25/08/2019
Opinión

Falta de raza

Que la suerte es importante no hay duda y ayer se puso de parte de Ginés Marín, que aprovechó el mejor lote de la tarde.

En general fue una corrida pareja y aseada, pero con falta de raza. Salían de la muleta con la cara alta, mirando al tendido, desentendidos completamente de la batalla que se estaba librando en el ruedo. Dejaron ver, eso sí, cierta nobleza; atendían al engaño en el cite, pero paseando y esperando que pasara la tarde sin transmisión ni emoción alguna. Hasta el segundo (primero de Román) hizo el atisbo de rajarse nada más comenzar la faena de muleta.

En contraposición, pudimos ver como los matadores trataron de poner la sustancia que faltaba a sus oponentes.
Le tocó lidiar a Curro Díaz a dos sosos bureles con los que tuvo que tirar de oficio, dejando la muleta en la cara del animal para conseguir un toreo en redondo que, a pesar de llegar al tendido, no caló hondo. Tuvo buenos detalles y trató de estar por encima de los astados.

Román lo intentó con los suyos, puso entrega y buen hacer, pero ayer "la sonrisa del toreo" se quedó seria al no poder brillar por falta de clase del ganado que le tocó en suerte. Sacó lo que se podía sacar de Aceituno y Ratero, consiguiendo tejer interesantes series con las que lucirse y adornarse, pero las espadas no estaban ayer de su parte. Y no solo con él.

No fue tarde de aceros, salvo la última estocada de Ginés Marín, se fueron sucediendo las espadas bajas, traseras y alguna atravesada como la primera de Román. Y con aceros me refiero también a las banderillas. No pudimos disfrutar de un tercio completo de buenos rehiletes; cuando no se caían, quedaban bajas o ladeadas, o ni siquiera entraban algunos subalternos con la intención de poner las dos como pudimos comprobar con la cuadrilla de Curro Díaz, que se apresuraron a dejas puestas las cuatro reglamentarias para poder cambiar el tercio.

A pesar de esto, comenzamos la feria taurina abriendo la puerta grande, se abrió para reconocer la labor del matador más joven de la terna. No se puede negar que le salieron los astados con más fuerza y raza de la tarde, y tampoco, que supo aprovecharlos.

Los trofeos recibidos podrían llevar a engaños, pues más merecida tenía la segunda oreja en su primer toro de no haber fallado con la espada, que en el sexto que cerraba plaza, que pudo resultar excesiva.

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