09/09/2017

El Ciudad Encantada se enfunda el mono de trabajo y tira de esfuerzo para ganar al Puente Genil (25-22)

Inconmensurable Thiago Alves con ocho tantos, algunos de ellos en los momentos más importantes. El acierto de Maciel en la segunda mitad marcó un antes y un después en un encuentro en el que Castro presentó su instancia a ídolo de la afición

Sergio López

El gris que ha adoptado esta temporada como color corporativo el Balonmano Ciudad Encantada fue este sábado  el gris típico de esos monos de trabajo de los currantes que acaban salpicados de sudor, lágrimas, grasa y barro. El conjunto conquense ha conseguido empezar la Liga Asobal ganando al Puente Genil (25-22) en un partido mucho más igualado de lo que revela el marcador final. No fue un día de épicas ni de filigranas: tocó arremangarse y picar con el pico, la pala y toda la caja de herramientas sin resuello. Sin dejar de remar en la galera. Sin treguas para la hora del bocadillo, sin cafés ni escapadas a fumar. Esfuerzo, oficio y paciencia y algunos pequeños detalles fueron el fiel que inclinaron la balanza y dejaron los dos primeros puntos en casa.

El partido comenzó frío, como si a los dos equipos les costase entrar en materia. El Sargal recordaba a esas aulas todavía impolutas de los comienzo de curso, a esas clases en las que se habla de horarios, sistemas de evaluación y normas de comportamiento especulando antes de entregarse al libro de texto. Las defensas fueron las primeras en entonarse obligando a ataques largos, poco fluidos y asomados al abismo del pasivo. De los tres primeros goles, dos fueron a balón parado, desde los Siete Metros.

Costaba anotar y el marcador iba subiendo lentamente, lo hacía de manera casi paritaria, con ventajas mínimas o empate como argumento recurrente. En ese primer tramo brilló en Cuenca gracias a dos goles un acertado Vuk Perovik que sin embargo casi desapareció el resto del partido, irregular en defensa y exiliado en su extremo donde apenas recibe balones que podría transformar en pólvora como demuestra cuando ejerce de pirotécnico.

En las filas cordobesas el joven pivote Moreira comenzó a erigirse como uno de los más valiosos jugadores del partido. Hizo más de setenta veces siete sietes a la defensa local, provocando penas máximas, desquiciando, marcando y abriendo huecos para sus compañeros. Su talento y cierta laxitud en lo que se refiere a sancionar posibles faltas en ataque de los colegiados García Mosquera y Muro San José fueron una pesadilla para el Ciudad Encantada, incapaz de pararle. La pareja arbitral no fue determinante pero tuvo una actuación llena de borrones, con excesiva afición a la tertulia y a la ley de la compensación y con un criterio más propicio al visitante en aquello de los pasos.

En el minuto 18 era el empate a 7 el que campeaba en el videomarcador del pabellón, novedad tecnológica muy celebrada por los espectadores. A partir de ahí, y a pesar de superar sin demasiadas heridas una expulsión a Colo, el equipo de Cuenca se sumió en uno de sus baches más graves del partido. El Puente Genil supo imponer el ritmo que más le convenía para sus profundos cambios ataque-defensa: más pausado e interrumpido. Toda una jugarreta para jugadores como Vainstein o Sergio López, que surfean mejor cuando la ola es trepidante. Oliva empezó a mejorar su porcentaje y a falta de cinco minutos para el descanso la renta andaluza era de 8-10.

El momento crítico lo salvó el Ciudad Encantada con su workalcoholismo proverbial. Mucho trabajo y oficio y el de siempre, Thiago inventándose goles imposibles cuando el balón parece la patata caliente del Grand Prix a punto de explotar. Ocho goles sumó en todo el partido a pesar de que la defensa pontanesa supo desactivarlo en algunos tramos, obligándole a tomar el balón mucho más cerca del área de lo que le gusta, sin apenas para armar su tiro.

Con un parcial de 3-0 y dos exclusiones en el Puente Genil, parecería que el Ciudad Encantada hubiese tomado el turbo rumbo al descanso. No fue así y desplifarró el viento a favor con una mala defensa y las tablas a 11 fueron el resultado del ecuador del partido.

La segunda mitad no supuso un cambio sustancial en el relato del partido. Igualdad y trabajo. Quedaba claro que el combate se iba a ganar a los puntos más que por un KO. 15-15 en el minuto 40. El partido se había puesto lampedusiano y todo cambiaba para que todo siguiera igual.

El Ciudad Encantada comenzó a sentar las bases de su victoria con defensas que se iban superando en intensidad y duración a sus predecesoras. Los robos de balón que parecían un animal exótico en la primera mitad comenzaron a cazarse y transformarse casi siempre en gol, esencialmente gracias a un Sergio López que flirteó y consumó con la eficacia. Pero quizá el hecho más determinante para cambiar la suerte del partido fue que Leo Maciel, muy frío y discreto en rendimiento en los minutos anteriores,  comenzó a parar, a meterse en el partido, a tocar y sacar balones.

Tampoco le anduvo a la zaga Xavi Castro, debutante con el escudo conquense en competición oficial y que echó una estancia a nuevo ídolo de la afición cumplimentada con muy buena letra y todos los sellos puestos en su sitio. Marcó, distribuyó juego, demostró su potencial en el uno contra uno y la idoneidad de su alineación cuando se juega con uno más. E, incluso, no le tembló la mano para marcar un penalti en momento clave.

Ese llegaría después. A diez minutos del final campaba el 18-17 y en la grada había quien daba por bueno el empate. La maquinaria conquense se activó evocando a su mejor versión y entre méritos propios y deméritos ajenos la ventaja alcanzaba los cuatro goles cuando restaban algo menos de siete minutos.

Pero el sino de este partido era el sacrificio y el sufrimiento y el Ciudad Encantada no puso ni siquiera entonces la ropa de calle, no se despojó del mono de trabajo. El Puente Genil, al que apoyaron varias decenas de ruidosos y educados aficionados, recurrió a una defensa abierta que desorientó a os de Cuenca y acortó por partida doble su ventaja a dos. Puso el miedo en el cuerpo pero la sangre no llegó al Júcar y ya casi en la bocina un prometedor Nolasco puso el definitivo 25-22, una precaución por si el calendario luego obliga a contar golaverages.


FICHA TÉCNICA

Liberbank Ciudad Encantada (25): Carlos Casas, Leonardo Dutra, Marc Canyigueral (1), Colo Vainstein, Martin Doldan, David Mendoza, Hugo López, Thiago Alves (8), Adrián Nolasco (3),, Xavi Castro (7, 3 de penalti), Sergio López (4), Vuk Perovic (2), Rafa Lopez, Kilian Garajonay, Francisco Javier Fernández, Leo Maciel (29%).

Ángel Ximenez Puente G enil (22): David Jiménez, Ignacio Moya, José Cuenca (3), Francisco Javier Bujalance, Álvaro de Hita, Francisco Muñoz (2), Jorge Oliva (30%), Juan Luis Moyano, Mikhail Revin, Tomás Moreira (4), Novica Rudovic (4), Juan Antonio Vázquez (6), Daniel Podadera, Mario Porras (2), Leonardo Doménech (1).

Marcador cada cinco minutos: 1-0, 2-2, 4-4, 7-7, 7-9, 10-10 (descanso), 11-11, 15-14, 15-15, 18-16, 21-16, 25-22 (final).

Árbitros: Fueron excluidos Colo Vainstein en dos ocasiones y Thiago Alves en una por el Liberbank Ciudad Encantada y por los visitantes Jiménez, Bujalance y Moyano en una ocasión y Doménech en una.

Incidencias: Partido correspondiente a la primera jornada de Asobal 2017-2018. Disputada en el pabellón municipal El Sargal ante aproximadamente 900 espectadores.

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