07/04/2019

El Cuenca sólo pudo resistir el ritmo del Barça durante una parte en la final de la Copa del Rey (34-18)

Los conquenses aguantaron metidos en el partido durante el primer tramo pero en el segundo los catalanes desplegaron sus mejores armas para sentenciar precozmente 

Final de la Copa del Rey. Fotos: Javier Guijarro

No pudo ser. Los "más díficil todavía" se le dan de lujo a este equipo, pero para "los imposibles" quizás haya que esperar un poquito más. No mucho, porque sin apenas margen para el pestañeo, el Cuenca ya ha demostrado su voracidad supersónica para conseguir que lo que ayer era novela de ciencia ficción hoy sea crónica periodística. Como era previsible y disculpable, el conjunto conquense cayó derrotado con claridad ante el F.C. Barcelona (34-18) en la final de la Copa del Rey de balonmano disputada este domingo en Alicante. Sí, lector despistado, no es una errata, el equipo que no hace tanto estaba en Primera, el que festejaba ascensos y permanencia, el de jugadores con los que te cruzas comprando el pan, le estaba disputando un título a una de las secciones más exitosas de una de las grandes corporaciones deportivas del planeta.

Los conquenses aguantaron el vendaval durante los primeros minutos gracias a un Leo Maciel que -con la humilde seguridad del que ha ido conociendo el tacto de los escalones que preceden a la cima- paraba sin complejos balones claros a algunos de los lanzadores del mundo. Penalti incluido. En ataque la precipitación lastraba a los de Lidio Jiménez, quizá cohibidos por la talla que ocultaba la visión de la portería. No eran molinos, Sancho. Así que poco antes de los seis minutos el marcador reflejaba el 3-1.

Entonces llegó el gran parcial conquense. Los poco más de dos minutos que fueron el espejismo en el desierto. El anticipo del Paraíso en el Valle de Lágrimas. La defensa conquense quiso agrandar su leyenda que cantarán los juglares y empezó a complicarle la vida a los catalanes. Y el petróleo que se sacaba atrás se refinaba velozmente en contras, como la protagonizada por Sergio López, candidato a héroe individual y colectivo. Así que en el minuto 8 el marcador había dado la vuelta e informaba de un tanteo de 3-4. Más de uno se habrá guardado la captura de pantalla del instante para imprimirla y enmarcarla, para colocarla en el hogar familiar en lugar preferente junto a las fotos de la Comunión de los hijos.

Pero entonces llegó la segunda exclusión de Moscariello, tan excesiva como la primera, y ese golpe anímico a la rocosa estrategia castellana fue el punto inaugural de una reacción del Barça que no fue devastadora, pero sí cimentó el cambio de tendencia. El toledano Pérez de Vargas se puso celoso de su homólogo y empezó a demostrar su internacionalidad, multiplicando las opciones de su equipo para hacert goles rápidos. 

Pronto se pusieron por arriba otra vez los defensores del título, aunque no conseguían que la pústula creciera a brecha. 5-5, 7-5, 8-6. El Cuenca aguantaba con la trinchera de su defensa y un Maciel otra vez asombrando con porcentajes de súperhombre. Arriba Dutra -que a pesar de que no tuvo su mejor día sumó cinco goles- masacró con algunos de su bombazos tan hermosos como letales. Y, sobre todo, Thiago sacó de la bolsa los galones de jugador maduro y determinante para colocárselos. Demostró que se ha convertido en un solvente defensor, pero que sigue siendo aquel muchacho que asombraba en ataque. En Alicante demostró que su repertorio es más extenso y ecléctico que el de esas orquestas de las verbenas de los pueblos, que tan pronto te tocan un pasodoble en el pase de tarde que se desgallitan con un clásico del rock patrio a las seis de la mañana. 

Sin embargo tantos méritos eran insuficiente porque enfrente estaba el Barcelona jugando como sabe hacerlo, sin pájara ni hecatombe a la vista, esos dos improbables sucesos que soportaban las opciones conquenses. Víctor Tomás ponía a ocho minutos del final el 12-8 que obligaba a Lidio a recurrir a la tarjeta verde para tratar de serenar y detener la racha. Surtió efecto el tiempo muerto y con las mismas armas, y algún penalti más parado, por Maciel, el Cuenca se ponía a uno, al 12-11.

El Cuenca, entiéndase todo en sentido metafórico, tenía cogido por la pechera a su rival, pero éste logró escabullirse como en las películas de Bud Spencer y con la conexión Pérez de Vargas-Ilic comenzó a distanciarse, poniendo al descanso el 16-12 con Víctor Tomás. A punto había estado de ponerse a dos el conjunto conquense un suspiro antes, pero el conato no fructificó. 

Nadie había dicho que fuera fácil, como tampoco había sido sencillo doblegar a Bidasoa y Granollers en cuartos y semifinales respectivamente. Pero irrundaras y vallesanos aunque grandes equipos, eran de este mundo. En la segunda mitad se abrió el abismo que separan los cielos de la tierra, lo humano de lo sobrenatural. Las diferencias presupuestarias (análogas a las que tenga una EATIM con la Unión Europea, por exagerar un poquito) se dejaron notar. También se pasó a saludar el cansancio acumulado tras las agotadoras gestas de los días precedentes.

Los catalanes mostraron su roto más letal. Su portería se convirtió en un fortín y en las contra Petrus y amigos borraban del diccionario la palabra Error. Víctor Tomás se gustaba y un Cuenca bloqueado apenas era capaz de dar réplica. Apenas sin darnos cuenta la distancia se iba haciendo de cinco, seis, siete, ocho goles. El 22-14 a veinte minutos del final que fosalizó Lidio Jiménez con un tiempo muerto.

No sirvió esta vez la arenga del míster, que se encomendaba a gónadas y a coraje para tratar de lograr el milagro o al menos que su equipo no se despeñara. Las contras se multiplicaban como la fecundidan de los níscalos en un rodal bueno de la Serranía, apabullaban como los pájaros de Hitchcock. A diez minutos del final era un 31-16 el balance numérico.  

A esas alturas ya estaba claro el desenlace y, aunque la profesionalidad fue una constante hasta el pitido final, el partido ya servía para menesteres muy diferentes. Natán Suárez, generoso,administraba a pesar de los pesares fintas y otras dosis de su farmacopea de genialidades. Y Lidio Jiménez aprovechó para rotar el equipo democratizando la oportunidad de vivir el hecho histórico, dando entranda a Kilian o Taravilla, por ejemplo.

En las gradas nadie quería renunciar a amortizar billete de AVE o factura de la gasolinera. La Furia Conquense no cesó de animar y de cantar, ofreciendo un concierto en el que no faltó el Miserere, convirtiendo el Pitiu Rochel en una anexo de San Felipe Neri. "¡Qué bote el Sargal!", se escuchaba con claridad en la retransmisión televisiva.

Los minutos finales fueron de la basura, como suele decirse. Pero de una basura en una gran mansión, en un cubo de oro de 18 kilates y con ambientadores de fragancias tropicales. A pesar del chorreo nadie perdió la perspectiva o no debería hacerlo. La derrota clara no empaña el gran logro del Cuenca, que por primera vez llegaba a la fase prostera del torneo copero y que por primera vez también alcanzaba la final. El Barcelona iba a ser otra vez campeón, iba añadir otra muesca más a su revólver. Otra vez a ampliar la vitrina de su enciclopédica sala de trofeos. 23 copas, seis consecutivas, ni el mayor de los púgiles en los añorados cotillones del Salón Latino. 25 títulos nacionales continuados. 

El subcampeonato, además, no es únicamente una recompensa honorífica o simbólica, por valiosa que esta sea ya en sí misma. No es un "Te quiero como amigo" para suavizar las calabazas o ese "maravilloso aplauso del público" con el que se despacha a los perdedores de los concursos televisivos. La segunda plaza da derecho a jugar la próxima temporada la Copa EHF ya que el campeón, Barcelona, ya tiene su pasaporte asegurado para Champions al ganar también la Liga.  Pero aún hay más. También disputará la Supercopa de España. Quizá, para entonces, ya sepa como resolver imposibles y hallado la honda con la que derribar a Golliat.

Ficha técnica:

34 - Barça Lassa: Pérez de Vargas; Aleix Gómez (5), Mem (2), Palmarsson (3), N'Guessan (1), Ariño (1) y Fabregas (1) -equipo inicial- Moller (ps), Víctor Tomás (7), Raúl Entrerríos (3), Sorhaindo (2), Syprzak (1), Petrus (2), Dolenec (-), Duarte (1) e Ilic (5)

18 - Liberbank Cuenca: Maciel; Natan Suárez (-), Montoro (-), Mendoza (-), Moscariello (1), Thiago (4) y Sergio López (1) -equipo inicial- Ramírez (ps), Dutra (5, 1p), Doldán (3), Baronetto (1), Hugo López (-), Nolasco (2), Óscar Río (1p) y Taravilla (-)

Árbitros: Raluy y Sabroso. Excluyeron por dos minutos a Mem, Víctor Tomás y Syprzak, por el Barça Lassa; y a Moscariello (2), Dutra, Mendoza y Doldán, por el Liberbank Cuenca.

Incidencias: final de la Copa del Rey de balonmano disputada en el pabellón Pitiu Rochel de Alicante ante unos 1.800 espectadores. Al partido asistieron, además del presidente del club y candidato de 'Cuenca Nos Une' a la Alcaldía, Isidoro Gómez Cavero, el vicepresidente del Gobierno regional, José Luis Martínez Guijarro; el vicepresidente de la Diputación, Julián Huete; el concejal de Hacienda, José Ángel Goméz Buendía; el candidato del PSOE a la Alcaldía, Darío Dolz; y el exministro de Justicia y candidato del PP al Congreso Rafael Catalá, entre otras autoridades 

GALERÍA FOTOGRÁFICA DEL PARTIDO, POR JAVIER GUIJARRO

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