09/01/2017
Cultura y Vida

El escritor de El Pedernoso Roberto Osa se cuela entre los finalistas del Premio Nadal

Su obra, 'Morderás el Polvo', llegó a la última fase del veterano y prestigioso galardón literario

El escritor de El Pedernoso Roberto Osa ha sido uno de los seis finalistas de el premio Nadal gracias a su primera novela 'Morderás el Polvo'. Ha sido el propio autor el que ha revelado en su cuenta de Twitter que su libro pasó casi todas las cribas para disputarse el prestigioso y veterano galardón literario. Un título que se llevó finalmente la escritora catalana Care Santos con su publicación Media Vida, la historia del reencuentro de cinco amigas en 1981 tras cinco años de amistad.

Roberto Osa, aunque residente en Madrid, es natural de La Mancha conquense y se dedica profesionalmente a la realización y al mundo del guión. A sus 35 años cuenta en su haber ya con premios literarios como el Felipe Trigo en la modalidad de novela, dotado con 20.000 euros y que consiguió precisamente por 'Morderás el Polvo'. Como las bases del Nadal impiden premiar a una obra que ya haya tenido otro galardón se le bloqueó el camino al 73º trofeo del certamen de la Editorial Destino. El libro narra el regreso de una mujer embarazada desde la capital española hasta un pueblo manchego.

El jurado del Premio Nadal de Novela 2017 está formado por Germán Gullón, Lorenzo Silva, Clara Sánchez, Andrés Trapiello y Emili Rosales. Carmen Laforet, con la novela Nada, se alzó con el Premio Nadal 1944, en su primera convocatoria, que se falló el 6 de enero de 1945 en el Café Suizo de Barcelona. El premio dio un gran impulso a la narrativa de posguerra y consagró a autores como Miguel Delibes o Ana María Matute. Con el tiempo se ha revelado como un premio literario de referencia, y los títulos y autores galardonados conforman un canon de la narrativa española hasta nuestros días. Más recientemente, el Nadal ha distinguido obras de Lorenzo Silva, Andrés Trapiello, Francisco Casavella, Maruja Torres, Clara Sánchez, Alicia Giménez Bartlett, Álvaro Pombo, Sergio Vila-Sanjuán, Carmen Amoraga, José C. Vales o Víctor del Árbol.

Este año se han presentado al Premio Nadal de Novela un total de 303 obras, procedentes de España y de todo el mundo. Se han recibido obras de A Coruña (4), Alicante (4), Almería (1), Asturias (3), Badajoz (2), Barcelona (16), Vizcaya (1), Burgos (2), Cáceres (2), Cádiz (4), Cantabria (2), Castellón (1), Ciudad Real (1), Córdoba (1), Cuenca (1), Ferrol (1), Fuerteventura (1), Girona (2), Gran Canaria, (1), Granada (1), Guadalajara (1), Guipúzcoa (2), Huelva (1), Huesca (5), Jaén (1), Lanzarote (2), Las Palmas (3), León (1), Madrid (26), Málaga (6), Mallorca (3), Murcia (6), Navarra (1), Orense (1), Oviedo (1), Sevilla (9), Suiza (1), Tarragona (2), Tenerife (1), Toledo (3), Valencia (16), Valladolid (5), Vigo (1), Vitoria (1), Zaragoza (6).

También se han recibido numerosas novelas procedentes de otros países europeos y americanos, como Argentina, Austria, Bélgica, Colombia, Chile, Estados Unidos, Francia, Italia, Marruecos, México, Perú, Puerto Rico, Reino Unido, Singapur, Suiza, Uruguay.

Un año más, las obras presentadas reflejan la riqueza de registros del género novelístico, que abarca desde el relato intimista hasta el noir, pasando por las propuestas de corte histórico o con acento social. Siempre con la exigencia literaria característica del premio.

Así nació el Premio Nadal

Verano de 1944. Tras el éxito de su novela Mariona Rebull, el escritor y director del semanario "Destino", un treintañero Ignacio Agustí, se pregunta cuántos escritores están todavía por descubrir en la aletargada literatura española de posguerra. Con el propósito de "despertar docenas de novelistas dormidos en los rincones anónimos del país", Agustí piensa en una réplica del premio Joan Crexells que instauró el Ateneo Barcelonés en 1928 con el propósito de revitalizar el género novelístico; plantea su idea a Josep Vergés y Joan Teixidor, socios del semanario y de Ediciones Destino.

Dotado con cinco mil pesetas -en aquella época de restricciones y racionamiento-, el galardón podría alumbrar bestsellers como Mariona Rebull. Las objeciones de Vergés, que considera elevada la dotación, contrastan con el entusiasmo de Teixidor: propone bautizar el premio con el nombre de Eugenio Nadal. Hermano de Santiago Nadal Gaya, Eugenio fue redactor jefe en los primeros números de Destino. Catedrático de literatura y autor del libro Ciudades en España acaba de fallecer de leucemia el 10 de abril de aquel año 1944 a punto de cumplir 28 años.

Agustí redacta las bases del Nadal siguiendo el patrón de los premios Crexells y Folguera que se otorgaban en Barcelona antes del 39. El jurado de la primera edición está formado por Ignacio Agustí Peypoch, Joan Teixidor Comes, Josep Vergés Matas, Pedro Pruna Ozerans y Rafael Vázquez Zamora. Al final, el pintor Pruna es sustituido por el crítico Juan Ramón Masoliver. La convocatoria del galardón, que se otorgará cada 6 de enero, aparece publicada en Destino el 12 de  agosto de 1944. La elección de la festividad de Reyes, según palabras del propio Agustí, supone liberarse de la sobredosis de fiestas navideñas.  El Nadal fue una buena idea en aquellos tiempos de férreo franquismo: al presentarse en sociedad la novela ganadora como un hecho consumado y contar con el eco inmediato de los medios de comunicación, se favorecía su publicación y mermaba las posibilidades de ser prohibida por la censura.

La recepción de originales para el Nadal sigue su curso. A Agustí le gusta mucho El bosque de Ancines, de Carlos Martínez Barbeito. Juan Ramón Masoliver cree que es mejor La terraza de los Palau de César González Ruano y Josep Vergés se decanta por En el pueblo hay caras nuevas, del escritor gallego Álvarez Blázquez.

El último día de plazo de admisión –se habían recibido veintiséis originales- las opiniones del jurado experimentan un sorprendente vuelco: aterriza en la redacción de Destino un sobre de correo urgente con un manuscrito. Desde las primeras líneas, Agustí queda tan impactado que las comparte en voz alta  con sus compañeros. Luego se lleva la novela a casa. Veinticuatro horas después la tiene leída. Se titula Nada y la firma una joven desconocida, Carmen Laforet, veintitrés años: "El mundo que envolvía era inédito. Nadie había hecho una radiografía de los años medio vacíos, medio angustiados, extrañísimos de la posguerra como Carmen Laforet" afirma admirado.

En la noche del 6 de enero de 1945 durante la cena en el Café Suizo, los invitados degustan el menú, a base de crema de alcachofas, lenguado y becada, con peras a la cardinal de postre. El jurado delibera en el altillo. Quedan tres candidatas tras las dos primeras votaciones: Laforet, Ruano y Álvarez Blázquez. En la cuarta votación cae Ruano y en la quinta la disyuntiva es Laforet o Álvarez Blázquez.  Al final de las votaciones, Nada se proclama vencedora del Nadal. Con la obra de Laforet, los Reyes acaban de traer el primer regalo a la literatura española.

En su primera edición, el Nadal ha alcanzado el objetivo: vivificar la novela española, desvelar jóvenes valores. Como subraya Miguel Delibes, la novela española comenzó a recuperarse gracias al premio de Ediciones Destino: Agustí, su fundador, será jurado hasta 1956; a partir de 1958, la fiesta literaria pasará a celebrarse en su actual emplazamiento del Hotel Ritz.  La lista de autores ganadores puebla hoy los manuales de literatura española. Sólo en las primeras décadas, ya habían sido distinguidos, además de la citada Carmen Laforet, José María Gironella, Miguel Delibes, Luis Romero, Carmen Martín Gaite, Álvaro Cunqueiro, Rafael Sánchez Ferlosio o Ana María Matute. 

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