04/05/2019

Dominio de principio a fin del Cuenca ante el Puente Genil (36-29)

Sergio López, Thiago Poncinao y Natan Suárez brillaron en un partido en el que Leo Maciel regaló otra extraordinaria primera parte y Alejandro Taravilla se mostró como un jugador solvente y responsable 

Cuenca-Puente Genil

En un Sargal acostumbrado a los finales apretados y a las remontadas épicas el partido de este sábado era algo así como un yanqui en la Corte del Rey Arturo. El Liberbank Cuenca venció al Ángel Ximénez Puente Genil (36-29) y lo hizo con un dominio de principio a fin, con un derroche de superioridad constante que fue más abrumadora que lo que refleja el ya de por sí holgado marcador.

A pesar de bajas tan importantes como las del máximo goleador Dutra, el equipo de Lidio Jiménez fue capaz de neutralizar a su rival y de hacer el balonmano que quería hacer, exhibiendo sin remilgos las virtudes que han apuntalado su buena temporada.  Comenzó con una intensidad deportiva que desbarataba y bloqueaba el ataque de los andaluces y que, cuando no era suficiente, tenía a un brillante Leo Maciel como plan B. Esa seguridad en la zaga permitía a los conquenses trazar contras que se resolvían con eficacia o ataques posicionales ultrarrápidos en los que el tiro exterior o las combinaciones al pivote se convertían rápidamente en gol.

Como en un déja vu acelerado, una y otra vez se veía la misma escena, apenas matizada. Los andaluces prolongaban sus ataques buscando una oportunidad al borde del pasivo y, casi siempre, había una mano salvadora de Maciel, un lanzamiento apresurado, una presencia intimidadora de Mendoza o un inteligente robo de balón. Y ese botín se capitalizaba con rendimiento de broker o tahúr en racha arriba. Con un Thiago Ponciano extraordinario cuyos brazos parecen armas tan destructoras como precisas. Ocho de nueve goles firmó el brasileño. No le anduvo muy lejos ni cuantitativa ni cualtivamente Sergio López, que sumó siete desde los dos extremos y a la carrera, y sólo fallaría un lanzamiento en un fly en el que tuvo de socio a Óscar Río. Fueron pesadillas para Adroán Léonard Lombés, el inicial portero visitante que vio como se despeñaban sus porcentaje.

Así a los diez minutos de partido la brecha ya era de cinco goles (8-3) y el entrenador local trató de parar la racha con un tiempo muerto que no sirvió de mucho, porque la distancia no paró de crecer en los minutos siguientes. A doce goles se elevó la brecha en el minuto 17 (16-4).

Aquello llevaba camino de ser una masacre más sangrienta que una película de Tarantino. La hemorragia se contuvo porque De Hita pasó a ocupar la portería visitante y, aunque tampoco salió a hombros, sí que mejoró los registros de su compañero. El Cuenca además levantó un poquito el pie del acelerador y Lidio Jiménez se abrió a rotaciones, dando entrada a menos habituales. Alguna exclusión y un mayor acierto de visitantes como David Jiménez permitió reducir a diez minutos del final la distancia a 17-9. Los cordobeses querían volver a subirse al tranvía del partido, aunque fuera en marcha.

Pero no fueron capaces de embridarlo porque el Cuenca otra vez subió revoluciones y apeló a sus méritos defensivos para recuperarse. También ayudaron incorporaciones como Alejandro Taravilla, el joven canterano conquense no quiso que su participación en la pista se quedara en lo honorífico y demostró ser un jugador solvente y maduro que hizo tres dianas en otros tantos intentos. No se conformó con el cariño paternalista recibido por su entrada en juego y conquistó la admiración y el respeto de los aficionados por su rendimiento. La distancia comenzó a oscilar entre los ocho y los diez goles, llegando al descanso con un plácido 20-12.

La emoción tampoco iba a aparecer en la segunda parte, en la que Kilian sustituyó a Leo en la portería. El partido se reaunudó con patrones muy similares a los ya vistos, regalando dosis de balonmano beluga gracias al central Natan Suárez, exhausto por su entrega en ataque y defensa que, más allá de algunos errores fruto del entusiasmo y el cansancio, se coronó con seis goles, numerosas recuperaciones y asistencias que deberían proyectarse en un videomapping en la Facultad de Bellas Artes.

A los cuatro minutos ya campeaba un 25-14 en los marcadores y nadie se atrevía a imaginar otro escenario que no fuera el triunfo local más confortable. Si acaso no renunciaban a tan improbable escenario los jugadores del Puente Genil, que nunca sacaron la bandera blanca y quisieron ir minando la distancia gracias a un Jiménez en ocasiones letal que, no obstante, en más de una ocasión se encontró con Kilian.

Ni las dudosas decisiones arbitrales, quizá muy rígidas con la defensa conquense, sirvieron para dar la vuelta. Ocho, nueve, diez goles. Las cosas no iban a ser mucho más distintas y los grandes nombres del partido seguían sumando cifras con las que engordar su balance. A cuatro minutos del final el tanteo era de 35-27 y la grada ya se dedicaba a los coros y danzas, a ensalzar nombres de jugadores, presidente y entrenador sin prestar demasiada atención a una pista huérfana de adrenalina.

El Puente Genil consiguió maquillar ligeramente el resultado final 36-29 en un alarde de lealtad a sus siglas y de profesionalidad. El Cuenca celebró como se merecía un triunfo que, de tan fácil y claro, escondió las costuras de un profundo trabajo. 

GALERÍA FOTOGRÁFICA DEL PARTIDO, POR JAVIER GUIJARRO

Estadística ampliada del partido 

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