17/08/2017

Arte rupestre levantino y una ciudad medieval completa en Tierras de Moya

Moya y Villar del Humo contienen un importante y rico patrimonio que mostrar al viajero y transportar a los visitantes a otras épocas

La llave de tres reinos

Situada sobre un escarpado cerro, la villa de Moya ha sido considerada durante siglos como la llave de los reinos, por su ubicación entre Castilla, Aragón y Valencia. Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1982, esta ciudad medieval completa hoy en ruinas ofrece una visita por uno de los más impactantes lugares de este tipo que existen en España.

Este núcleo llegó a ser, en su etapa de máximo esplendor, cabeza del Marquesado de Moya, en el que se incluían hasta 36 municipios que sumaban alrededor de 1.200 personas. Es por eso que la villa de Moya tenía una doble muralla, que ayudaba junto con el abrupto terreno a la defensa del territorio. La ciudad contaba con ocho puertas de acceso, castillo, siete iglesias de las que una permanece en pie y en la que aún se celebra culto, dos conventos, hospital, ayuntamiento y plaza mayor, entre otros.

Del castillo quedan en pie una espectacular torre del homenaje y varios torreones, junto con grandes fragmentos de la muralla y algunas de las puertas. En el enclave se han desarrollado diversas tareas de restauración, gracias a las cuales se mantienen entre otros la iglesia de Santa María y el Ayuntamiento.

Una joya medieval con cinco recintos amurallados

La villa de Moya está formada por cinco recintos amurallados cuya fabricación procede de diferentes épocas, desde el siglo XII hasta el XV. Entre estos se abrieron en distintos momentos históricos ocho puertas que permitían el acceso a su interior. En la villa había al menos 16 calles en forma de red, algunas de ellas empedradas. 

La puerta de la Villa es la primera que da paso al recinto amurallado. Adornada con el escudo de los Cabrera, es identificable por unas pequeñas almenas en su parte superior. El enclave no necesitó muralla en la ladera occidental por la geografía del terreno, pero sí de una doble en la ladera oriental.

En la punta meridional de la peña se encuentra edificado el castillo, que cuenta con una torre cilíndrica en cada extremo y una puerta de entrada flanqueada por dos torreones. Está separado de la ciudad por un muro con foso. Destaca en el interior el patio de armas con su impresionante torre del homenaje.

Una iglesia con culto y romería cada siete años

Entre las construcciones que pueden observarse al pasear por este importante yacimiento, destaca junto a la Plaza Mayor la iglesia de Santa María la Mayor. Es la más antigua de la ciudad y la única que mantiene el culto en la villa. Es un templo gótico que reluce por su coro, su retablo y su histórico reloj. Su portada es de arco apuntado apoyado en unas columnas con decorados capiteles.

Cada siete años, esta iglesia es testigo de una de las más importantes romerías que se celebran en el centro peninsular. Miles de fieles acompañan a la Virgen de Tejeda en el Septenario a través de tres poblaciones: Garaballa, Landete y Moya. Una fiesta que está declarada de interés turístico regional y que tendrá lugar en septiembre del próximo 2018.

Frente a esta iglesia se encuentra la casa-ayuntamiento, con una notable balconada serrana y dos puertas. También hay en el interior de la villa el Hospital de Santiago, fundado por la familia Zapata en el siglo XVIII, la estructura del convento de monjas franciscanas datado en el siglo XVI, y bellos restos como la media espadaña que se conserva de la iglesia de San Bartolomé, que guarda aún unas interesantes pinturas de los siglos XIV y XV; las jambas góticas de la de San Miguel; o la iglesia de la Trinidad, recientemente restaurada en su techumbre y que cuenta con una portada medieval del siglo XIV y una espadaña del siglo XVI.

Entre los restos de importantísimo valor que se pueden ver en el yacimiento medieval se encuentran los de La Coracha, un recinto fortificado con una doble muralla y que cuenta con dos torreones, uno que servía para proteger el manantial de agua y otro por el que pasaban las mercancías del reino de Aragón y de Valencia y se cobraban los impuestos.

La historia del enclave se remonta a la Edad de Bronce

Para encontrar el origen de este defensivo enclave hay que remontarse hasta la prehistoria, dado que ya fue utilizado en la Edad de Bronce. La historia moderna de la villa de Moya comienza en 1210, cuando fue poblada por orden del rey Alfonso VIII. Su sucesor en el trono, Enrique III, entregó la villa a la Orden de Santiago en 1215, que levantó un primitivo castillo.

La condición de puerto seco en la frontera con el reino de Aragón supuso un importante crecimiento de población durante el siglo XIV. En 1319, Fernando IV declaró a la villa como patrimonio de la Corona. Más tarde, en 1463 Enrique IV hizo donación del entonces  Señorío de Moya a Andrés de Cabrera, pero no fue hasta 1475 cuando los Reyes Católicos confirmaron esta donación como un señorío.

El Señorío fue elevado a Marquesado en 1480, siendo Andrés de Cabrera su primer marqués junto con su esposa Beatriz de Bobadilla, que tenía una estrecha relación como camarera de Isabel de Castilla. En la actualidad, este título nobiliario de carácter hereditario recae en Carlos Fitz-James-Stuart y Martínez de Irujo que obtuvo el título en 2015 tras fallecer su madre, la Duquesa de Alba. El Marquesado de Moya abarca los pueblos de Henarejos, Cardenete, Carboneras, San Martín de Boniches, Villar del Humo, Pajaroncillo, Campillos Sierra, Huerta y Laguna Marquesado, Zafrilla, Tejadillos, Salinas, Salvacañete, Boniches, Alcalá de la Vega, Landete, El Cubillo, Algarra, Garcimolina, Talayuelas, Casas de Pedro Alonso, Aliaguilla, Narboneta, Garaballa, Campillos de Paravientos, Santa Cruz de Moya, Campalbo, Casas de Pedro Alonso, Santo Domingo y Los Huertos.

Durante el siglo XVI la ciudad vivió su máximo esplendor, momento en el que se construyeron una gran cantidad de inmuebles y templos, además de reforzarse la muralla y el castillo. La decadencia comenzó a partir del siglo XVIII, quedando abandonada por completo a mediados del siglo XX. La Diputación Provincial de Cuenca ha realizado recientemente una intervención en la ciudad amurallada de Moya, comenzando tareas de recuperación para paliar los males del abandono, el despoblamiento y el expolio.

Un referente mundial del arte rupestre levantino en plena Serranía de Cuenca

Villar del Humo es una localidad tocada por una varita mágica. No solamente ha tenido la fortuna de nacer en un encantador enclave natural en la Serranía de Cuenca y con la Sierra de a Albarracín como vecina, entre vegetación frondosa y formaciones rocosas que ponen a prueba a la imaginación, como la peña San Antonio y en algunos casos hasta las leyes de la física, como la majestuosa Torre Balbina, sino que además ha tenido el privilegio de convertirse en un referente mundial del arte rupestre.

La localidad está de aniversario porque se cumplen cien años desde que el ingeniero forestal Enrique O'Kelly descubriera las primeras pinturas en la Peña del Escrito. El hallazgo tuvo gran repercusión nacional y otros arqueólogos se sumaron a la investigación de estos dibujos. Los abrigos acogieron una Exposición de Arte Prehistórico Español, que fue inaugurada por el rey Alfonso XIII y en 1924 fueron declarados monumento nacional.

Tras unos años de olvido las pinturas rupestres de Villar del Humo recuperaron el protagonismo en la década de los 60, gracias a que en un programa de televisión unos alumnos de la localidad descubrieron los abrigos rupestres de Marmalo. En 1995 la zona fue declarada Parque Natural y en 1998 las pinturas recibieron el título de Patrimonio de la Humanidad que otorga la UNESCO.

Representaciones de dos periodos históricos

Los abrigos de Villar del Humo contienen representaciones en un buen estado de conservación que corresponden a dos periodos históricos: mesolítico - arte rupestre levantino, de unos 10.000 años de antigüedad- y neolítico -arte rupestre esquemático de hace unos 5.500 años. En la actualidad hay doce abiertos al público pero según las últimas investigaciones puede haber hasta 30, una cifra muy elevada en comparación con muchos lugares similares. Si Altamira es la referencia del arte Paleolítico en Europa, Villar del Humo lo es del arte levantino.

Peña del Escrito, Rambla del Anear, Selva Pascuala, Cueva del Bullón, Marmalo, Castellón de los Machos y Peña del Castellar son algunos de los parajes que albergan estas pinturas rupestres, que cuentan con dibujos de varios animales entre los que destaca especialmente por su claridad el toro de Selva Pascuala, símbolo del culto prehistórico a este animal. En La Rambla se encuentran representaciones conocidas como ‘La mano' y ‘El sol', que algunos expertos vinculan a rituales chamánicos.

Los abrigos están abiertos durante todo el año y hay diferentes rutas y paseos fluviales organizados para visitar el entorno. Desde hace unos meses funciona también un centro de interpretación, impulsado por la Diputación Provincial de Cuenca, que pretende ayudar a conocer la importancia que tiene el arte rupestre de esta localidad conquense. Esta institución financia diversas rutas de senderismo hacia las pinturas y va a acometer obras de rehabilitación en la Torre Barrachina, una construcción defensiva del siglo XI de origen musulmán que tuvo un papel relevante en la Reconquista gracias a sus doce metros de altura.

Una visita virtual al Tesoro de O'Kelly

También es posible viajar virtualmente a las pinturas gracias a una aplicación móvil, 'El Tesoro de O'Kelly', disponible en Google Play, que con ayuda de unas gafas de realidad virtual permite ponerse en la piel del descubridor y recorrer durante seis minutos a lomos de un caballo los paisajes de los abrigos y conocer la historia de los abrigos. Esta aplicación ha sido desarrollada por una empresa ganadora de los premios Lanzadera, desarrollada por el Patronato de Desarrollo Provincial de la Diputación para promover el emprendimiento.

El entorno natural de Villar del Humo, municipio que se levanta junto al río Vencherque, afluente del Cabriel, invita también a disfrutar de las actividades en la naturaleza para todos los gustos. Durante el año se puede participar en actividades cinegéticas, micológicas y pesca deportiva organizadas por distintas entidades de la zona. También se pueden realizar actividades acuáticas en el propio río Cabriel. 

Amplia galería de imágenes de los dos lugares en este enlace.

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