15/08/2018

La Puerta de San Juan sobrevive entre las dificultades

La puerta formaba parte de la estructura defensiva conquense y es hoy la única que se conserva en las antiguas murallas

Aspecto de la puerta de San Juan en la actualidad

Durante los últimos meses ha sido noticia desdichada la situación problemática de la Puerta de San Juan y eso, como suele ocurrir, ha tenido el contrapunto de que las miradas habitualmente indiferentes se hayan fijado, siquiera por unos días, en ese casi escondido rincón de la Cuenca más auténtica.

De la que fue Puerta de San Juan, surgida en la Edad Media y en actividad hasta finales del siglo XIX, sólo sobrevive el nombre y el pasadizo escalonado por el que se accedía a la ciudad desde los campos exteriores, pasando el control, singularmente tributario, establecido en este punto. La tradición quiere que por esta puerta entraran en Cuenca, mezclados con un rebaño de corderos, varios soldados cristianos cubiertos con pieles de cordero y conducidos por el pastor Martín Alhaja que burlaron astutamente la vigilancia que ejercía un guardián ciego que detectaba a los transeúntes mediante el tacto; el incauto guardián pensó que, efectivamente, eran corderos los que por allí pasaban y, al parecer, no había nadie más en la puerta para descubrir la superchería y así facilitó la entrada a la aguerrida tropa cristiana que, una vez dentro, abrió la puerta de verdad para que accediera el resto de soldados, consumando la conquista. Todo ello, naturalmente, mientras los musulmanes dormían a pierna suelta en la mejor de las tranquilidades, como si no estuvieran rodeados por un ejército enemigo. Eso ocurría en 1177.

La historieta se repite en otros varios lugares españoles por lo que su credibilidad es nula, aunque desde el punto de vista literario-turístico estas leyendas siempre son bien acogidas. La puerta, tal como está hoy organizada, tiene dos elementos bien definidos: el que corresponde a la calle de San Juan se forma mediante un atrevido arco escarzano, que no tiene semejanza con ningún otro de los que existen en Cuenca y sobre el que se levanta la que fue torre fuerte de la Casa del Infantado, una elegante residencia señorial del siglo XVIII perfectamente restaurada en tiempos modernos; hacia el otro lado, el pasadizo termina en un arco gótico que se continúa en una espléndida escalera, la Cuesta de de San Juan,  por la que se llega al Recreo Peral. Enfrente estaba uno de los auténticos palacios existentes en Cuenca, el del duque del Infantado, que debió ser una arquitectura notabilísima, desgraciadamente dejada arruinar cuando la famosa casa ducal terminó sus relaciones con la ciudad, sin que el poder público municipal acertara a tomar medida alguna para salvarla, hasta que finalmente fue demolida por completo para levantar en su lugar el actual Palacio de Justicia, cuya mamotrética figura nada tiene que ver con el edificio precedente. Menos mal que de aquel desastre una mente lúcida acertó a salvar el hermoso patio porticado de columnas escamadas de influencia italianizante.

La puerta formaba parte de la estructura defensiva conquense y es hoy la única que se conserva en las antiguas murallas. Probablemente existía ya en el periodo musulmán, con el nombre de Puerta de Aljaraz; en el siglo XIII fue modificada por el maestro de cantería Juanes de Zuloeta para quedar incorporada a la muralla. Por el arco escarzano de la calle se penetra en un angosto pasadizo que va a dar a un auténtico y magnífico mirador al río Júcar, al que se llega mediante una gran escalinata de piedra que baja de manera muy elegante y que, en su desarrollo, permite ir contemplando de manera progresiva la inconmensurable belleza de la hoz, con el barrio de San Miguel y el casco antiguo enfrente, que van ofreciendo una imagen cambiante a medida que se modifica el ángulo de visión. Es, desde luego, uno de los más hermosos paseos de Cuenca, por el que el paseante se acerca a la gran chopera que bordea las riberas, hasta alcanzar el Recreo Peral mientras se contempla el espléndido paisaje de la hoz.

La utilidad fundamental de la puerta era dar salida y entrada a la Hoz del Júcar, comunicación natural para los hortelanos que tenían sus predios en la ribera del río. A comienzos del siglo XX, cuando asomaba tímidamente por el horizonte urbano conquense un problema llamado circulación de vehículos, personas bienpensantes que veían venir lo que se avecinaba, tuvieron la idea de trazar un trayecto alternativo para subir a la parte alta, mediante una ronda exterior que arrancando en la Puerta de San Juan y bordeando lo que entonces eran huertas, llegaría a la iglesia de San Miguel y a la ermita de las Angustias, continuando luego hacia más arriba, una solución parecida a la que adoptaron en Toledo. Parece innecesario decir que a estas alturas de la historia semejante proyecto es una completa utopía.

Y ya que hablamos de la Puerta de San Juan no estaría de más que cualquier día de estos el responsable de su mantenimiento, o sea, el Ayuntamiento, tuviera la buena idea de poner orden y estética en este, por ahora, destartalado rincón de Cuenca.

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