17/04/2017

Día memorable en Alcalá de la Vega

Se colocó una placa homenaje a Florencio Martínez Ruiz  en el tercer aniversario de su muerte en la casa donde vivió su infancia y juventud.

¡Buen  Sábado de Gloria, 15 de abril de 2017, en Alcalá de la Vega!

Tras mucho tiempo de espera y fruto de la espontaneidad, contenida demasiado tiempo,  no a nivel oficial como pedían los protocolos, sino promovido por un grupo de amigos y en conformidad, colaboración y con laq alegría de su hermana Orfe, dueña del edificio, se colocó una placa homenaje a don FLORENCIO MARTÍNEZ RUIZ en el tercer aniversario de su muerte en la casa donde vivió su infancia y juventud.

Este periodista, escritor insigne, crítico literario y el poeta, que durante más de cuarenta años mantuvo vivas las páginas de ABC desde su sede en Madrid, las de innumerables revistas literarias y las de la prensa local conquense defendiendo la cultura, la literatura y el Patrimonio Nacional y Provincial ha recibido en su pueblo el tardío homenaje y el reconocimiento que se merecía.y se reclamaba.

¡Qué fácil hubiera resultado hoy cuando, a través de los modernos medios de comunicación y de varias asociaciones, nacidas a su amparo, son normales y cotidianos los debates y las polémicas en defensa de nuestro patrimonio artístico, histórico y monumental!

Pero los tiempos de Florencio fueron otros y, en solitario, venciendo incomprensiones, fue el primero el denunciar el abandono y olvido del patrimonio histórico de Moya y de  sus tierras: Desde las gloriosas ruinas de la Villa, a las ruinas desconocidas y olvidadas de AL-Qala en Alcalá de la Vega a los pies de su castillo árabe, equidistante de Cuenca, Albarracín y Alpuente, primer asentamiento establecido en los que hoy es la provincia de Cuenca por los árabes que buscaban las maderas de la zona y la ruta del Cabriel para llevarlas a Valencia. Florencio aludió en sus escritos a  las prebendas que Alfonso XI le concediera sobre 1335 a su pueblo, únicas y exclusivas en toda la provincia,  y  Florencio pretendió, también, llamar la atención sobre el puente  -que se dice romano- de Cristinas sobre el río Cabriel, formando parte del Camino de Antonino, remozado a principios del siglo XVI por los dominicos del convento de Santa Cruz de Carboneras para dar paso al molino, como intentó llamar la atención sobre las ruinas de este convento de Carboneras en cuya iglesia descansan los restos de los primeros marquesas de Moya, Andrés de Cabrera (1430-1511) y su esposa Beatriz de Bobadilla (1440-1511). Y escribió sobre Elías Cannetti, antes de recibir el premio Novel de Literatura en 1981, y sobre su relación con Cañete antes de ser nombrado hijo adoptivo de esta villa en un intento de relacionarlo "con las manzanas de Alcalá de la Vega".

Y mucho escribió Florencio sobre su río Cabriel, "porque tengo que hablar de un río claro si no es que he de arrancármelo del pecho" –decía–   el río más cristalino y limpio de España al que dedica un libro de poemas titulado "El Cabriel Dormido", donde deja girones de su viva y recuerda en sus riberas la niñez, los juegos de juventud, las estallantes choperas, sus truchas y sus cangrejos.

Colocada la placa con la presencia de su hijo Oscar  y de un numeroso  grupo de amigos incondicionales, se leyeron algunos de sus sonetos, comenzando por uno inédito, íntimo y póstumo, escrito pocos días antes de su muerte y confiado a su amigo Manuel Cano, quién en la lectura transmitió su fuerte emoción a los asistentes al enumerar, como despedida, a sus personajes más significativos y a los amigos almacenados en su memoria. Niceto Hinarejos recordó el soneto en el que agradece a sus hermanas Orfe y Maruja "el sobrio traje hecho a su medida" con la tela de la vieja capa de su padre en 1945, "donde dejaron bajo la solapa, además de bombones de la Trapa, su corazón plegado entre el paño" al trasladarse a Cuenca para iniciar sus estudios.  Mariano López, que bajó desde su pueblo de Salvacañete para unirse al grupo, exalta en el soneto escogido a la abuela Ricarda "haciendo calceta", rodeada de gallinas que merodeaban libremente por las calles en la década de los cuarenta. Y terminó su hijo Oscar que nos guardaba la sorpresa: Un soneto inédito, en el que su padre se recrea recordando el viejo ciprés de Alcalá de la Vega, su amplia Vega, su "cantarino" río Cabriel, La Lomilla y el Monegrillo, anudándonos la garganta.

 

Soneto póstumo, leído por Manuel Cano:


Cuando llegue mi hora, Fortunato,
a la tropa escolar pon sobreaviso
en La Merced y cumple el compromiso
de reclutarla a golpe de silbato.
Cántame "In Paradisum" de inmediato
en latín de Pedrone si es preciso,
y que el deán dé al Júcar su permiso
para asistir al coro por un rato.
Que te acompañen con su voz más pura.
Gregorio, Vieco, Luis, Pinga y Vicente
y, con su icono mágico, Anastasio.
Y, si Dios encarece la factura
y hay que esperar, que Cuenca me represente
cerca del Cielo, en su alto iconostasio.
 

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