12/10/2017

La Balompédica cae en Villacañas en un partido en el que riñó con el gol (2-0)

Los visitantes encadenaron numerosas ocasiones y arrinconaron a su rival en el área pero dos tantos locales tempraneros y el acierto de la zaga y el portero toledanos le impidieron puntuar 

Villacañas Conquense 2017

Derrota de la Unión Balompédica Conquense en Villacañas por 2-0 en un partido que se torció desde los primeros compases y en el que los blanquinegros, además de tres puntos, se han dejado en la gatera su condición de único equipo del grupo XVIII de Tercera División que había marcado en todos sus encuentros.

No se le puede reprochar falta de ambición al conjunto de Luis Ayllón, que comenzó atacando y pagó una abultada factura por esa precoz vocación ofensiva. El conjunto local bordó una contra de antología y en el minuto 7 se adelantaba tras un gol de Jaime Beamud a pase de Carlos Capelo.

El adelanto de los toledanos obligó a los visitantes a intensificar su entrega en el campo.En el minuto 19 se le anuló un tanto a Paco Tomás. Y, como las desgracias son alérgicas a la soledad, dos minutos antes se tenía que marchar Vicky por lesión. Fue sustituido por Coscolín.

El Villacañas, mientras, aprovechó el viento de cara para jugar el partido que quería jugar. Es decir, defensa solvente y contras como razzias aprovehando los huecos que qudaban libres en el campo. Chata fue una pesadilla recurrente, yéndose sistemáticamente de la zaga rival aunque afortunadamente para los intereses conquenses, sin fortuna. 

En una de las contras locales  llegó el 2-0 en el minuto 28. Esta vez Carlos Capelo puso el último remate y Javier Crespo, muy activo en la primera mitad, el que se lo había dejado en bandeja con una asistencia providencial.

Así se llegó al descanso en Las Pirámides con una segunda mitad en la que el Conquense se sacudió de las camisetas y las botas el desconcierto y trató de parecerse a ese equipo que sabe ser. Apretó, redobló esfuerzos ofensivos y despliegue en el terreno de juego. Y miró a puerta una y otra vez pero o bien la muralla de la defensa o el acierto del meta local Ángel Pérez disuadían cualquier esperanza.

Dio igual que arrinconase a su rival en su área, el balón no quería entrar y no entró, como un niño testarudo que rechaza las verduras. Y el Villacañas, que llevaba pidiendo la hora casi desde el comienzo de la primera mitad, se permitió el lujo de tener algunas ocasiones con las que acabó el partido. 

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