14/01/2019
Opinión

Carta al Ayuntamiento

Hace cincuenta años tuve la suerte de ser testigo privilegiado de la creación del Museode Arte Abstracto Español de Cuenca y asistir a la eclosión de nuestra ciudad como centro neuralgico del arte más vanguardista y observar la trascendencia que tuvo para el desarrollo cultural, social y económico de Cuenca.

Fernando Zóbel y Gustavo Torner fueron los responsables directos de este proyecto que transformó Cuenca para siempre, pero no menos decisivo fue el alcalde de la ciudad en esa época, Rodrigo Lozano, que como un auténtico visionario, fue capaz de ceder el edificio más emblemático de Cuenca, las Casas Colgadas, para albergar la sede del Museo, que por supuesto se llenó con toda una serie de obras de arte desconocidas para la mayor parte de los ciudadanos.

Veinticinco años después, la presidenta de la Diputación, Marina Moya y su vicepresidente, Jesús Mateo, aceptaron primero la donación de mi colección y después crearon la fundación que lleva mi nombre para su gestión. No podíamos distar más, ideológicamente, pero pusieron por delante de todo su amor a Cuenca y el interés general.

Cientos de miles de personas han pasado desde entonces por el antiguo Convento de las Carmelitas Descalzas, sede de la Fundación Antonio Pérez, para disfrutar de las obras expuestas. Ese edificio singular era la joya de la Diputación.

En esa época también el Ayuntamiento de Cuenca cedió la Casa Zavala para sede de lafutura Fundación Saura. Los desgraciados acontecimientos posteriores dieron al traste con ese ilusionante proyecto.

Estos dias leo, sin embargo, con consternación que el Ayuntamiento de Cuenca no cederá la Casa Zavala para acoger temporalmente la obras de la colección Roberto Polo que conformarán la sede de este museo en nuestra ciudad, a la par que la sede que la Junta de Comunidades abrirá de forma simultánea en Toledo.

No puedo creer que la corporación que rige el Ayuntamiento y que conoce nuestra historia, que sabe perfectamente lo que supuso el museo de Arte abstracto y la Fundación Antonio Pérez, que hace gala de su apuesta por el arte contemporáneo en su política cultural, vaya, cincuenta años después, a impedir que un proyecto artístico internacional de la envergadura del que estamos hablando, se pierda para Cuenca.

Sin sus museos Cuenca seria otra ciudad diferente, a lo mejor ni siquiera Ciudad Patrimonio de la Humanidad. No cometamos el desatino de perder esta gran oportunidad que nos vuelva a poner en la vanguardia del arte.

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