14/09/2017

La Cuenca romana: viaje al centro de nosotros mismos

Las ciudades de Segóbriga, Ercávica y Valeria y las minas de lapis specularis seducirán al visitante que busque reencontrase con las esencias de la época clásica

 

Pocas civilizaciones han dejado tanta huella en nuestra forma de ser, individual y colectiva, como la Antigua Roma. Lo que somos tiene mucho que ver con lo que fueron antes los romanos que pisaron la tierra que ahora pisamos. El idioma que hablamos no deja de ser un latín evolucionado y las leyes que nos rigen no distan en su esencia del Derecho que nos legaron.  Por eso no sorprende que cada piedra, cada testimonio de su presencia, ejerza sobre nosotros una poderosa fascinación. Viajar hasta los enclaves donde perviven sus vestigios es más que un viaje por el espacio -o incluso por el tiempo- es un travesía hacia el centro de nosotros mismos.

Y un destino imprescindible para esa travesía casi iniciática es Segóbriga que es probablemente el yacimiento arqueológico de esta época más interesante de la Meseta y -con permiso de Tarragona, Mérida e Itálica- una de las grandes referencias de la antigua Hispania.  Está en el actual término municipal de Saelices y a un paso de la autovía A-3, con la que tiene fácil acceso.

Uno de sus símbolos es su teatro, de pequeñas dimensiones pero excepcionalmente conservado.  La construcción se debió iniciar en tiempos de Tiberio, se levantó en época de Nerón o Claudio y fue inaugurado en torno al año 79 d.C., con Tito y Vesprasiano, según constaba en una gran inscripción monumental cuyos restos se encontraron en las ruinas. Lo mejor de este monumento es el graderío o la cavea, que está perfectamente conservado en su partes baja y media. 

La parte inferior conserva una orchestra casi semicircular rodeada de tres escalones para los asientos de las autoridades. Unas piedras que no son solo reliquia u ornamento ya que cada año vuelven a recuperar su función original y acogen a espectadores y actores el Festival de Teatro Grecolatino que congrega a miles de estudiantes de toda España. En ocasiones también es escenario de conciertos y otras actividades culturales.

Un anfiteatro para 6.000 espectadores 

También recupera vida y esplendor periódicamente el anfiteatro, con batallas de gladiadores, festivales de rock y otras actividades que organiza la Diputación Provincial, institución que gestiona el parque arqueológico y apuesta también por iniciativas como visitas guiadas nocturnas.La construcción es de forma elíptica irregular y abruma por sus cifras: Casi 6.000 espectadores de aforo y 75 metros de largo. Está excavado ganándole terreno a la ladera del cerro y se levanta sobre bóvedas inclinadas organizadas radialmente. Ni el tiempo (fue construido entre los siglos I y II d.c.) ni el expolio han conseguido robarle su atractivo y destaca por su conservación, especialmente en estancias como los cuartos de las fieras.

La visita no se agota en estos dos emblemas sino que permite también descubrir los restos de la muralla de 1.300 metros de recorrido que circundaba la ciudad. O de la Basílica Civil y el templo de culto imperial, por ejemplo. Mención aparte merece el criptopórtico, restaurado por la institución provincial, y que es una estructura subterránea que sirvió para sostener uno de los pórticos que rodearon la plaza pública de la ciudad.

No hay que perderse tampoco las necrópolis y los dos conjuntos de termas. En uno de ello es posible ver una piscina fría casi intacta. Sobre otras se levanta una ermita del siglo XV, dedicada a Nuestra Señora de los Remedios y referencia de una romería en el último fin de semana de mayo, con danzantas como gran reclamo etnográfico. También son accesibles los testimonios del circo que nunca se llevó a acabar y fragmentos de un acueducto.

Para entender mejor estos enclaves y el pasado de la gloriosa Segóbriga es más que útil dedicarle un buen rato al Centro de Interpretación del parque, concebido como una vivienda romana y de marcado carácter evocador y didáctico. La exhibición de piezas procedentes de las excavaciones o recreaciones como las del templo dedicado a Diana son solo algunos de sus argumentos. A este recurso se sumará en breve el Museo de los Epígrafes. Para preparar la expedición a todo el conjunto una fiable ayuda es la página oficial del Parque.

Segóbriga es tanto, por fuera y por dentro de la tierra, que también permite descubrir la herencia visigoda en su Basílica. El edificio de la que fue cabeza de Diócesis tiene tres naves separadas por diez columnas, con un crucero central y un ábside de planta octogonal con cripta. También pervive un castro celtíbero.

Lapis specularis

La ciudad alcanzó su esplendor como centro comercial y administrativo de una zona donde proliferaron las minas de lapis specularis. Este tipo de pierdra de yeso traslúcido es actualmente conocida como espejuelo o espejo de lobo y fue un mineral muy valorado y usado en la Antigua Roma porque se utilizó como cristal, especialmente de ventanas, durante los dos primeros siglos de nuestra era. Las explotaciones mineras proliferaron en la actual provincia conquense que, por estos y otros motivos, es una auténtica tierra prometida para aquellos que gusten del denominado turismo subterráneo.

Hoy en día es posible adentrarse en algunas de esas minas, que se han acondicionado para la visita turística gracias al Plan de Mejora de Infraestructuras Turísticas de la Diputación. Es el caso de las de la pedanía optense de Saceda del Río, las de Torrejoncillo del Rey o las del Torralba. Se recomienda concertar visita para disfrutar de una experiencia única que es accesible para diferentes edades y capacidades pues cuentan con diferentes tipos de itinerarios. 

Una ciudad romana y visigoda a orillas del Mar de Castilla

Las entrañas de la tierra siguen siendo generosas también en Ercávica, otra de las grandes ciudades de la Cuenca romana. En plena Alcarria, prácticamente a las orillas del Mar de Castilla que configuran los embalses de Entrepeñas y Buendía. Se ubica en el término municipal de Cañaveruelas en el denominado Castro de Santaver.

Por la historia y la arqueología, por las referencias documentales y los vestigios, sabemos que en su origen fue una belicosa ciudad celtibérica que acabaron destruir los romanos. Éstos, no antes de la primera mitad del siglo I antes de Cristo, fundaron la nueva urbe, que alcanzó en la época de Augusto status municipal y un impulso monumental. Tras su declive recuperó su condición de importante núcleo en época visigoda (fue también sede episcopal) y en época musulmana, como cabeza de cora.

A cinco kilómetros de la actual Cañaveruelas se encuentra el yacimiento, al que se llega por un camino bien señalizado. De todos los restos destaca, por su grandeza, el foro. Era el complejo monumental que constituía en el centro de la ciudad y está articulado mediante un criptopórtico espléndido.

Las termas también fascinarán al curioso. Conservan varias piscinas y también una sauna subterránea abovedada. En el horno, apenas a unos metros, se conservan las baldosas originales. Si se buscan excepcionalidades se encontrarán en la muralla, uno de los escasos ejemplos que quedan de la arquitectura defensiva tardorrepublicana en Hispania.

Vestigios hispano-mozárabes relacionados con El Grial

Una de las zonas más bellas se encuentra al Sur del Foro. La constituyen un conjunto de viviendas en las que es posible todavía apreciar pinturas murales. La más famosa es la Casa del Médico, llamada así porque se halló en ella utillaje sanitario. Fue construida en diferentes terrazas, aprovechando el desnivel topográfico.

En el área bautizada como el Vallejo del Obispo se ha excavado un monasterio hispano-visigodo, un monasterio servitano que es el único yacimiento mozárabe del territorio conquense. Algunos investigadores lo relacionan con la llegada del Santo Grial a España.

Desde este enclave es ver posible también, si las aguas del embalse lo permiten, los restos del añorado balneario de La Isabela, del siglo XIX yXX. Fue fuente de inspiración para la novela 'La Memoria del Agua' y la serie televisiva basada en ella. Desde el cercano monasterio de Monsalud, ya al otro lado del límite provincial con Guadalajara, se organizan visitas guiadas y otras actividades.

Ninfeo espectacular y las proto-Casas Colgadas

Y desde Ercávica a Valeria para completar el triunvirato de grandes ciudades romanas de Cuenca y de obispados visigodos. Aquí se asentaron pueblos como los olcades y fue refundada en sobre el año 90 antes de Cristo por por Gaius Valerius Flaccus y comenzó su monumentalización con Augusto y su esplendor se extendió del siglo I al IV de nuestro tiempo. Valeria es, en muchos aspectos, un antecedente de la actual capital conquense: una fusión de historia y naturaleza espectacular y un lugar propicio a las audacias arquitectónicas.

El yacimiento, que se encuentra al lado del pueblo homónimo en el municipio de Las Valeras. Un buen punto de partida para comenzar el recorrido es el Centro de Recepción de Visitantes y tomar las herramientas intelectuales necesarias para encaminarse hacia el asentamiento. 

El asentamiento está condicionado por su peculiar topografía, en un terreno escarpado y abrupto junto a las Hoces del río Gritos. Actualmente es visitable su Foro o Foros ya que sobre el republicano se edificó el de época imperial. Permanecen sus espectaculares pórticos.

En torno a él permanecen los restos de la basílica y de la tabernae, que contenía tiendas, talleres y almacenes. Y, sobre todo, el ninfeo, símbolo de esta ciudad, que se habilitó como fuente ornamental, siendo la mayor de todas las conservadas del Imperior Romano. Su muro de contención se extiende por 105 metros de longitud.

También hay en Valera lo que se podría denominar como unas 'proto-Casas Colgadas'. las viviendas particulares se adaptaron a las laderas y bordes de la hoz configurando un arquitectura vertical, abigarrada y osada. Así se voló al vacío de los acantilados parte de su estructura. Sobrecoge ver los restos de aquellas edificaciones.

No hay que olvidar las cisternas repartidas por las zonas y las termas, que se excavan en campañas estivales que ya han sacado a la luz mosaicos, estucos y mármoles. Y los restos de la muralla medieval.

Un lugar donde empaparse del pasado clásico siempre, pero mucho más durante las Jornadas Romanas A Valeria Conditia que se celebran en julio y que llenan las evocadoras rocas de recreaciones históricas, espectáculos teatrales, demostraciones y mercadillos. El pueblo entero se viste como sus tatataratataraabuelos romanos.

Antes de marcharse, el visitante agradecerá regresar al actual núcleo de Valeria y dejarse caer en la iglesia parroquia de Nuestra Señora de la Sey, en la Plaza Mayor. Es el templo más grande de los de estilo románico que hay en la provincia conquense: tres naves en planta rematadas por ábsides semicircularesy en cuya construcción se reutilizaron columnas y otras piezas de la ciudad romana. Dispone de un coqueto e interesante Museo Parroquial y es original y bella como pocas.

Belleza, así con toda la plenitud de la palabra, es la mejor definición de los profundos cañones que se articulan en tono al río Gritos, donde habita fauna como el búho real o el halcón peregrino y abundan las alamedas, tomillares y comunidades de sabina negra. Una zona que ofrece grandes posibilidades a los amantes de la escalada. 

 

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