10/08/2017
Viajes por Cuenca

Del Escorial manchego a la Ruta de las Caras pasando por la ciudad de los conventos y los museos

Uclés, Huete y Buendía acumulan abundantes argumentos patrimoniales, naturales y gastronómicos para olvidar las prisas y recorrerlos con sosiego 

 

Idilio con el mundo audiovisual

La conmovedora historia de un nieto y su abuelo con alzheimer con la que la Fundación Reina Sofía pretendía concienciar sobre esta enfermedad ha llevado a Uclés a miles de televisores y otras pantallas de toda España. No era la primera vez que un anuncio, una serie o una película elegían el municipio conquense como decorado. Está localidad de La Mancha Alta mantiene un largo idilio con el mundo audiovisual fraguado en films como ‘El Rey Pasmado', ‘Los cuatro mosqueteros' y ‘Alatriste', en producciones como ‘El Ministerio del Tiempo' y ‘Águila Roja' y en spots como los de Cerveza Amstel y Aquarius.

En este romance con las cámaras mucho tiene que ver la silueta del Monasterio de Santiago Apóstol, visible desde varios kilómetros a la redonda. Imponente y majestuosa desde donde se mire, pero especialmente si obliga al viajero a alzar la vista, a mirar desde abajo ese prodigio arquitectónico donde sobresalen sus tres recias torres. Recibe el sobrenombre de ‘El Escorial de La Mancha', un cliché que no se desgasta porque define con sencillez su condición de sobresaliente muestra del aire herreriano y recinto de grandes dimensiones donde la historia coloniza cada rincón.

El Monasterio se construyó sobre el antiguo Castillo, del siglo IX, clave en la Reconquista y del que se ha dicho que inspiró a Alfonso VIII para concebir el escudo que identificaría en todo al planeta a la Corona de Castilla y que forma parte de la estructura del escudo de España. De aquel recinto amurallado destacan las supervivientes torres del Pontido y el Palomar, herederas de la época árabe, y unida a ellas por un imponente lienzo de muralla, la Torre Albarrana (siglos  XIII-XIV).

El actual edificio data del siglo XVI, cuando se reconvirtió la antigua fortaleza porque las necesidades defensivas se habían aminorado cediendo protagonismo a la espiritualidad y a la estética. El inmueble se organiza en torno al patio, que es uno de esos espacios que por sí mismos justifican una escapada: un doble claustro cerrado por la nada desdeñable cifra de 36 arcos.

El Monasterio se organiza en torno al patio, que es uno de esos espacios que por sí mismos justifican una escapada

Otra dependencia que admira y asombra es el refectorio y su espectacular artesonado renacentista de madera de pino.  Lo rodean 36 casetones, otra vez el 36, que representan a otros tantos caballeros santiaguistas, presididos por el emperador Carlos I, que fue el que impulsó el Monasterio.  También exige inventar nuevos adjetivos la gran escalera principal.

La sacristía, que se usa ahora como capilla, permite contemplar la transición del gótico al renacimiento en su bóveda de crucería y magistrales muestras de arte plateresco en sus arcos y ventanales.  Un buen prólogo antes de acceder a la iglesia cuyas dimensiones apabullan. 65 metros de larga y doce de ancha levantada por Francisco de Mora, discípulo de Herrera. El templo destaca por su rejería y un cuadro de Francisco Ricci, el pintor de cámara de Felipe IV.

En las capillas laterales de la iglesia principal se ha instalado un pequeño museo donde se pueden admirar los restos de un calvario gótico bajo el que fue enterrado el poeta Jorge Manrique y se ayuda a descubrir la historia de la Orden de Santiago. También la del propio municipio ucleseño desde la prehistoria. 

Una referencia del arte churrigueresco

Si el interior fuese poco -que no lo es precisamente- el exterior rivaliza sin medianías con las grandes edificaciones del patrimonio español. La portada principal, de Pedro de Ribera, se coloca como uno de los referentes del arte churrigueresco. La fachada oriental regala deliciosas y originales composiciones platerescas y las del Norte y el Oeste apuestan por la hermosa sobriedad herreriana.  Corona el conjunto el chapitel sobre el que se coloca un gallo de más de dos metros que sigue cumpliendo con su función original de veleta.

El Monasterio acumula una dilatada y agitada trayectoria de usos. Fue castillo, monasterio, instituto, convento, noviciado, hospital y cárcel. Sufrió ataques y esquilmaciones en la Guerra de la Independencia y en la Civil. Entre 1949 y 2012 fue sede del Seminario Menor de la Diócesis y por sus aulas pasaron miles de estudiantes para los que es toda una referencia sentimental.

Actualmente el magno edificio mantiene su condición de lugar de culto y de casa de espiritualidad, acogiendo regularmente retiros y convivencias. También funciona como hospedería y como alojamiento para congresos y cursos. El catálogo de opciones abarca también eventos como bodas, conciertos y actuaciones. Y, por supuesto, la visita turística. Los horarios, muy amplios, y las tarifas se pueden consultar en la detallada web del Monasterio o en el teléfono 969 13 50 58.  Existen audioguías, rutas guiadas y teatralizadas y también una tienda de recuerdos y productos gourmet. 

Unas obras ejecutadas hace un par de años en el Plan de Mejora de las Infraestructuras Turísticas (Plamit) de la Diputación Provincial han logrado mejorar la conexión del Monasterio con el casco histórico.  Allí están otros regalos patrimoniales de Uclés como el Ayuntamiento dieciochesco, la remodelada iglesia de Santa María, que ahora es la Ermita de las Angustias, y un foco de devoción.  Merecen también la pena el Pósito (del siglo XVI) y varias casas nobiliarias, algunas de ellas dedicadas ahora al turismo.  La Puerta del Agua y la Fuente de los Cinco Caños componen un bucólico conjunto. Calles que se llenan de vida en fechas notables como el 5 de enero con su cabalgata, una de las más antiguas de la provincia, cuando se canta el valioso villancico mozárabe.

El edificio más grande de la Diócesis y convento mercedario de referencia

En media hora en coche, vía Carrascosa del Campo, se alcanza Huete, una de las cuatro localidades de la provincia que cuentan con el título de ciudad junto a Tarancón, Priego y la propia capital. Un destino imprescindible por si prolijo catálogo monumental que la equipara a otras urbes y villas de las dos Castillas que se han hecho un nombre en el turismo interior. Conviene dejarse el reloj en stand by y exiliar a las prisas porque hay mucho y bueno que ver, sentir y comer. Iglesias, conventos, palacios y murallas conviven en este paisaje urbano y dan testimonio de su destacado papel en siglos pretéritos. 

Las dimensiones del Monasterio del Nuestra Señora de la Merced, Bien de Interés Cultural, son tan hiperbólicas que más parecen de Brobdingnag, aquel país de gigantes visitado por Gulliver, que de La Alcarria conquense. El inmueble más grande de la Diócesis y uno de los conventos más importantes de la orden mercedaria. Data del siglo XIII aunque los tiempos le han ido sumando nuevos estilos y legados.  De forma rectangular y organizado en tres pisos destacan en su exterior sus sillares y sus dos largas filas de balcones y otra de rejas.

El interior alberga varias dependencias municipales y administrativas, como el propio Ayuntamiento, y también la iglesia parroquial de San Esteban. El templo es un alarde de belleza barroca diseñado por José de Arroyo que sobrecoge por su majestuosidad, casi catedralicia, y sus hermosas bóvedas con delicadas pinturas murales.  Muy interesante es su pila bautismal gótica o el lienzo de la Anunciación que son el mejor ejemplo de la pintura rococó en las tierras de Cuenca.  Pieza imprescindible para los amantes de la imaginería es la escultura de Jesús Nazareno, del siglo XVII y autor anónimo. Retablos, capillas y lienzos contemplan la lista de reclamos.

Cinco museos y un centro de interpretación

En el inagotable monasterio mercedario se encuentran también un claustro del siglo XVII y tres museos de muy distinta naturaleza. El de Arte Sacro fue reformado en 2014 gracias a la ayuda financiera de la Diputación Provincial y, con modernas técnicas museográficas, exhibe valiosas piezas que en su día pertenecieron a las catorce parroquias que llegó a tener la ciudad optense. Alberga  cruces parroquiales de los plateros Francisco de Becerril y Miguel Martínez del Arta. Lienzos, un Cristo de Marfil, ornamentos sacerdotales, libros de cantos y un curioso manto elaborado por los cautivos en Filipinas en el siglo XVIII.

También fue remodelado recientemente, dentro del Plamit, el Museo Etnográfico, uno de los mejores de su género en Castilla-La Mancha. Un viaje al pasado y a la esencia rural que resulta especialmente atractivo a los niños por las salas que recrean una antigua sala de cine, una escuela de posguerra y por su valiosa colección de muñecas de todo el mundo.

El Museo de Arte Contemporáneo ‘Florencio de la Fuente' copa el precioso antiguo refectorio del Monasterio, una sala de columnas donde se alternan exposiciones de los fondos permanentes (como la obra gráfica de Dalí y Picasso o las pinturas de Pedro de Matheu) con las novedosas propuestas de jóvenes creadores. Un foco de ebullición artística.

A escasos metros del magno templo se encuentra otro museo (la ratio de estos centros por habitante es de la más elevadas de España), el de La Fragua, dedicado al mundo de la Herrería.

El Convento de Jesús y María, conocido por los lugareños como ‘El Cristo', también fue rehabilitado con fondos provinciales para albergar el Museo de Fotografía, otra de las sedes de la Fundación Antonio Pérez. Sus fondos permanentes se nutren de nombres tan importantes como Nicolas Muller, Cristina García Rodero, Isabel Muñoz y Masats .Sus muestras temporales no tienen nada que envidiar a las de las agendas fotográficas de las metrópolis. Pero más allá del potente contenido, el continente también atrapará el recuerdo del viajero, fascinado por un armonioso claustro renacentista de livianos arcos o una portada detallista atribuida a Andrés de Vandelvira repleta de detalle y belleza. Anejo al antiguo convento se encuentra la iglesia, que sigue abierta al culto.

Una referencia del barroco castellano y otra del primer gótico

Otra fachada en la que echar un buen rato es la de la iglesia conventual de Santo Domingo, una referencia del barroco castellano por sus simétricas proporciones.  Su autor es el arquitecto Fray Alberto de la Madre de Dios, responsable de varias iglesias y conventos en Lerma (Burgos) y del Monasterio de la Encarnación de Madrid, entre otros hitos. El templo ha sido recientemente adquirido por la Diputación Provincial con el fin de restaurarloy destinarlo a usos culturales.

A escasos metros aguarda un edificio que albergó una de las primeras imprentas del país y cerca la iglesia de San Nicolás El Real de Medina y el antiguo convento de los Jesuitas. Otra notable huella barroca donde se encuentra el Centro de Interpretación de las fiestas de San Juan Evangelista. Estos festejos, además de muy divertidos, son un valioso legado antropológico al igual que los de Santa Quiteria, con los que rivaliza. Ambos se celebran en mayo, aunque en diferentes fines de semana, y están declarados de Interés Turístico Regional.

Excepcional enclave es el ábside de la antigua iglesia de Santa María de Atienza que pervive desde el siglo XIII y es una de las más primitivas muestras del gótico en la Península. Gallardo y romántico en su esbeltez, el monumento es además una privilegiada atalaya desde donde observar el conjunto optense. Al Plamit se debe también su rehabilitación y cubrición que ha multiplicado su versatilidad para acoger conciertos y otras actuaciones que engrosas la nutrida agenda cultural optense, especialmente intensa en los meses estivales.

Desde Atienza, ascendiendo apenas unos metros por calles de evidente trazado medieval, se acceden a los restos de la alcazaba árabe, el castillo de Huete, cuyas piedras callan viejas batallas que glosaron los cronistas.

El paseo turístico por el municipio no será completo si no se deja caer por Arcos como el de Medina o por la esbelta Torre del Reloj tan neoclásica como barroca, siempre elegante. O por la coqueta ermita de San Gil (siglos XVIII-XIX) muy cercana al señorial Parque de la Chopera.  El viajero avispado puede atisbar en los rincones restos de las iglesias de San Pedro, San Francisco y El Pósito o recrearse con los blasones de las nobiliarias casas del Conde de Garcinarro, Los Linajes y la de Los Amoraga, entre otros. Se conserva también parcialmente el Palacio Episcopal.

Un pepino democrático

La Oficina de Turismo, situada en el Monasterio de la Merced, orienta sobre los atractivos optenses y expide las entradas a los diferentes museos. También organiza visitas guiadas y otras actividades. Cuenta con presencia en las redes sociales y se puede contactar en el teléfono 651 919 852.

El arte alimenta el alma. Para avituallar el cuerpo se pueden degustar sus magníficos pepinos autóctonos, calificados como "democráticos" porque su suave sabor respeta la libertad de expresión de los alimentos que acompaña. La marca de ginebra Hendricks ha plantado recientemente un huerto en la localidad, donde organiza catas y visitas, y regalado una estatua y bizarra estatua de la hortaliza.  Los amantes del vino, del queso, de la lavanda y de la miel también encontrarán lugares donde degustarlos y adquirirlos e incluso donde conocer su proceso de elaboración. 

Budas entre pinares

Otra media hora separa Huete de Buendía, siguiente y último hito de esta ruta. Un viaje por La Alcarria, un territorio tan real como literario, una paleta de marrones y cobrizos, un festival cromático.

La villa es conocida, sobre todo, por el embalse homónimo, que junto al de Entrepeñas configura el Mar de Castilla. A sus orillas existe una playa en la que no faltan los elementos clásicos de las costeras y, si el nivel del agua lo permite, en él se pueden practicar diversos deportes de aventura o la pesca.

Los alrededores son territorio idóneo para la práctica del senderismo. Una patria conquistada para el sosiego. La zona de la Ermita de Nuestra Señora de los Desamparados, a doce kilómetros del pueblo, se enmarca en un bello paraje natural trazado por el río Guadiela. Un cañón de varios kilómetros donde reinan los pinares y sabinares y epicentro de sendas animadas romerías en mayo y septiembre. En sus altos farallones anidan y viven buitres y aves rapaces, con lo que unos prismáticos en la mochila nunca están de más.

Duendes, caracolas, budas, dioses hindúes, chamanes, cruces y calaveras se despliegan por el original museo al aire libre que es La Ruta de las Caras

Otra vía senderista que ha conseguido el fervor de numerosas rutas turísticas es La Ruta de las Caras. A lo largo de una senda que se abre en el bosque se van desplegando un total de 18 esculturas y bajorrelieves de grandes dimensiones tallados en madera con instrumentos tradicionales por Jorge Maldonado y Eulogio Reguillo entre 1992 y 2007. Duendes, caracolas, budas, dioses hindúes, chamanes, cruces y calaveras se despliegan por este original museo al aire libre al que se puede acceder sin entrada y que recibe unos 10.000 turistas al año. Es un camino muy accesible -apenas cuatro kilómetros y sin pendientes- por lo que es ideal para ir con niños, que seguro que se quedarán con la boca abierta ante tal sucesión de criaturas.

En el paraje conocido como La Veguilla se ha habilitado una completa y muy bien dotada zona de estacionamiento de autocaravanas, con capacidad para 85 vehículos y numerosos servicios para los amantes de este tipo de turismo.

Tartanas, diligencias y galeras

El pueblo en sí atrae por su tipismo, por un aspecto pintoresco que construye su identidad estética con aires norteños y medievales. Los segundos deben mucho a la intermitente muralla que la circunda y que mantiene las Puertas Nueva, la del Castillo  y la del Convento.

La Plaza de la Constitución es uno de los ejemplos más señalados del renacimiento en la provincia y configura una estampa de soportales y empedrado medieval. Allí se encuentra el Ayuntamiento porticado, la Cámara del Duque y también la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, que antaño tuvo condición de colegiata.

El templo cuenta con más de 1.000 metros cuadrados de superficies divididos en tres naves. De estilo gótico en su interior exhibe ufana ocho espectaculares columnas cilíndricas que acaban con forma de palmera. El coro es de rejería de madera policromada. En el exterior, todo de sillería, no hay que perderse la portada principal de estilo herreriano y la trasera, renacentista. Y su maciza torre.

En el histórico edificio de La Tercia (siglos XV-XVII) se encuentra el Museo del Carro, un original centro dedicado a calesas, galeras, tartanas, diligencias y vehículos similares. Un viaje en el tiempo por la historia de los viajes que cuenta con notables muestras de los tataranietos de los autobuses, autocares y furgonetas.  También se puede visitar una antigua Botica, que refleja cómo eran las farmacias en el siglo XIX e inicios y mediados del XX.

Las originales cuevas que salpican el casco urbano, que se organiza concéntricamente en torno a la Plaza Mayor, o detalles como el lavadero añaden más gotas de encanto a un municipio que es todo un regalo para las retinas. Su Oficina de Turismo, cuya atención es muy alabada por los usuarios, ofrece consejos y también organiza visitas por la zona. Atiende en el número 969 37 32 59.

Amplia galería fotográfica de este itinerario

 

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