19/05/2018

EuroBalonmano Ciudad Encantada

Histórica clasificación del equipo conquense para la competición europea tras vencer al Huesca (32-24) en un partido en el que Dutra y Leo asombraron una vez más destacando entre una gran labor colectiva

La alegría se desborda tras la clasificación para Europa del Balonmano Ciudad Encantada. Foto: Javier Guijarro

Europa ya no termina en los Pirineos y desde este sábado tampoco lo hace ni en el Cerro Socorro, ni en Cabrejas, La Tórdiga o El Rocho. El Balonmano Ciudad Encantada ha roto todas las fronteras geográficas, presupuestarias y cronológicas y se ha clasificado por primera vez en su historia para jugar una competición europea, la Copa EHF. El último trámite para conseguir el pasaporte lo ha cumplimentado al vencer al Huesca por 32-24. Un resultado tan contundente como justo que pone la guinda a una gran temporada y da derecho a esa ansiada quinta plaza de la Liga Asobal. El mayor hito jamás alcanzado por un equipo deportivo conquense de élite.

La tarde anticipaba la gloria que estaba por venir. Los jugadores fueron recibidos a su llegada al pabellón con cánticos, banderas ondulantes y bengalas humeantes sostenidas por los miembros de La Furia Conquense. Fue el aperitivo del pantagruélico banquete de animación que se sirvió en El Sargal. En las gradas se desplegó al comienzo una enorme enorme lona a modo de tifo con el lema "Esto es Cuenca" y un guerrero espartano con los símbolos del equipo. Luego llegarían pitadas intensas para desbaratar los nervios de los ataques rivales, ovaciones, canciones y un muestrario de herramientas más prolijo que el de la más versátil navaja suiza.

La respuesta de la afición fue masiva y el recinto presentó el aspecto de esas grandes citas que se pueden contar con las manos sin recurrir a calculadora alguna. Butacas repletas y escaleras, gradas supletorias y barandillas ocupadas. Había muchos hijos pródigos regresados a la fe balonmanística y una buena representación de neófitos. También los de siempre, los que no se desprendieron del carné de socio o la bufanda en los duros tiempos de Primera, los que aguantaron con estoicismo goleadas rivales o clasificaciones birladas en los despachos. Aquellos que adoptaron y apadrinaron las derrotas huérfanas. Los que echaban el freno de mano a la esperanza colectiva recordando más de una decepción, alguna bien reciente. Los que no se apearon del tren cuando los vagones eran de tercera clase y tras la victoria se repantingan satisfechos en los sillones de la business mientras degustan la recompensa a tan longeva fidelidad y se apuntan a una academia de idiomas para defenderse en las expediciones que aguardan por el viejo continente.

A lo Indurain

Tras unos previos de rigor repletos de guiños y despedidas, quizá para conjurar nervios y temores, sonó el pitido inicial, el Huesca sacó y la tiró fuera tras un error de Adrià Pérez. Y a partir de ahí: empezó el recital. Los conquenses salieron totalmente concentrados en la misión que tenían por delante, sin apenas concesiones para el despiste o el error. La madurez sobre una pista de balonmano desmientiendo la juventud y bisoñez que marcaban muchos DNIs. El Ciudad Encantada dominó prácticamente de principio a fin y lo hizo de una manera arrolladora, pero sobria; incontestable pero tranquila. Recordó al Indurain que se iba deshaciendo de los rivales en el Tour mientras subía puertos o batía el crono sin casi mutar su rostro, con la gris eficacia y calma con la que un burócrata teclea una máquina de escribir. Como el ejército que va cumpliendo sus objetivos uno tras otro sin hacer demasiado ruido, con acciones quirúrgicas y estratégicas y, de repente, se da cuenta de que tiene dominadas todas las plazas y ya puede colocar la bandera.

Mucho tuvo que ver en ello una defensa que arrancó con la intensidad al máximo de la manija. Mendoza y Colo Vainstein sabían que para vestir el traje de gala, primero hay enfangarse y no se mostraron cicateros echando cuentas para que la factura de la tintorería no fuera tan abultada

En ataque fue Dutra quién pronto presentó su candidatura a MVP del partido, con permiso de Leo Maciel. El brasileño exhibió su mejor repertorio de puntería y potencia, asombrando a saltos de pertiguista o definiciones en lugares recónditos de la puntería. Diez goles y un 75% de eficacia, así por si los números definen más que los adjetivos.  Pero sus compañeros lograron que el equipo muriera de éxito y sufriera el síndrome de abstinencia de la 'bestiadependencia' y ofrecieron alternativas exitosas: un Thiago que en el primer tramo de partido también estuvo en ataque, un Doldan tan resolutivo como de costumbre y otros menos habituales. Los porteros oscenses poco supieron o pudieron hacer para parar la ofensiva y en su falta de acierto estuvo una de las claves que explican el desarrollo del partido. Gómez Lite primero y Arguillas después no tuvieron su día, por mucho que el segundo llegase a marcar un gol aprovechando una portería vacía

Con semejantes comportamientos en ambas áreas no extraño que la distancia se fuese haciendo más grande a favor de los locales. En el minuto 10 la distancia era de cuatro goles (7-3) y a partir de la exclusión del Colo se había agrandado en el ecuador de la primera mitad hasta los seis goles (10-4). El Huesca usó el comodín del tiempo muerto y hubo un conato de reacción visitante que se quedó en eso, en conato. El incendio no mereció tal nombre y los locales volvieron por sus fueros.

Cuando algún error se acumuló  o la defensa se relajaba, ahí estaba Leonel Maciel para reclamar su ración de gloria, para reponer lo recién perdido. Y regalar ocasiones que titanes como Hugo López no desaprovechaban en sus contras. El albiceleste lo hizo con su proverbial templanza, con la calma y aparente indolencia del que todos los días se clasifica para Europa y asumiese el logro como, una parte más de una rutina, como desayunar, cepillarse los dientes o tirar la basura.  Sus reflejos y pies acabaron por desquiciar, casi siempre, a los valiosos atacantes del Huesca. Gigantes de talla y calidad, así lo acredita su trayectoria, que parecían menguarse aunque a su favor hay que certificar que no se desfallecieron ni tiraron toalla alguna, espoleados también por las noticias que recibían desde Zamora, donde el Anaitasuna iba perdiendo. Y es que los altoaragoneses necesitaban de la derrota navarra para ir a Europa, no les bastaba sólo con su victoria en Cuenca. Finalmente el empate fue el resultado de las pistas zamoranas.

El señor de los penaltis puso el 16-11 del descanso

A la tranquilidad en los momentos más oscuros también contribuyó Óscar Río, el señor de los penaltis. Cuatro de cuatro firmó, a los que hubo que añadir un gol de juego. Sin su acierto desde los siete metros quizás el relato del partido, y de la liga desde su llegada, hubiese sido muy distinto. Su acierto desde la distancia ha convertido las penas máximas en oportunidades y alegrías, cuando llegaron a ser sinónimo de temor y lamento. Fue precisamente un penalti del cántabro el que puso el 16-11 con el que se llegó al descanso.

La segunda mitad comenzó rara, como si al equipo de Cuenca le costase creerse que iba a estar entre los grandes, que esta vez iba en serio. La defensa sufrió un bajón que los oscenses supieron aprovechar con ataques muy rápidos e internadas espídicas. Cruz Junior y Teixeira comenzaban a hacerlo fácil. A cuatro goles llegaron a ponerse los visitantes en el minuto tres de la segunda mitad (19-15)

Por suerte para los objetivos de los castellanos, en ataque el ritmo no decaía y el Ciudad Encantada también conseguía gol sin demasiadas dificultades, en un intercambio que favorecía al que iba ganando. Lidio tocó nuevas teclas como un Rafa López que fue de menos a más y acabó distribuyendo muy bien el juego en su partido de despedida de las pistas o un Sergio, también López, que reaparecía tras meses de baja por operación y que aunque se encontró también con el portero un par de veces supo volver, volar y marcar.

La defensa recuperó el tono y dejó al borde del pasivo en reiteradas intentonas al Huesca. Leonel seguía a lo suyo, a sacar balones que se daban por perdidos y las urgencias comenzaron a pesar a los visitantes, fallones en más de un pase y cada vez más imprecisos. Los de Cuenca, lejos de confiarse, peleaban hasta el último balón y la lluvia fina ya había encharcado. El equipo de Aragón nada contracorriente en ese mar, con siete goles de diferencia en el minuto 15.

Ni la defensa adelantada que tanto daño había hecho en otras ocasiones ni jugadas maestras de Teixeira eran suficientes. Leo paraba cuando se fallaba y si Dutra era sometido a una mixta y no lograba zafarse de ella -porque cuando se zafaba la misericordia se exiliaba del dicciionario- siempre había un compañero para arrancar un gol o un Colo para dejarse la piel, casi literalmente, forzando una falta o un penalti.

Catarsis

Cuando faltaban menos de cinco minutos para el final Lidio Jiménez se autoconcedió permiso, a él y a sus jugadores, para contagiarse de la fiesta colectiva que ya era una grada entregada sin remilgos a la euforia. Con 30-22 en el marcador, pidió tiempo muerto. Colocó a los jugadores que se despedían (Rafa, Vuk, Canyingueral) como avanzadilla y al resto de plantilla y cuerpo técnico mirando a la grada, para aplaudir a la afición en un atípico y emocionante intercambio de roles. Un momento de catarsis que anidará en la memoria colectiva.

A esa estampa siguieron abrazos, guiños, cánticos y un Sargal puesto en pie que cantaba "A Europa" no como deseo, sueño o declaración de intenciones sino como la constatación de un hecho. Salió Kilian para sustituir a un Leo Maciel que ganaría el aplaudómetro y también lo hizo Limonero, partícipe de este logro colectivo.

El final llegó con un exacto 32-24 que quedará para tertulias y recuerdos, para que lo glosen los juglares del mañana del equipo. Un Sargal feliz se desparramó en abrazos y lágrimas, en miradas cómplices y gritos de alegría. El cancionero se quedó corto ahora que toca cantar en Eurovisión. El presidente, Isidoro Gómez, fue requerido para botar y Dutra fue conminado a hacer su pingoleta, despertando el delirio colectivo con unas dotes acrobáticas casi a la altura de la balonmanísitica. Parejas e hijos, padres y amigos, se abrazaron en unos jugadores que confundidos con la afición dieron el paseíllo de rigor que inauguraba una noche de celebraciones. EuroBalonmano Ciudad Encantada.

Galería fotográfica del partido y de la celebración, por Javier Guijarro.

FICHA TÉCNICA

Ciudad Encantada (32): Leo Maciel (Kilian Ramírez); Leo Dutra (10), Vainstein (4), David Mendoza, Hugo López (1), Thiago Alves (2), Perovic (1); Canyigueral (1), Martín Doldán (4), Óscar Río (5, 4p), Nolasco (2), Rafa López, Sergio López (2) y Limonero.

Huesca (24) Jorge Gómez (Arguillas (1)); Teixeira (6, 3p), Carmona (3), Adriá Pérez (3), Gonzalo Carro (1), Cruz Junior (1), Marcelo Fuentes (6); Val (2), Camas (1), Miguel Malo y Zungri.

Marcador cada cinco minutos: 3-2, 6-3, 9-4, 12-17, 14-19, 16-11; 20-15, 22-16, 25-18, 28-20, 30-21 y 32-24.

Árbitros: Fernández Pérez e Iniesta Castillo. Excluyeron, por parte local, a Colo y Mendoza. Por parte visitante a Carmona y Zungri.

Incidencias:Polideportivo El Sargal. Por encima de los 2.000 espectadores.

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