07/10/2017
Opinión

El rey y Manolo Escobar

Acababa de pronunciar Felipe VI un transcendental discurso sobre el proceso sedicioso catalán. Ya no es el joven Príncipe que se aloja en el Parador de Cuenca en su viaje de novios. Rostro serio, con una barba que empieza a blanquear, y firmeza en sus gestos. Para mí, en su  admirable mensaje, tres ideas: Que el gobierno de la autonomía catalana se está comportando de forma desleal, vulnerando de forma sistemática las leyes vigentes; que dicho gobierno intenta apropiarse indebidamente de las históricas instituciones de Cataluña; y que en esta Comunidad, donde hay una gran inquietud, los catalanes que desean mantenerse dentro de la legalidad no están solos, pues tienen el apoyo y solidaridad del resto de los españoles….

¡ Qué tío!.

Estas palabras han sido el detonante  de la apertura de las compuertas que retenían  la indignación de tantos y tantos españoles que permanecían callados; algunos indiferentes o resignados por un tiempo, pero que ahora se manifiestan colgando banderas españolas y acudiendo a los actos en honor de nuestra enseña nacional o en homenaje a la  Guardia Civil o Policía Nacional.

Y nos han regalado una buena dosis de esperanza.

Esa misma gente a la que antes le daba recato  exhibir la bandera, o  defender el himno nacional cuando era silbado en los estadios de fútbol, ha cambiado de actitud; pasando ahora a reconocer   con honor lo que debe ser honrado. Felipe VI no nos ha convertido a los españoles en enemigos de nadie; no nos ha hecho falta convertir en ficticio  contrincante a los españoles nacidos en Cataluña, ni agarrarnos a enconos ilógicos ni fobias absurdas;  sino, y esto es un gran mérito, nos ha hecho ver el magnífico país que tenemos en la unidad;  que andaluces, castellanos y españoles de cualquier otra comunidad sabremos entendernos  para ser solidarios con los que desean mantenerse dentro de la ley, y que todos, en esta idea y conservando nuestra propia personalidad en la diversidad, seguiremos  siendo un gran pueblo.

Y todo, con una breve alocución, cuando más falta nos hacía.

Suena el himno nacional. Apago el televisor.¡ Qué tío!.

Mientras tanto, un catalán que se siente tan español como catalán, y tal vez recordando las estrofas de Serrat en "Vagabundear" (Harto ya de estar harto, ya me cansé, de preguntarle al mundo por qué y por qué), reacciona ante las diarias caceroladas con que muchos de sus vecinos le regalan noche tras noche para mostrarse partidarios del golpe de estado independentista y en contra del Gobierno central, lanza a los cuatro vientos, desde los altavoces colocados en su balcón, el ¡Viva España! de Manolo Escobar. Sin esconderse, " a pleno balcón", donde ondean, compartiendo espacio, la señera y la bandera de España.

¡Qué tío!.

No sólo los numerosos  españoles leales al Estado que residen en Cataluña,  sino los que trabajan  en empresas catalanas en el resto del suelo español, lo están pasando mal; por la actitud de unos, las presiones de sus cúpulas directivas y los miedos razonables de los clientes.  Mi  solidaridad también para ellos, porque, al igual que de  nuestro rey y del fan  de Manolo Escobar, hay que decir de ellos, ¡ qué ti@s!.
 

Promedio (0 Votos)
La valoración media es de 0.0 estrellas de 5.
comments powered by Disqus