19/04/2019

Jueves Santo barroco

Dos conciertos muy diferentes, tanto en perspectiva interpretativa como en instrumentación, pero ambos destacables y solventes

Cappella Cracoviensis-Jorge Jiménez © Santiago Torralba-SMR

El ecuador de la 58 edición de las SMR de Cuenca se detuvo en distintas corrientes del barroco europeo. Dos conciertos muy diferentes, tanto en perspectiva interpretativa como en instrumentación, pero ambos destacables y solventes.

CAPILLA DEL ESPÍRITU SANTO

Este mágico espacio de la catedral de Santa María y San Julián, tan bien restaurado, fue el marco para un concierto con una formación poco habitual en la historia de nuestro Festival como es la de trompeta y órgano. Los protagonistas, dos jóvenes talentos nacionales: el organista Pablo Márquez Carballo y el trompetista Manuel Blanco. Nos mostraron un repertorio que viajó desde el barroco centroeuropeo de los siglos XVII y XVIII, el estilo galante de Leopold Mozart hasta el estreno de «Unc praeclarum calicem», del propio Pablo Márquez Carballo. Ambos mostraron un importante conocimiento de estilo, a pesar de ser un híbrido entre el órgano tardobarroco de la capilla y la trompeta  piccolo de construcción modernizada. El virtuosismo de ambos y el conocimiento de estilo fue patente y celebrado. La obra de estreno es una página laboriosa, nacida de melodías gregorianas, reiterativa en la utilización de ideas, intensa y en crescendo dramático. Una excelente aportación que fue muy aplaudida por un público que llenó la capilla.

BARROCO ITALIANO EN EL AUDITORIO

Por la tarde nos esperaba un plato fuerte, precedido por la excelente conferencia del musicólogo y doctor en Bellas Artes Marco Antonio de la Ossa, que mostró un laborioso estudio de la vida musical de Vivaldi y la programación de su obra en nuestro festival desde 2001 hasta nuestros días. A continuación, se presentó uno de los platos fuertes de la presente edición: el contratenor Xavier Sabata – que ha conseguido una importante proyección nacional e internacional— junto con la Cappella Cracoviensis, dirigidos desde el concertino por el violinista natural de Vilanova i la Geltrú, Jorge Jiménez.

La proliferación de agrupaciones de música antigua con instrumentos originales hace que no siempre tenga una referencia clara de aquellas que no son más habituales en el circuito. La Cappella Cracoviensis despejó las dudas, comportándose como una agrupación conocedora del estilo italiano. Las cuerdas fueron ganando peso a lo largo del concierto, frasearon con detallismo y jugaron con los distintos colores del continuo, gracias a los permanentes cambios de la tiorba a la guitarra barroca y del clave al órgano. El crescendo general del concierto también se sintió en la voz de Xavier Sabata, que de la lógica frialdad inicial evolucionó hacia un Stabat Mater de Vivaldi pleno de emoción contenida. La progresión emocional se trasmitió a un público que fue entrando poco a poco y que explotó con el "bis" haendeliano del oratorio "Saúl".

No quiero dejar esta crítica sin nombrar las excelentes y detalladas notas al programa de profesora Olga Fernández Roldán. Su texto es digno de recordar y releer como fuente de conocimiento.

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