03/08/2017
Viajes por Cuenca

Arquitectura medieval y renacentista en dos históricas villas de la Manchuela conquense

Alarcón y Villanueva de la Jara son dos localidades plagadas de historia que ha quedado reflejada en su inmenso patrimonio

Alarcón, un escenario de literatura fantástica

Alarcón es el mayor ejemplo que se puede encontrar en Cuenca del poderío de la España medieval. Esta villa amurallada próxima a la autovía para A-3 se eleva imponente sobre un meandro del río Júcar, con el agua,  la roca y los pinares bañando sus faldas. Alarcón es un escenario de literatura fantástica que un día se hizo palpable en la Manchuela conquense.

Existen vestigios de presencia íbera y romana en Alarcón, cuyo castillo fue un baluarte defensivo durante la hegemonía árabe, hasta que fue conquistado por el rey Alfonso VIII en 1184, después de un asedio que duró varios meses y tras un asalto en el las crónicas cuentan que el caballero Martín de Ceballos escaló la muralla usando dos dagas vizcaínas. El monarca castellano reconstruyó la plaza y llegó a instaurar allí su corte durante todo un año.

Ya en el siglo XIV el infante don Juan Manuel recibió el Señorío de Alarcón y entre los muros del Castillo encontró a las musas que le inspiraron los cuentos que conforman ‘El conde Lucanor', paradigma de la literatura medieval española. La habitación 106 del actual Parador de Turismo, la más aristocrática del hotel, está dedicada al que era el sobrino del rey Alfonso X El Sabio. Pasó posteriormente la fortaleza a manos de los marqueses de Villena y Juan Pacheco buscó refugio allí durante la guerra de Sucesión Castellana. El castillo sufrió posteriormente un largo declive por el abandono y los daños sufridos durante las guerras carlistas. Tras la pasar por varias manos privadas el Estado lo expropió en 1963 para convertirlo en el actual Parador de Turismo, que fue inaugurado en 1966. Desde el año 1992 la fortaleza es Monumento Histórico Artístico del Patrimonio Nacional.

Alarcón cuenta con tres recintos amurallados  y con varias puertas entre las son reseñables las torres del Campo, del Calabozo y la de bodega. La muralla se encuentra en un buen estado de conservación y logra trasladar al visitante al mundo medieval en el que la fortaleza vivió sus años de gloria. Tanto el recinto amurallado como el castillo y la iglesia de San Juan Bautista han sido rehabilitadas recientemente gracias a las intervenciones desarrolladas por la Diputación de Cuenca por medio del Plan de Mejora de Infraestructuras Turísticas de la provincia. Dentro de la arquitectura de la fortaleza también destaca la torre del homenaje, construida por Juan Pacheco hacia 1460, de estética renacentista y rematada en un doble almenado

El Parador de Alarcón, además de gozar de unas vistas únicas, destaca también por su oferta gastronómica en la que tiene mucho peso la comida conquense como el lomo de orza, el morteruelo, el ajomortero, la trucha del Júcar  y el pisto manchego.

Esta localidad con tanto peso medieval e historia viva de España oculta un tesoro del arte contemporáneo que nació de un sueño casi quijotesco de un joven artista conquense. En el año 1994 Jesús Mateo comenzó a crear sus pinturas murales en el interior de la iglesia de San Juan Bautista, un templo herreriano del siglo XVI desacralizado que se encontraba en estado de abandono. Muchas entidades públicas y privadas se convirtieron en mecenas del gran sueño de Mateo y en 1997 la UNESCO asumió el patrocinio del proyecto, que fue inaugurado en 2005. El resultado es una obra majestuosa en la que se confunden lo profano y lo sagrado.

Las pinturas morales han recibido alabanzas de referentes intelectuales como Ernesto Sábato, Fernando Arrabal y José Saramago

Cada año más de 30.000 personas llegadas de todo el mundo visitan unos murales que han recibido alabanzas de referentes intelectuales de la talla de Ernesto Sábato, Fernando Arrabal, José Saramago, Antonio Saura, Luis Mateo Díez, Antonio López, Juan Antonio Marina…

Las pinturas se pueden visitar desde el mes de marzo al mes de diciembre y la entrada cuesta tres euros, aunque es gratis para familias numerosas, desempleados y menores de 16 años. Hay también descuentos para grupos y clientes de Paradores.  Se puede concertar una vista guiada llamando a los teléfonos: 609 009 741 y al guía turístico en el número 630 565 258.

En las calles de Alarcón el viajero se encontrará con numerosos testimonios del pasado de la nobleza castellana en las portadas de sus casas palaciegas como la de los Villena y de los Castañeda. Entre las iglesias se encuentran la de Santo Domingo, edificio de estilo románico que hoy es auditorio centro cultural; la iglesia de la Santa Trinidad, el templo más antiguo de la localidad, compuesto de dos naves que fusiona elementos góticos y renacentistas y la iglesia Santa María del Campo, construida en el siglo XVI. Su portada y el retablo principal son obra del genio francés Esteban Jamete, que falleció en esta villa cuando estaba trabajando en el templo. En la plaza principal de Alarcón, bautizada con el nombre del infante Juan Manuel, se encuentran el Palacio parroquial, de corte barroco popular y el Palacio del Concejo, construido en los tiempos del marqués Diego López Pacheco, cuyo escudo luce en la fachada principal. Este edificio es actualmente el Ayuntamiento de la localidad.

Existen ejemplos del patrimonio de Alarcón lejos de la Villa. En la actualidad y hasta el día 10 de septiembre se puede ver en el Museo del Prado de Madrid la custodia procesional que Cristóbal Becerril elaboró en el siglo XVI para esta localidad, una pieza que habitualmente se exhibe en Nueva York.

El lienzo de Alarcón se completa con los colores del entorno natural que abraza a la ciudad amurallada

El lienzo de Alarcón se completa con los colores del entorno natural que abraza a la ciudad amurallada. Se puede pasear entre las hoces del Júcar siguiendo dos sencillas rutas senderistas con vistas espectaculares, flanqueadas de abundante vegetación que incluye especies como el boj y el arce y en las que sobrevuelan águilas reales y halcones. Otros dos puntos de interés son el pantano de Alarcón y la presa de Henchideros, donde se puede practicar el piragüismo. Hay empresas en la zona que ofrecen al visitante todo tipo de deportes de aventura en la naturaleza.

Villanueva de la Jara, una ciudad con ADN renacentista

Escoltada por las aguas río Valdemembra aguarda al visitante la señorial Villanueva de la Jara. Existen pruebas de la existencia de la población ya en la Edad de Bronce, gracias a los restos hallados en el Cerro del Cuco que actualmente se exhiben en el Museo Provincial de Cuenca, de la capital conquense. La población estuvo bajo la influencia romana y árabe y adquirió el ADN renacentista que la caracteriza ya en el siglo XV, cuando los Reyes Católicos le concedieron la independencia de Alarcón y el título de Villa por posicionarse a favor de Isabel I en la Guerra de Sucesión castellana.

El esplendor de La Jara aumentó durante siglos a pesar de sufrir un saqueo por parte del Archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión Española en el XVIII y las invasiones francesas en el XIX. En ese siglo se construyó el primer Colegio de la Latinidad de la provincia y ya en el XX, durante la Guerra Civil, fue base de las Brigadas Internacionales y recibió a figuras históricas como el escritor George Orwell, el futuro canciller alemán Willy Brandt y el mariscal yugoslavo Tito.

La historia de Villanueva de la Jara también está marcada por la llegada de Santa Teresa de Jesús  en 1580

La historia de Villanueva de la Jara también está marcada por la llegada de Santa Teresa de Jesús  en 1580 y la fundación del convento de Santa Ana. En 2015, con motivo de la conmemoración del V Centenario del nacimiento de la monja, La Jara entró a formar parte de las rutas de las Huellas deTeresa, itinerarios turísticos y de peregrinaje para seguir las huellas de la santa andariega a lo largo de 17 localidades españolas. Ese mismo año se inauguró en la villa jareña un Centro Teresiano inspirado en la obra ‘Las Moradas' de la humanista abulense.

La riqueza patrimonial de Villanueva de la Jara se articula en torno a su Plaza Mayor, configurada en el siglo XVI y que tiene como elemento más destacable es el Ayuntamiento, un edificio de corte renacentista de carácter urbano y civil que se encuentra en un buen estado de conservación y que en 1992 fue declarado Bien de Interés Cultural. Junto al Ayuntamiento se encuentran la torre del reloj, de tres plantas y el antiguo pósito, convertido hoy en centro médico. También en la plaza se encuentra la Posada Massó, ejemplo arquitectónico de las posadas y ventas manchegas que en la actualidad se ha convertido en oficina de turismo gracias a la inversión realizada por el Plan de Infraestructuras Municipales de la Diputación de Cuenca.

En las calles de Villanueva de la Jara abundan las casas solariegas como la de los Clemente de Aróstegui, inmueble del siglo XVII de estilo barroco que perteneció a una poderosa familia jareña. Otro ejemplo es Villa Enriqueta, una casa-palacio del siglo XIX que se convertiría en hospital militar durante la Guerra Civil Española.

Respecto a la arquitectura religiosa el templo más destacado es la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, cuya grandeza le ha hecho merecedora del sobrenombre de Catedral de la Manchuela. Se trata de una iglesia del gótico tardío que se construyó  en el siglo XV con las piedras del antiguo castillo árabe y que se puede divisar desde kilómetros de distancia gracias a su imponente torre de 75 metros de altura, coronada por una bella cúpula. En el altar mayor hay un valioso retablo barroco de tres cuerpos, teñido de oro y repleto de ornamentos vegetales y figuras entre las que destaca una gran escultura de San Julián. También merece la pena visitar las capillas de la Inmaculada Concepción, de la Virgen del Rosario, con una cúpula de estilo rococó y pinturas murales en sus laterales de la Virgen del Pilar.

Cerca de la Basílica se encuentra la iglesia del Carmen, de finales del siglo XVI, en la que destaca un retablo presidido por la Virgen de las Nieves, patrona de los jareños y en la calle Santa Teresa se encuentra el convento de las Carmelitas Descalzas, fundado por la religiosa abulense y en el que todavía residen monjas de esta orden y al que recientemente fueron trasladadas las últimas religiosas que vivían en el convento de Lerma (Burgos). Es un edificio renacentista que guarda en su interior los restos de sor Ana de San Agustín, la abadesa que se hizo cargo del convento tras la marcha de Teresa de Jesús. Cuenta con  una cubierta de estilo mudéjar y un retablo con pinturas del siglo XVII.

En Villanueva de la Jara hay otros puntos de interés como la ermita de San Antón, la Casa de la Música y el Rollo de la Justicia, monumento cilíndrico que simbolizaba la independencia de Villanueva de la Jara y lugar donde se ajusticiaba en épocas pretéritas a los que cometían algún delito.

Todos estos reclamos impulsan cada año el turismo de Villanueva de la Jara, actividad emergente en un municipio que tiene como motor el cultivo de las  setas y especialmente del del champiñón. Los amantes de la micología pueden visitar algunas de las cuevas en las que crecen estos hongos. También tienen peso en la economía jareña otros cultivos como el cereal, la viña y el almendro y la villa cuenta con una importante oferta de alojamientos de turismo rural para los viajeros que necesitan escapar de las ruidosas urbes. La Jara es una villa que ofrece esa tranquilidad y a la que se puede llegar con facilidad a través de desvíos de la autovía A-3 y directamente con las carreteras nacionales N-310 y N-320.

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