13/06/2018

El Mundial y sus relatos

Rebañar con el dedo el envase de las natillas. Crujirte los dedos. Explotar las espinillas de la espalda de tu novio. Ver un Panamá – Túnez de fase de grupos. Hay cosas que son feas de ver pero que pueden reportar un goce indescriptible. Mucho más fácil es dejarse seducir por un atardecer sobre el Hospital de Santiago, una canción de Sarah Vaughan, un edredón con sábanas limpias, una semifinal Argentina – Inglaterra. Pocas cosas como un Mundial de fútbol pueden conjugar tan bien esos pequeños y grandes placeres de la vida.

En unas horas arrancará el campeonato y nuestros muros de Facebook se llenarán de mensajes de gente reprochándonos que el mundo se va a parar para que veamos a 22 tíos en calzones detrás de una pelotita y el dineral que cuesta montar este tinglado. Tampoco faltará quien nos recuerde que se trata de un evento configurado para glorificar a Vladimir Putin. Pan y Circo. El opio del pueblo. Todos conocemos la música del argumentario antifutbolero porque suena cada cuatro años.

Si se llevaran los debates sesudos y profundos podríamos entrar en profundos y sesudos debates sobre todos estos reproches. Siendo un poco superficial, uno se puede plantear qué tiene de malo disfrutar durante unos días de un poco de circo. Hasta podemos preguntarnos si acaso es malo disfrutar de un poco de opio una vez cada cuatro años. Que yo no me lo pregunto, o sea... Que no me cambiéis de tema. Lo que quiero decir es que no sé si la mejor manera de criticar el fútbol es señalarlo con el dedo como una fórmula de esparcimiento.

Durante el próximo mes escucharemos alguna que otra  vez que esto del mundial está montado para desmovilizarnos, para adormecernos, para que no pensemos. No creo que la pelota tenga ningún poder hipnótico que nos impida hablar de política durante un Francia-Australia. Al que le interesa la política habla del tema hasta debajo del agua. Yo tengo amigos a los que he escuchado hablar de política hasta en las finales de Champions entre Madrid y el Atleti. ¿Por qué se iban a callar durante un Portugal – Rusia de cuartos? Los desapegados de la política no necesitan ninguna pelotita para justificarse.

Tampoco creo que el fútbol esté reñido con otras actividades intelectuales. Es físicamente posible ver un Alemania – México y después ponerte ‘El Sacrificio de un ciervo Sagrado' de Lanthimos, no son aficiones excluyentes. Las personas que no han cogido en libro en su vida no pueden utilizar a la pelotita como excusa.

Precisamente, lo que diferencia el Mundial del resto de competiciones futboleras es un mayor poder para construir relatos que perdurarán en el tiempo, como han perdurado los mitos griegos. Los españoles de dentro de 200 años seguirán hablando del gol de Iniesta a Holanda como si hubieran estado en el campo. ¿No te lo crees? Pregúntale a un niño de Brasil por el Maracanazo, del que ya  han pasado 68 años.

En los mundiales hay héroes y villanos que protagonizan historias de superación, de fracaso, de poder y de venganza. En el opio del pueblo podemos encontrar tan buen material literario como el que encontraba Bukowski en bares y moteles. Hay algunas pequeñas, como la de Korea del Sur en su mundial, en el que con cierta apariencia de heroísmo y formas fraudulentas consiguieron pírricas conquistas que al final no sirvieron para nada, exactamente igual que una petición de Change.org. Y luego están los grandes relatos, los que conocen todos los futboleros. Son historias de héroes sin corona, como la Portugal de Eusebio y la Holanda de Johann Cruyff; de futbolistas que llevaron la alegría a pueblos deprimidos, como el Brasil de Pelé y de vínculos entre política y deporte, como en aquel Mundial que ganó la Italia de Mussolini. Hay mundiales con triunfos corales de maquinarias perfectas, como los que ha logrado levantar Alemania y otros en los que hubo un elegido para guiar a su país a la victoria: Diego Armando Maradona. Solamente los Juegos Olímpicos pueden igualar e incluso superar la capacidad de construir mitos y leyendas de los mundiales.

Algunos nos hemos alimentado durante años de todas estas fábulas y desde este jueves veremos todos los partidos del Mundial que podamos, en busca de batallitas que contar a las futuras generaciones y de dioses que merezcan entrar en el Olimpo: Messi, Iniesta, Cristiano, Neymar, quizás algún héroe inesperado. Donde tú ves a 22 tíos en gayumbos yo veo a los 22 protagonistas de una epopeya. ¿Acaso es importante el vestuario para hacer historia? Los espartanos también peleaban en calzones y siguen siendo recordados.

Promedio (0 Votos)
La valoración media es de 0.0 estrellas de 5.
comments powered by Disqus