26/04/2019

El voto que no llega

Miles de votos no llegarán a las urnas uno de los días más esperados por todos los españoles. El próximo 28 de abril muchas papeletas se encontrarán entre España y el resto de Europa o el mundo, aunque algunas de ellas ni siquiera llegarán a tocar las manos de sus correspondientes destinatarios. La ilusión se desvaneció desde que en 2011 aquellos que atraviesan la frontera en busca del trabajo que en España no consiguen, o bien porque no están dispuestos a acatar un sueldo realmente injusto, se han visto obligados a no ejercer uno de los derechos básicos.

El voto rogado condena a día de hoy a millones de ciudadanos que residen en el extranjero a un verdadero suplicio administrativo que en la mayoría de la ocasiones se hace en vano. La actual ley, la cual entró en vigor en el año 2011, se ha convertido en una auténtica "yincana" para aquellas personas que quieren votar desde otros países. El problema se vio claramente cuando se mostraron los datos de participación de los no residentes en España, ya que cayó en picado y pasó del 31% en las elecciones de 2008 al 4,9% en las de 2011. En las elecciones de 2016 tan solo llegaron los votos del 6,3% del censo exterior, el cual sobrepasa en la actualidad los dos millones de personas debido al problema económico que sacude el país.

En muchas ocasiones, y sabiendo a ciencia cierta la dificultad y el tiempo que supone poder votar en España, los españoles que residen en otros países ni siquiera se atreven a atravesar un laberinto en el que las trabas para ejercer su derecho son infinitas. La ley establece que el impreso será remitido a las personas inscritas en el CERA (Censo Electoral de los Residentes Ausentes), y una vez recibida la solicitud, las Delegaciones Provinciales deben remitir por correo todas las papeletas a los electores, a las que aquellos que quieran votar tendrán que volver a enviar el sobre con los votos y la documentación correspondiente a través del consulado del país en el que se encuentren. Una gran maraña burocrática que además cuenta con un periodo muy ajustado para que las papeletas lleguen a tiempo.

Si tan solo leer todo el procedimiento necesario parece un embrollo, la situación se complica cuando los votos no llegan. En muchas de las ocasiones los electores reciben los sobres una vez que han pasado las elecciones, o los reciben tan tarde que es imposible que los tengan en cuenta durante el recuento. Además, este año las personas que viven fuera de España han visto este proceso dificultado debido a que todo el proceso se ha ralentizado aún más debido a que la celebración de la Semana Santa ha caído justo unos días antes de las elecciones. Por si fuese poco, en 2019 los españoles deberán hacer frente a un "doble ruego" en menos de un mes para prolongar sus intentos de voto en las elecciones autonómicas y europeas del 26 de mayo.

Esta situación intolerable sigue encontrando en el Congreso trabas para su reforma por parte de algunos partidos. Mientras en España la falta de voluntad política hace que se vete un derecho del que los españoles no pueden ser privados, en otros países europeos como es el caso de Estonia o Suiza, están aprovechando los avances tecnológicos para que nadie que quiera se quede sin votar. Los gobiernos responsables de los estados de nuestro entorno han sido capaces de arreglar una situación de una importancia más que evidente, mientras en España nuestros políticos miran para otro lado cuando sus ciudadanos luchan por poder depositar sus votos en las urnas.

 

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