01/04/2018

La Resurrección tiene la última palabra en esta Semana conquense de Pasión y Muerte 2018

La última procesión de la Semana Santa se ha vivido con emoción y alegría, sobre todo el momento del encuentro, en torno a las 11:30 horas

Domingo de Resurrección. Foto: Á. Lucas

La ciudad ha despertado sabiendo que iba a suceder algo importante. Se ha desperezado y ha ido abriendo los ojos poco a poco para adaptarse a la luz. Tras los bostezos pertinentes ha empezado a ser consciente de que este domingo no es uno cualquiera, sino Domingo de Resurrección. El camino se ha bifurcado a partir de San Andrés, desde donde han salido los dos pasos de la Venerable Hermandad de Nuestro Señor Resucitado y María Santísima del Amparo.

La Madre, aún de luto, ha descendido por Solera. El Hijo, exultante y triunfal, por las Curvas de la Audiencia. Dos latidos acompasados, que finalmente van a parar al mismo corazón.  Con Él la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías; con ella la Banda de Música de Cuenca, para hacer el camino un poco más alegre para uno y más llevadero para la otra.

Cristo eufórico y resucitado ha sorteado ese serpenteante camino que conduce a Palafox para llegar entre júbilo y alegría a Calderón de la Barca. Por su parte, la Virgen del Amparo ha continuado su duelo al lado del río Huécar, paseo tan luctuoso como bello. Negro manto para negra pena, hasta encarar la calle del Agua, en la que en su final, se ha hecho la luz, se ha hecho la vida.

Y al tercer día, resucitó
Atrás han quedado ya el peso de la cruz, los latigazos parecen lejanos, incluso las sombras, los gritos, las burlas. Ahora ya solo existe la Vida, una vida que se abre paso por encima de todo y de todos. Una fuerza mayor que nos sobrepasa, un vuelco al corazón. En torno a las 11:30 horas en la Plaza de la Constitución ha tenido lugar el encuentro, que ha contado con mucho público, como es habitual. También se ha hecho la ofrenda de flores en el Monumento del Nazareno, un recuerdo para aquellos que ya no están.

El Encuentro se ha producido y con él, cientos de personas que allí se encontraban, han presenciado la alegría de mostrar públicamente este misterio de la fe. La Vida es más vida que nunca y la Resurrección se ha hecho evidente a los ojos de todos.

Y de repente todo es blanco, blanco de luz, blanco del bien sobre el mal, blanco de esa esperanza pura que nace después de cada Domingo de Resurrección en el que se renuevan las promesas del bautismo. Y por eso, el Manto de la Virgen del Amparo ha pasado de ser de negro luto a verde esperanza.

Un camino juntos
En los primeros compases de la mañana los banceros de las dos imágenes las han llevado un paso más solemne, más austero. Pero una vez que se ha producido ese momento de encuentro, la procesión ha seguido ya con los dos pasos juntos, Madre e Hijo, con un andar alegre, con bailes. Ambos pletóricos ante una ciudad que no ha faltado a la cita con la Resurrección.

El cortejo ha alcanzado Aguirre con aire señorial, la banda de la Junta de Cofradías anunciando que Cristo está vivo, la representación de todas las hermandades de la Semana Santa de Cuenca, con numerosa participación también. Después Jesús Resucitado, detrás la Virgen del Amparo. Seguidamente el alcalde de Cuenca, Ángel Mariscal, y el presidente de la institución nazarena, Jorge Sánchez, acompañado también por los miembros de la Comisión Ejecutiva de la misma. Y cerrando el desfile, como en muchas ocasiones, la Banda de Música de Cuenca.

Las diferentes hermandades de Cuenca han participado acompañando en la alegría a los que también acompañaron en la tristeza, dotando de colorido y variedad esta procesión de Domingo de Resurrección.

La llegada que es sinónimo del final
Unos minutos más tarde de lo habitual han alcanzado los dos pasos la Plaza de San Andrés. Primero ha entrado el Resucitado, con alborozo. De la misma forma ha llegado la Virgen y con los guiones y estandartes haciéndoles un pasillo para despedirse.

Con las imágenes dentro se ha puesto punto y final a la Semana Santa de Cuenca 2018, en la que han podido salir a la calle todas las procesiones; en la que ha habido una nueva procesión, en la que la Resurrección ha brillado. Un desfile que siempre despierta sentimientos encontrados: la felicidad de llevar a la calle un Cristo invicto, triunfante, heroico; pero también la pena de que la Semana de Pasión acaba.

El sentido de todo
Dar la vida por otro es vivir en el otro y el Señor lo ha hecho una Semana Santa más, nos ha vuelto a salvar, nos ha demostrado que el bien siempre vence y que quien está con Dios no debe temer nada. Cristo hecho hombre ha salido victorioso en esta Semana de Pasión para recordarnos que todos podemos ser mejores.

 

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