23/05/2018

La despoblación de Cuenca y el 'Know-How'

Ya iba siendo hora de que intelectuales, periodistas e instituciones públicas de nuestra provincia y de nuestra región, cayesen en la cuenta de que Cuenca (provincia), se está despoblado, si es que alguna vez ha dejado de despoblarse, especialmente desde que empezara la maldita crisis 2008-2014 (que todavía no ha terminado por esta tierra).

Si en su conjunto la provincia ha estado unos años aumentando algo su población, ha sido por el crecimiento experimentado por la Ciudad de Cuenca y unos pocos pueblos, todos de más de 5.000 habitantes o cercanos a esa cifra, que crecieron en gran parte a costa de los habitantes de otros pueblos mucho más pequeños de su entorno que cambiaron de residencia en busca de mejores servicios, sobre todo sanitarios y educativos.

Las alarmas parecen haber saltado porque según el INE, capital ha bajado por primera vez desde 2003 de la cifra redonda de los 50.000 habitantes, sin que hasta ese momento las autoridades provinciales hubieran dado muestras de alarma por la progresiva despoblación de la Cuenca Rural.

En noviembre de 2017, por tanto cinco meses antes de que se conocieran los datos del INE de 2017,  publiqué un modestísimo estudio elaborado con los datos demográficos de los años 1887, 1919 y 2016, especialmente de los dos últimos, recurriendo a la meticulosidad del autor de la Guía Larrañaga de Cuenca y su provincia; que para los de 1919 enumeraba pueblo por pueblo sus habitantes; y al INE para los de 2016; de 1887 sólo dispuse de una anotación en dicha Guía en las que especificaban solamente los habitantes del total de la provincia y los de la capital en aquella fecha.

Se publicó en el Blog "En Tarancón: Opinión y Cultura" con el título de LA CUENCA RURAL AGONIZA; pero pese a haber recibido más de dos mil visitas, nadie se hizo eco de ello, ni en prensa ni en foros políticos provinciales; seguramente a causa de la irrelevancia de un autor totalmente desconocido en la capital. 

No es la primera vez que Cuenca, tanto la provincia como la capital, sufren una crisis demográfica, ya que desde 1940 al 2000, perdió un tercio de su población, que entonces era de unos 300.000 habitantes. Se recuperó algo en los años de bonanza económica para volver a declinar, poco a poco, hasta el día de hoy en que ha vuelto a bajar de los 200.000 y la capital, que de estar cerca de los 60.000, a estar por debajo de los antedichos 50.000. Luego sólo fue una mejoría temporal, pues desde los años 60 hasta su mayor recuperación, nunca superó los 212.000 habitantes.

Nuestra provincia no es la única en sufrir esta sangría constante, que afecta fundamentalmente a la población más joven. Los que están en edad de trabajar, porque se van en busca del trabajo que aquí no encuentran, los unos porque no lo hay, ni en la construcción ni en la agricultura ni en la escasa industria, y los más formados porque prueban suerte en ciudades grandes donde las oportunidades de encontrar un trabajo acorde con su formación, son mayores.

Hace unos días leí y escuché en un vídeo de Internet una conferencia en la fundación Rafael del Pino, titulada "Nosotros y la Prosperidad", por Ricardo Hausmann donde empieza preguntándose "qué hace que los países sean ricos o pobres". A partir de ahí desgrana su teoría, que para resumir, concluye en que es debido fundamentalmente al tejido de gente con una cultura superior y profesionales titulados especializados, formada en las diferentes nuevas tecnologías y capaces de resolver sobre la marcha los problemas cotidianos de cualquier empresa, universidad o centro de investigación, además de haber desarrollado puestos similares en otras empresas, creando una tendencia al sumarse la iniciativa empresarial a la facilidad para encontrar profesionales que "sepan cómo" (know how), es decir, que tengan los conocimientos necesarios para desempeñar puestos clave para el funcionamiento de una empresa grande, mediana o incluso pequeña: ingenieros, administrativos, peritos, arquitectos, médicos, informáticos, y a ser posible con dominio de uno o dos idiomas además del propio. 

Esas conclusiones son aplicables también a una economía a escala provincial y regional, y por tanto, esto nos lleva a hacernos varias preguntas: ¿Abundan en Cuenca este tipo de técnicos?, ¿reúnen nuestra provincia y nuestras mayores poblaciones los requisitos mínimos para el establecimiento de empresas modernas y con ambición de crecer?, ¿sería atractivo para este tipo de personal tan formadas trasladarse a Tarancón, Pedroñeras, Mota del Cuervo, Motilla del Palancar, San Clemente o Quintanar del Rey, por citar sólo algunos de los pueblos mayores que han mantenido una línea de crecimiento? ¿Está la Ciudad de Cuenca preparada para afrontar un desarrollo industrial? ¿Tenemos una reserva de titulados en esas disciplinas? ¿tenemos unas infraestructuras adecuadas para empresas que requieran transportar sus mercancías por un ferrocarril moderno que no sea el AVE?, ¿Existe algún intercambiador de transportes, de carretera a ferrocarril y viceversa, con estación de contenedores en algún punto de la provincia? La respuesta, a mi juicio, es no, rotundamente no, porque aunque parezca increíble, la capital no se ha implicado en la lucha por un ferrocarril tradicional moderno y rápido, el sueño parecía ser el AVE, porque creo que en la ciudad de Cuenca se ha dado por hecho que el ferrocarril no sería nunca necesario, porque la Ciudad de Cuenca parece haber renunciado a dar salida algún día a mercancías por ese medio y ha apostado sólo por el turismo y la función pública y ha considerado que las viejas vías que atraviesan la ciudad son sólo un estorbo.

En Tarancón hubo tres empresas que incluso tuvieron un acceso ferroviario para exportar  sus productos y recibir sus mercancías por ferrocarril. La primera fue la fábrica de bicicletas Orbea que lamentablemente cerró;  la siguiente fue la extractora de aceite de girasol (Olcesa), que sigue teniendo acceso para el ferrocarril, aunque hoy es privada y su nombre es Acesur; y la tercera la vinícola Civinasa, que producía y exportaba vinos de la Mancha Alta a granel por trenes de cisternas hacia el puerto de Valencia, ubicada en las mismas instalaciones y terrenos de Orbea, pero que también cerró y hoy es un parque y una urbanización de viviendas.

Las autoridades, locales, provinciales (sobre todo), y también las regionales y gubernamentales, pues nada haríamos sin su apoyo, deben decidir de una vez si apuestan por buscar el desarrollo a través de la industria y potenciando unas infraestructuras adecuadas, sin que ello represente tener que abandonar el desarrollo turístico, o si están convencidos de que sólo con el funcionariado, el turismo y las cada vez más debilitadas microempresas, podrán invertir la tendencia hacia la despoblación, el envejecimiento y la lenta agonía de esta provincia, la misma de la que en el Renacimiento se decía: "di que eres de Cuenca y entrarás gratis".

Para mí está claro que sin esa malla o red de profesionales bien formados, sin incentivos fiscales y económicos, y sin unas infraestructuras adecuadas, esta provincia se irá al carajo, sumergida como está en un proceso imparable de despoblación al haber dejado que se forme una especie de pescadilla que se muerde la cola, una ecuación malévola: A menos jóvenes, más viejos y menos nacimientos; a menos habitantes, menor consumo y menos oportunidades de que los pequeños negocios prosperen; a menos habitantes y menos poder adquisitivo, menos posibilidades de que se monten y mantengan negocios rentables.

Hoy en día para un emprendedor de nuestra provincia, abrir una tienda en la Cuenca rural, es casi como poner una heladería en la Antártida.

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