09/08/2019
Opinión

In Memoriam

9 de agosto. Nunca os he honrado públicamente porque vuestra memoria es nuestra, privada y no es colectiva. La muerte no es socializable ni la memoria colectivizable. Memoria e historia es un oxímoron: la memoria es de cada uno, la historia de los historiadores. Cada uno la acepta de una manera, los creyentes lo tenemos más fácil. Y, probablemente y amparada en la privacidad, nunca lo hubiera hecho si no hubiera una ley ideológica, sectaria, innecesaria y profundamente injusta, que os sitúa, con mucha perversidad, en el bando de los "malos" y si no hubiera un clima proclive a resucitar los odios y los miedos creada al amparo de la ignominiosa ley. Incluso me dicen que se va a legislar para crear una Comisión de la Verdad, quien dirá lo que es verdad pertenece al relativismo moral y al pensamiento único. Se habla de multas para los que osemos discrepar de esa postverdad.

Pero hoy lo hago porque es justo y porque estoy orgullosa de llevar vuestra sangre desde que tuve conocimiento de las trágicas circunstancias en que la perdistéis con la vida, aunque nunca os conocí. Allá donde estéis, os cuento que ahora hay una ley (ley 52/2007) para la memoria histórica de las víctimas que sufrieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura (y para honrar a unos extranjeros que vinieron a matar españoles cuando vosotros ya estabais muertos, Brigadas Internacionales las llaman), pero no os alegréis, sufristeis violencia, la peor, la mortal, pero la ley os deja fuera, porque su tenor literal no habla de la represión contra vosotros ni de la violencia que se desató en España desde febrero de 1936, de los que prostituyeron la República y portaban banderas de la URSS o de los que quemaban iglesias y, aun antes, en el 33 cuando las izquierdas no pudieron soportar que las derechas ganaran las elecciones, se intentó el golpe en el 34 y la violencia fue, desde entonces, habitual y, siempre desde el mismo lado y contra los mismos culminando con el asesinato del que era jefe de la oposición. Nunca pudisteis imaginar que, en unos días, acabaríais como él.  El espíritu de la ley no os contempla, no habla de vosotros, no restaura vuestra memoria porque ni siquiera os menciona.....bueno, sí lo hace, cuando dice que os quitemos todas las placas, inscripciones o reconocimientos que se os hizo, a vosotros tampoco os toca nada porque las inscripciones las tenéis en un cementerio, en una lápida privada, hecha por vuestra familia, nosotros, no por el Estado (3 de vosotros, el otro, Dios lo tiene en alguna tierra ajena).

Definitivamente y, tras escudriñar la ley, no os encuentro en ella, sólo encuentro a los que se posicionaron o los posicionaron en el otro lado en un determinado momento y en un determinado lugar.

Y yo me pregunto.....¿Cuál fue vuestro bando si fuistéis asesinados antes de que ni siquiera hubiera dos bandos o hubiera un frente? ¿en qué momento del trágico verano del 36 os posicionásteis u os posicionaron en uno otro bando en un pequeño pueblo de Cuenca donde todos os conocíais? ¿Por qué?

¿Cómo pudistéis apoyar el alzamiento si fuisteis detenidos tan solo 5 días después y asesinados antes de que Franco cruzara el estrecho y tomara el mando meses después? Si cuando empezaron los tiros, vosotros ya estabáis asesinados, detenidos o perseguidos sin juicio, si no andabais en politiqueos, ¿quién y por qué os colocó en un bando?  En todo caso, si el tío Francisco, el único que murió en guerra y en acto de guerra, "entusiasta de la causa nacional", lo hizo al lado de los que no torturaron y asesinaron sin juicio a su padre y hermanos, quién es el valiente que se atreve a decir si es que pudo elegir otro bando, ¿acaso pudo vivir y morir de otra manera sino honrando la memoria de los suyos?

Dicen los defensores de la sectaria y hemipléjica ley que a vosotros ya se os reconoció y honró mucho en otra época. Niego la mayor. Las familias enterraron a sus muertos, los que pudieron (nosotros tampoco a todos vosotros), se lamieron las profundas heridas, vivieron como se puede vivir sin un brazo, sin los dos o sin las dos piernas y los dos brazos, perdonaron, se reconciliaron las familias en los pueblos pequeños y saludaron esperanzados el espíritu del 78. Sólo cuando vuestra hija y hermana murió en 2001 (gracias a Dios no tuvo que sufrir a ese gobernante que se cargó ese espíritu del 78 con una ley ideológica que abrió las tumbas y las heridas, Dios le evitó revivir el dolor en sus cuatro cicatrices), descubrimos los "grandes" homenajes que os hizo el bando al que supuestamente pertenecisteis, (insisto, no pudisteis elegir, tres por razones cronológicas, el cuarto por estar con los que no os asesinaron, no le dejaron elección): 4 banderas de España y 4 medallas en el fondo de un baúl de Caídos por Dios y por España, sin pensiones pues no les mató la guerra sino el odio, guardadas como se guardan las fotos de una catástrofe natural, que no pueden restañar la amputación traumática de los cuatro miembros, así os sobrevivió ella, de otra forma, sin perdón y sin la ayuda de sus profundas convicciones religiosas, no habría podido soportar el dolor ni seguir viviendo. Lo sé porque fue mi abuela, jamás habló de la guerra que le arrebató a su padre y a sus únicos tres hermanos. Solo muy tarde supe de sus circunstancias, cuando cayó en mis manos el martirologio de Cuenca, nunca jamás de su boca, solo alguna vez dijo "eso fue cuando la guerra, Dios quiera que nunca vuelva" y aquello del "pan no se tira", en recuerdo del hambre que pasó. Con esa fuerza del "eso" que no es nada y a la vez es todo, lo que marcó su vida para siempre partiéndola en dos: el antes y el después de la guerra. Si alguien que lo perdió todo supo perdonar, convivir sin rencor con los que probablemente tuvieron algo que ver con su luto, ¿quienes somos los demás para removerlo todo? Nosotros no nos criamos en el rencor porque no vivimos en el odio sino en el perdón que nos inculcó mi abuela, ni en el pasado, sino en el recuerdo y en el futuro. Maldito presente el de las últimas épocas que habla de buenos y malos.

¿Por qué hablo de la guerra si solo uno de vosotros cayó en acto de guerra? No os mató la guerra, fue el odio desatado de los primeros días del verano del 36 del bando que devino en "perdedor" ¿qué juicio tuvistéis?, ¿de qué se os acusó?  ¿de católicos?, de ser de derechas?, de buscar al padre, saber por qué lo detuvieron y asesinaron sin juicio? Teníais solo 17, 22 y 24 años y quisisteis saber qué pasó con el padre.

¿Pertenecieron vuestra hija y hermana, y vuestra esposa y madre al bando "ganador"? ¿qué es lo que ganaron? Solo hambre, miedo y mucho dolor, lo demás lo perdieron todo, a todos los hombres de su familia, padre y hermanos, esposo e hijos, la alegría, los planes de futuro, su casa, su pueblo, la huida, quedaron solas con un bebé de meses, mi tío Paco, escondidos en un pueblo vecino, jamás agradeceremos lo suficiente  a la gente de Villar del Humo lo que hizo por ellas, escondiéndolas y protegiendo al único varón que se salvó porque también a él lo querían, un bebé de meses que hoy es coronel retirado de la guardia civil, cómo no, mientras el marido, mi abuelo, pasó la guerra, movilizado al frente de Badajoz a 600 km, como médico, salvando vidas, sin pegar un tiro. Por eso, mi padre nació en enero del 40, echen cuentas, y por eso se lleva 4 años con su hermano mayor, los años que partieron la vida de mi familia y la de tantas otras.

Mi abuela cerró su piano para siempre, se acabó la música y vistió luto por vosotros el resto de su vida. No habló de la guerra nunca, sólo del hambre. Lo vivió como se vive una catástrofe natural que deja profundas heridas, incurables, sin olvido pero con perdón, con tristeza inmensa pero sin rencor y puso vuestros nombres a 4 de sus 8 hijos para perpetuar vuestra memoria.

Vosotros no tuvisteis el juicio del que gozaron otros, ¿cómo ibais a tenerlo si no teníais delitos? otros, con delitos como las cacareadas 13 rosas rojas o el asesino Marcos Ana, tuvieron la suerte de ser juzgados por tribunales legitimados, si bien con un CP que incluía la pena de muerte, con la que estoy radicalmente en contra y de la que muchos escaparon gracias a la magnánima ley de amnistía, pero siempre con un procedimiento y un proceso con las debidas garantías, las del momento.

Tampoco tuvisteis ley de memoria histórica porque ésta no es para vosotros sino para vuestros asesinos y ni siquiera la queremos para buscar al tío Jesús. Para nosotros, Dios ya lo encontró, aunque nos gustaría rezarle junto a su padre y hermanos.

Solo pedimos que nos dejen conmemorar vuestra muerte en paz porque son nuestras muertes, sois nuestra memoria y así lo haremos hoy, 9 de agosto, en el sitio donde asesinaron al bisabuelo, después de torturarlo, perdonando, porque todos perdimos en esa lucha fratricida y con reconocimiento, a todos, porque hubo miles de inocentes en los dos bandos, se sufrió infinitamente en ambos, pero nosotros lo haremos en privado, con un Crucifijo, pero sin leyes ideológicas, ni banderas de otras latitudes o de tres colores, ni colectivos asaltatumbas y revueltacunetas, ni pancartas, ni ayudas públicas y, sobre todo, sin odio, porque ni los queremos ni los necesitamos para honrar vuestro nombre, memoria y gloria. Quiero pensar que vuestras muertes, innecesarias, no fueron inútiles, nos dejaron el espíritu de la reconciliación que algunos se empeñan en destruir 80 años después.

Va por vosotros, ya era hora. Solo pido una oración por vuestro descanso eterno siempre en nuestra memoria privada, siempre en la historia y recuerdo de mi familia. No quiero leyes que mancillen vuestro honor y lucharé por su derogación con todas las armas del Estado de Derecho. Os lo debemos, aunque no seáis culpable de mis limitaciones y no sea yo merecedora del legado de vuestro honor. El mérito es solo vuestro, mis limitaciones, mías. Pero una cosa es no alardear, y otra es que un nefasto presidente  intente avergonzarme de una familia de la que me siento orgullosa y continuadora. No lo consentiremos. Por Dios y por España porque solo por ello se os asesinó (no dijo ejecutó porque no hubo juicios ni delitos que juzgar ni sentencia).

Celebraremos, en la intimidad, en el sitio donde asesinaron al bisabuelo.

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