31/03/2018
Semana Santa

Cristo se ha hecho hombre y ha muerto en Cuenca para dar sentido a un Viernes Santo atípico

La procesión del Santo Entierro también ha tenido que suspenderse y acortar su recorrido por culpa de la lluvia

Santo Entierro 2018. Foto: Á. Lucas

Llora la pluma tinta negra mientras se escriben estas palabras. La ciudad que de madrugaba gritaba y al mediodía gemía, ahora calla. Enmudecidas las casas, las piedras, los guijarros del suelo, el asfalto. El silencio es la más humilde muestra del mayor de los respetos en nuestra Jerusalén castellana. Y así sucede. Cuenca se muestra respetuosa con Cristo muerto a pesar de que la lluvia haya truncado de nuevo la tercera de las procesiones de este Viernes Santo conquense.

El Santo Entierro también ha tenido que acortar recorrido debido a la suspensión del desfile y en vez de bajar por las Curvas de la Audiencia ha optado por la calle del Peso para llegar a El Salvador, donde estaba prevista su llegada, pero horas más tarde y después de haber recorrido la parte baja de la ciudad. Algunos de los más veteranos de las hermandades de esta noche han comentado que puede tratarse de la primera vez en más de 50 años que esta procesión haya cruzado por la calle del Peso.

Pero una talla tan hermosa como la del Yacente, que ha cumplido 75 años, ni la lluvia ni los plásticos ni la noche ni el frío velo de la muerte le puede restar belleza. Ni tampoco la muerte puede vencer al Cristo que se ha hecho hombre en Cuenca por nosotros, para redimirnos. Las manos de Marco Pérez y las de otros imagineros se esmeraron en demostrarnos a través de la Semana Santa de Cuenca lo sublime del dolor y la muerte. Y vaya si lo hicieron.

La Catedral, digna capilla ardiente
A las 21:00 horas ha salido la procesión de la Catedral, grandioso templo para insigne procesión. Panteón gótico, sepulcro conquense. Capilla ardiente levantada con los cimientos de la historia, las piedras de la tradición. Iglesia de Iglesias, digna capilla ardiente para Cristo Yacente.

La hermandades no han querido dejar de rendir respeto al que dio la vida por ellos. Representación de las cofradías conquenses que han acudido a arropar a un Madre que ha llorado por su hijo ahora ya sin vida. Velatorio castellano; sobrio, mas profundo; sencillo, mas majestuoso en esencia. Minutos antes de comenzar la procesión algunos de sus representantes han entrado a la Catedral, aunque el cortejo para ellos se ha formado en la calle y de forma cronológica, como su aparición en la Semana Santa.

Tampoco han dejado de acompañar a Cristo y a su Madre ni a la Cruz las Damas de la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y la Cruz ni  el Cabildo de Caballeros. Asimismo, se han unido al cortejo autoridades civiles, militares y religiosas, representantes de la Junta de Cofradías y fuerzas del orden, entre otros. La Guardia Civil ha escoltado a estos dos pasos.

Lluvia en las tres procesiones de este Viernes Santo
Han llorado hasta las nubes en este Viernes Santo conquense, a veces han podido contener la emoción, pero en las tres procesiones han terminado dejando escapar alguna gota, en ocasiones con mucha intensidad.

Un Viernes Santo tan atípico como curioso del que algunos han sacado el mensaje positivo de que al menos las tres procesiones han podido salir a la calle y desfilar. Las tres procesiones han tenido que sortear con maestría la calle del peso para poder llegar más rápidamente a resguardarse del agua. En el caso del Santo Entierro, la Cruz desnuda de Jerusalén directamente se ha quedado en la antigua iglesia de San Andrés y los dos pasos han continuado hasta El Salvador.

Y a pesar de la lluvia los nazarenos de Cuenca han demostrado que saben aguantar el tipo. Mención especial para ellos, pero también para las bandas de música y los espectadores, que han resistido la tentación de cobijarse lejos de la procesión. Y por supuesto para los coros.

En este caso el Coro del Conservatorio ha cantado en San Felipe y ante la imposibilidad de poder hacerlo en la llegada de las imágenes a El Salvador, el Coro Alonso Lobo ha trasladado su voz dentro del templo. Así han acariciado y abrazado con sus voces a todas las almas afligidas en esta fría noche.

Ahora habrá que esperar a ver reconstruido el Templo en tres días. Quizá en Cuenca no haya que esperar demasiado. Quizá la Resurrección no esté tan lejos cuando se desea tanto y puede que sean las mujeres las primeras en saber que Cristo ha vencido a la Muerte.

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