20/07/2018

Deciden los que se presentan

En cada habitación de este pasillo/ más que la enfermedad duerme un recuerdo.
Luis García Montero (del poema Marcapasos).

Por razones familiares, últimamente he frecuentado ese entorno de gasas, cables, ojos, piel y yodo de los que habla el  poema cuyos versos  encabezan estas líneas, y  me preguntaba  si  a los pacientes hospitalarios y a sus acompañantes, cada amanecer les traería la inquietud sobre la independencia catalana, el gobierno de la televisión pública o las primarias, a nivel autonómico o nacional, de algún que otro partido político; o si , por el contrario, la enfermedad propia o cercana en  el afecto, produciría, junto al miedo ante la pérdida de salud, una claridad mayor para  apreciar   lo que realmente es importante en la vida.

Y quiénes son esenciales  para cada uno de nosotros.  El sanitario que coloca con delicadeza la vía, quien ayuda al enfermo a obtener una postura más cómoda en la cama, el médico que explica pacientemente el diagnóstico y da esperanzas con el tratamiento prescrito, son las figuras, los personajes principales que oscurecen cualquier devaluada  noticia sobre  la política y sus protagonistas, hasta el punto de que el ciudadano medio alcance una inevitable, aunque poco conveniente, indiferencia sobre éstos.

Sin embargo, entiendo que no debería ser así, siempre que se percibiera que todo gestor público ha adquirido un auténtico compromiso de mejorar la vida de los administrados, y que la formación y profesionalidad de aquéllos habría de afectar a la prestación sanitaria que reciben, a las futuras pensiones, a la educación y puestos de trabajo de hijos y nietos, a las coberturas sociales y, en definitiva, a la merecida calidad de vida que una sociedad civilizada ha ido diseñando.

Los griegos consideraban que sólo los más justos y capaces debían llegar al gobierno; y nadie debería discutir que los mejores, los más capacitados y los más generosos en el esfuerzo deberían ofrecerse,  uniéndose y trabajando   en un interés común, y no únicamente en el particularísimo y egoísta de un partido o del propio individuo.

En la mítica serie televisiva  El Ala Oeste de la Casa Blanca, alguien del equipo colaborador del Presidente Bartlet, mientras preparan la campaña de reelección,  declara: "  Deciden los que se presentan". Y aunque   en EEUU hay que disponer de una gran fortuna para ser candidato, y  en España no basta con querer  presentarse, sino que se necesita inexcusablemente el apoyo de un partido asentado, el aserto televisivo sigue siendo válido. La cuestión radica, cuando ves tanta cohorte de asesores en cualquier administración,  en preguntarse si quien se presenta es el más justo y capaz, o sólo el mejor colocado en el aparato del partido, puesto que  la capacidad ya le vendrá a través de aquéllos, bien por ósmosis, bien por gracia del Espíritu Santo.

Ante tanta duda, ante una indiferencia, dudo  si completamente  justificada, podríamos plantearnos la pregunta, parafraseando el genial anuncio de la ONCE ( ¿ ser madre,  compensa?) : " ¿ ser votante, compensa?".

Que cada uno se responda a sí mismo.  Lo  deseable  es que los gobernantes y candidatos nos intentaran convencer día  a día, y no sólo cuando pancartas y papeletas de votos salgan de las imprentas.
 

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