. Y porque después de escucharle a él vinieron a mi vida los Stones, Bowie, Led Zepellin... Eso también se agradece, claro. Aunque el Loco me sigue debiendo una entrevista, una cosa no quita la otra.

 

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