30/06/2017
Opinión

Ahora

A veces, el trabajo, la propia ciudad, y hasta el futuro más inmediato se vuelven absurdos, incómodos y  hasta agresivos. No sabes exactamente porqué – o sí, pero te niegas a analizarlo detalladamente-, pero el caso es que sientes que las cosas no marchan demasiado bien. Y te encuentras  un punto descolocado, porque no era así como esperabas que salieran las cosas; percibes que el aire que respiras no tiene la frescura que debería llevar y que tú mismo distas  mucho de ser  ese a quien creías conocer tan bien….

Nada parece estar en su sitio, en tu cabeza hay un continuo murmullo de  pensamientos que amenazan  tu paz mental, y, pesar del agobiante calor de este junio tan abrasador, te despiertas a media noche con frío, sabiendo que será difícil conseguir templar tu alma.

Y entonces,  cuando  la melancolía  parece haberse hecho compañera inseparable de tu espíritu, basta con que tu mujer te coja de la mano mientras paseas y habláis  de cosas intrascendentes, la diaria conversación telefónica con  tus hijos  sobre su recientemente iniciado trabajo o sobre sus planes de fin de semana;  los comentarios de tus hermanos sobre los éxitos académicos  de tus sobrinos,  o un wasapp de una compañera de trabajo dándote ánimos, para que te des cuentas de lo maravilloso que es estar aquí y ahora; que no eres ni el que fuiste ayer, ni el que vivirá mañana en tu cuerpo, sino, simplemente, el que siente, ríe y disfruta, y también el que se agobia y padece en este instante, solamente ahora.

No hay nada más.

Así, en un  permanente esfuerzo por no abandonarte a un tiempo diferente al  actual, por no dejar que tu mente vague en la mentira y la ficción;  en ser cómplice,  con los seres  a los que amas, de  cada palabra, de  cada mirada y de cada silencio, te llega la plenitud  y retorna la presencia de ánimo.

Y esta consciencia te lleva a ver que eres responsable de esforzarte por ser mejor, y por dejar a tus hijos un mundo más habitable, más  humanamente responsable y solidario; porque, el día en que lo abandonemos, no habrá peor noticia que el habernos  defraudado a nosotros mismos. Todo esto depende de nosotros, de nadie más.

Y de nuevo sientes que, como escribió el poeta, la brisa de la mañana guarda secretos para ti; y te levantas, reconfortado, para disfrutar de cada uno de esos  maravillosos secretos que la vida te depara en cada amanecer.

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