22/04/2018

El Yacente congela el tiempo en el primer desfile conmemorativo de su 75º Aniversario

El cortejo extraordinario ha comenzado unos minutos antes de las diez de la mañana desde el Palacio Provincial y ha alcanzado la Catedral dos horas y diez minutos más tarde en un clima de solemnidad permitiendo que muchos banceros llevasen por primera vez en su vida esa imagen

Desde que el ser humano sabe que lo es, el afán de domesticar el tiempo ha sido una de sus quimeras predilectas. La capacidad de convertir las horas y los siglos en una materia dúctil que modelar caprichosamente es fantasía recurrente en las literaturas de todas las civilizaciones. Cuenca ha conseguido este domingo de abril cumplir con tan universal deseo. El pasado, el presente y el futuro se han abolido. Y aunque el calendario litúrgico dijera que era el cuarto entre los domingos de la Pascua, la ciudad ha acampado en un Viernes Santo, distinto y luminoso, sin capuces, pero Viernes Santo a fin de cuentas de rosario. Los almanaques se empeñaban en situar la escena en 2018, pero la vida se había congelado en 1943. Todo sin necesidad de conducir un DeLorean, abrir puertas ministeriales o darle cuerda al cronovisor. Con las horquillas mudas como timón y la venera como brújula.

Cuenca ha acogido este domingo el primero de los desfiles extraordinarios con los que se conmemora el 75º aniversario de la primera salida en procesión de la actual talla de Cristo Yacente. El cortejo ha partido con unos minutos de antelación sobre la hora prevista, que eran las diez de la mañana, del Palacio Provincial. El templo laico erigido a mayor gloria del Estado liberal en el siglo XIX en el muy nazareno territorio del antiguo Campo de San Francisco ha servido durante esta semana para fines más religiosos. Allí ha permanecido la imagen presidiendo una exposición evocadora de la efeméride. La elección del edificio como punto de partida no ha sido una cuestión arbitraria: fue la Diputación Provincial la que financió en su día la adquisición de la talla como hizo con otras muchas en la reconstrucción de la Pasión conquense. Además fue ese el primer inmueble donde se mostró la imagen a los conquenses cuando llegó a Cuenca.

El actual presidente de la institución, Benjamín Prieto, ha tomado la horquilla y ha llevado unos metros sobre sus hombros al Señor, al igual que lo ha hecho el delegado de la Junta, Ángel Tomás Godoy y el alcalde de la ciudad, Ángel Mariscal. Un predecesor, Manuel Ferreros, también sintió la caricia de la almohadilla, aunque en su condición de nazareno de a pie.

Otros miembros de las Corporaciones provincial y municipal así como representantes de la Junta de Comunidades y la senadora Montserrat Martínez han completado la presencia de autoridades civiles. Entre las religiosas no han faltado los representantes de la Junta de Cofradías encabezados por su presidente, Jorge Sánchez Albendea y acompañados de la organizadora Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y la Cruz, José Ramón García.

La banda de trompetas y tambores de la máxima institución nazarena ha sido la encargada de abrir la procesión y de convocar con redobles a los más despistados esta procesión excepcional. Tras ellos han desfilado guiones y estandartes de las diferentes hermandades. De las de Semana Santa pero no sólo de ellas: también han acudido agrupaciones como la Archicofradía de San Julián, la hermandad de la Virgen de la Luz, la del Sagrado Corazón, la de Nuestra Señora de Las Angustias del Santuario  y la de San Isidro. "De Arriba", como precisaba ufanamente una de sus representantes explicando que en el camposanto anejo a la Ermita de la Hoz del Júcar están enterrados los restos de Marco Pérez, el autor de la talla homenajeada.  Separado ligeramente de todo el conjunto -lo suficiente para que se percibiera la teológica y simbólica distancia- el guión de Jesús Resucitado. 

Los Caballeros y Escuderos de Cuenca del Muy Ilustre Cabildo, ataviados ceremonialmente y como co-organizadores del evento, prestaban la nota historicista y noble al conjunto, su respetuoso tributo al Mesías muerto.

Privilegio de banceros

Y, a continuación, Él. El conmovedor Jesús inerte que admira y conmueve. El que en su vulnerabilidad cadavérica se proclama como Hombre verdadero, pero en su majestuosidad ya asombra como Dios, aunque su victoria sobre la Guadaña sea todavía un spoiler. Una imagen en la que es fácil rastrear la influencia de la estancia de Marco Pérez en Valladolid y el homenaje a los yacentes de Gregorio Fernández. Arte imaginero que dota de veraz luto al Santo Entierro conquense desde hace tres cuartos de siglo. Un prodigio anatómico y psicológico, en cuerpo y rostro, que obliga a los fotógrafos a entregarse a acrobacias y serenar los vértigos para reflejarla con justicia en cenitales planos.

Desfiló escoltado por la Guardia Civil y sobre sus andas habituales, vestidas para la ocasión con las mismas gualdrapas encarnadas que llevó aquel 1943 en el que se estrenó. Desde aquel debut sólo 238 banceros habían tenido el privilegio de portar la sagrada escultura sobre sus hombros. En la Congregación no hay subastas ni sorteos. Entre los varones miembros que desean llevarla (que se acoplan, según el argot de la hermandad) el criterio de elección lo ha marcado la antigüedad.

Unos antecedentes que también han convertido en extraordinaria esta jornada en la que han podido colocarse bajo los banzos todos los congregantes que lo han solicitado, incluidas mujeres, y dos miembros de cada hermandad semanasantera, a los que se había invitado. Así, gente que jamás hubiera podido imaginar servir con su esfuerzo al Yacente lo ha podido hacer y, para más inri, junto a su marido o esposa, junto a su hermano, junto al amigo del alma. Por primera vez en su vida, y quizá la última, han podido llevar la imagen. Ellos y ellas de traje oscuro, flanqueando a la imagen cuando no la portaban, como guardianes de esa capilla ardiente itinerante. 

Tal cantidad de banceros ha obligado a numerosos relevos a lo largo del recorrido. Cambios que han sido en unas ocasiones más fluidos que otros, condicionados por la desigual altura. También se han ido cediendo el testigo, en este caso el cetro, los distintos capataces que han ido dirigiendo la liturgia. Un fraternal y cómplice abrazo ha mediado en todos los cambios.

A pesar del trasiego y de tanto bisoño bajo estas andas, que no otras, el Yacente ha mantenido su ritmo y caminar proverbiales y tan fáciles de identificar en el funeral del Viernes Santo. Una cadencia solemne como obliga el Misterio que representa, contenida y sobria, severa y seria. Lo ha hecho a los sones de la Banda Municipal de Cuenca, la contraparte musical del desfile con  permiso de las campanas del Cristo del Amparo.  Marchas propias de la imagen como 'Solemnidad' o 'Camino del Sepulcro' han compartido repertorio con otras más afines a otros pasos como 'Por tu cara de pena' o incluso, en aparente paradoja', la 'Mesopotamia' que Vélez compuso para El Resucitado.

Reencuentro con viejas calles y con El Sol

La solemnidad que ha rezumado el desfile ha sido compatible con un ritmo ágil en el primer tramo del recorrido. Unos escasos veinte minutos tardaba de media en pasar el desfile por un único punto. Un primer tramo que ha servido para que, en este mar de nostalgias, el Yacente se reencontrase con calles que durante mucho tiempo formaron parte de su itinerario procesional como Aguirre o Las Torres hasta que las cambió, junto a Carretería, por El Agua y Los Tintes. 

Más remotos son los recuerdos de su desfilar a plena luz del día. Con el sol como urna en lugar de las estrellas cuando eran otros los horarios y las duraciones de las tres procesiones del Viernes Santo y lo que desde hace décadas es nocturno entonces era vespertino. La mañana había amanecido con un cielo encapotado que tiñó de gris y preocupaciones a más de un nazareno, pero el astro rey no tardó en espantar los muy recientes recuerdos de suspensiones. El calor recordó que la primavera ya va siendo adolescente y ganó la batalla de los termómetros a un viento que de vez en cuando se empeñaba en remover las capas de los caballeros y ondear los guiones.

Tal vez por el horario elegido -escogido para esquivar problemas de tráfico que hubiese generado un sábado por la tarde-  la presencia de público no fue especialmente numerosa en muchos tramos. No es que estuviera desangelado, ni mucho menos, pero el adjetivo multitudinario que con tanta frecuencia se usa en estos trámites quizá sea hiperbólico para gran parte del itinerario.

Tuvo esa circunstancia una influencia positiva en el silencio tan añorado otras veces y que esta vez, salvo algunas pocas comprensibles excepciones, barnizó la mañana. 

No obstante, conforme fue avanzando la jornada las aceras fueron desdibujando vacíos. Y cuando el Casco Antiguo absorbió de pleno la procesión no faltaron turistas de más de dos continentes que, sorprendidos por un rito que no esperaban encontrar fuera de temporada alta, se unían con sus miradas y hasta rezos a este cumpleaños.

En la antigua sede de la Junta de Cofradías, en el dos de la calle Solera, aguardaban asomados los hermanos de Jesús Amarrado, que celebraban junta general y tardaban de desmentir aquello de que no se puede estar repicando y en misa. 

De San Felipe a Neri a la Plaza Mayor el ritmo del cortejo se lentificó, con parones más largos. Cuando el Yacente cruzaba los Arcos de la remozada fachada del Ayuntamiento, ya se había sobrepasado el umbral del mediodía.

Catedral: destino y punto de partida

En la Catedral aguardaba su director y prior del Cabildo, Miguel Ángel Álbares, para recibir a la comitiva y al Cristo Yacente, que entraba entre los acordes del himno nacional a las 12:10, interpretado por tambores y trompetas. Seguiría sonando la misma partitura pero con otros instrumentos: los órganos catedralicios. La basílica, habitual punto de partida, lo era por una vez de destino. Hubo algunos aplausos en la Plaza, seguramente emanados de las palmas de foráneos, que se trataron de silenciar con algún chisteo.

Acababa la procesión pero no el rito: a continuación se celebró la misa conmemorativa del 75º aniversario, presidida por el obispo José María Yanguas, y con el Coro Alonso Lobo como encargado de la parte musical.

El templo catedralicio será precisamente este lunes el punto de partida de la segunda procesión extraordinaria que se celebra el 23 de abril porque fue exactamente esa fecha cuando participó por vez primera este Cristo Yacente en la Semana Santa. Este desfile de vuelta a los orígenes comenzará a las 20:30 horas y tendrá como destino, vía calle de El Peso, la iglesia de El Salvador. 

GALERÍA FOTOGRÁFICA DE LA PROCESIÓN 

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