27/09/2018
Opinión

La Junta, la Diputación y las Residencias

Ocho años durmiendo el sueño de los justos es el estado de tres residencias (Beteta, Cañete y Priego) en las que, en su conjunto, pueden haber sido "enterrados" del orden 14 ó 15 millones de Euros. Hoy leo con satisfacción en este medio (Voces de Cuenca) que la Diputación, en reunión ordinaria, aprueba una moción  solicitando a la Junta (Gobierno Regional) la puesta en funcionamiento, de inmediato, de estas residencias.

Es una excelente noticia para nuestros ancianos, puede que cerca de dos mil entre los tres municipios y las pequeñas poblaciones de su entorno, de los que un buen número espera impaciente que se les abran las puertas de la residencia de su pueblo,  y es una excelente noticia para el mundo del trabajo ya que, entre las tres residencias, podemos estar hablando de cerca de cien empleos, si es que no se rebasan. Es decir, que de una tacada, se da satisfacción a un colectivo especialmente vulnerable y necesitado de cuidados y a ochenta o noventa, puede incluso que a cien familias se les abre un horizonte de empleo, tan necesitado en nuestra provincia. Es, por lo tanto, una buena noticia para la Serranía.

No se trata de redundar sobre lo inexplicable de que tres esplendorosos inmuebles estén ocho años cerrados, probablemente deteriorándose y, desde luego, hurtando comodidad, bienestar y atención a personas que, principalmente por razones de edad, necesitaban, y necesitan, este servicio. Tampoco se trata de valorar la riqueza social dilapidada a causa de la carencia de este servicio, ni de haber despreciado ese potencial de empleo que el buen funcionamiento de esas residencias habría hecho necesario. Se trata, más bien, de allanar el camino, de engrasar los ejes, para que circule sin trabas la carreta de las soluciones a ese desatino. Esperemos que esta decisión de la Diputación sea el punto de arranque definitivo, el empujón que el caso necesitaba para ver abiertas las puertas y en pleno funcionamiento los servicios.

Es por eso que, en aras al buen ritmo de la burocracia que pilota el caso, considero de interés reflexionar sobre el uso que se hace de los impuestos que los ciudadanos pagamos religiosamente.

El proyecto se concreta en un convenio entre el Gobierno Regional y la Diputación para, en palabras del titular de Bienestar Social de la Comunidad, construir tres residencias en la Serranía conquense que supongan una mayor atención para los mayores, así como una inyección de desarrollo económico para la comarca. En 2010 concluyen las obras y, por el camino, si damos por buena la información que a finales de 2017 difunde la prensa, se han empeñado 13,5 millones de €. En este proyecto los municipios aportan el solar edificable en tanto que el coste de la obra terminada sería financiado en un 60% por la Junta y el 40% restante por la Diputación. Tal vez no estaría de más  matizar que el 100% de esta aportación económica sale de los impuestos que pagamos todos los ciudadanos.

Así que visto esto y constatado que las motivaciones que dan fundamento al proyecto no solo persisten sino que, probablemente, se han incrementado, las preguntas se amontonan, a la par que cuesta encontrar una explicación racional a tanta y tan prolongada desidia en tanta gente. ¿Cómo ha sido posible tanta y tanta gente, tantas y tantas autoridades, mirando para otro lado? Impensable en un contexto de pueblos dinámicos, vivos, celosos de lo suyo y de los suyos, pero claro está que este no es el caso de nuestros pueblos, superpoblados de ancianidad, acostumbrados a no ser tenidos en cuenta nada más que a la hora de reclamarles el voto, es decir, a ser importantes unos minutos, unas horas, un día como mucho, para ser olvidados durante años. Puede que incluso en buena parte de nuestros mayores esté subliminalmente arraigada la idea de que cada uno ha de vivir en su casa y morir en ella, al margen de los avatares que la vida pueda deparar. Es decir, puede que persista la idea de la familia tradicional, aquella que tenía a los hijos y nietos en estrecha convivencia y de forma natural los ancianos eran cuidados, atendidos. Hoy esa familia no existe, el progreso se encargó de destruir ese peculiar sistema de atención que garantizaba la seguridad a los ancianos y es evidente que aún no ha puesto en pie las estructuras capaces de garantizar los beneficios que antes proporcionaba la gran familia tradicional. Cierto que parece algo surrealista, y que probablemente lo sea, pero, entonces ¿Que explicación dar a que tantos ancianos, y sus familias, que se han visto afectados año tras años, han callado durante tanto tiempo?

Pero, ¿y las instituciones? El Gobierno Regional, la Diputación, que administran nuestros impuestos, ¿que han dicho ante el "breve" parón de ocho años y aún sin resolver? No se han interesado en cuanto al estado de la inversión realizada, de cómo estaban las obras. Tampoco se han informado sobre el tratamiento y si perduraban o no los problemas que pretendía paliarse (atención para las personas mayores y una inyección de desarrollo económico para la comarca). ¿Cómo es posible ese grado de incuria? ¿Entre sus funciones no está la de seguir y vigilar el uso que se hace del dinero entregado? ¿Cómo es posible esa laxitud?

Sin duda nuestros gobernantes, a todos los niveles, en este caso contados desde el Gobierno Regional hacia los estamentos inferiores, han de hacer frente y solucionar importantes problemas en su labor de procurar los mejores grados de bienestar para los ciudadanos, de ahí que esa mayor atención para las personas mayores que motivaron el proyecto y la inyección económica que podía suponer cerca de cien empleos si no los rebasaba, dado que lleva ocho años  olvidado, en dique seco, muerto, era para nuestros gobernantes un asunto menor, y los 14 o 15 millones de € empeñados en dicho proyecto un gasto menor. Increíble, pero cierto.

Dar respuesta a esa necesidad de atención a los mayores y de creación de empleo es un asunto urgente. No puede enterrarse nuevamente en los cajones de la Diputación o de la Junta. Debe procederse con diligencia. Tal vez sería suficiente con que en este asunto nuestros gobernantes pusieran el mismo empeño que se están empleando en impulsar desde las instituciones las malsanas macrogranjas porcinas que contaminan y atentan contra uno de los principales recursos económicos que tiene la Serranía, a saber, el medio ambiente y ligado a él el turismo, porque, y ahora me hago las últimas preguntas, ¿Cuántas macrogranjas porcinas son necesarias para crear cien empleos? ¿Cuántos empleos destruyen estas macrogranjas en la "industria" del turismo. Creación de cien empleos y atención a las personas mayores, ese es un asunto importante. Un asunto que espera solución, y una solución que es necesaria ya. La apertura de las tres residencias sí que es dar respuesta a un importante problema y satisfacción a importantes necesidades. Que la rueda no pare. Que se abran ya.

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