09/03/2019
Opinión

Agradecimientos un año después de nacer mi hijo

Hoy cumple un año mi hijo Miguel y no quiero dejar pasar esta fecha sin escribir unas líneas de reconocimiento y agradecimiento a los profesionales sanitarios que me ayudaron a gestarlo y traerlo a este mundo.

El milagro de la vida, ese maravilloso misterio que me sacude cuando miro la cara de mi niño.

Cuando mi marido y yo supimos que estaba esperando, una de las primeras preguntas que nos hicieron y que nos hicimos fue: "¿tenerlo en Cuenca?". Son de dominio público las carencias materiales de las que adolece nuestro hospital; la más preocupante cuando vas a tener un bebé es la falta de UCI neonatal. Gracias a Dios, el embarazo fue bien y pensamos que lo adecuado era tenerlo en nuestra querida Cuenca. Aprovecho para pedir que, por favor, seamos al fin tenidos en cuenta, y se dé una solución a este tipo de problemas en el hospital. Por todos.

Aquí empiezo con los agradecimientos. A mi matrona Alicia Pineda, por acompañarme, orientarme, entenderme y tranquilizarme en ese viaje tan maravilloso como espeluznante que es el embarazo.

A los ginecólogos  que me hicieron las ecografías y las consultas de seguimiento: el doctor José Andrés Guijarro, que acertó al apostar que Miguel era niño y, además, nos regaló valiosos consejos sobre el posparto y la lactancia cuando me dió el alta;  a la doctora Marta Yubero, que entendió nuestros principios;  a la doctora Laura Villanueva que hizo las ecografías; y a la matrona que pasa consulta con ellos, Carmen García,  que es un encanto y amor. 

A mi otro ginecólogo, el doctor Víctor Martín, que estuvo con nosotros desde el principio, y escuchó el corazón de Miguel con nosotros por primera vez.

A todo el personal del paritorio y la planta, que son muchos, y que en el día señalado, tanto nos ayudaron, aunque en mi labor los mandara callar de mala manera. 

Las que salían del turno de noche y me tranquilizaron de madrugada, cuando casi no estaba de parto, y a la ginecóloga Silvia Irma Pardina, que ya me había visto en una urgencia de primeriza y me tuvo mucha paciencia.

A Piedad González, que lo trajo al mundo conmigo, que fue mi guía y apoyo en ese rato tan especial. Gracias a su cariño, paciencia y consejos, ni acabamos en una cesárea ni le faltó un café a mi marido.

A su compañera, que creo recordar que se llamaba Bea, y que con toda su voluntad me dio una sábana para pegar estirones con las contracciones sonriéndome. Al pobre anestesista, al que hicimos subir para nada.

Al doctor Andrés Moya, que con calma, determinación y destreza profesional nos tranquilizó y terminó de allanarnos el camino cuando se puso cuesta arriba.

Y, por último, a los pediatras. Al doctor Juan Manuel Rius, al que ya conocía de sus talleres de lactancia que tanto me han servido. A Guillermo Chaves, que sigue a Miguel desde su nacimiento y tan acertadamente nos guía junto a la enfermera Luz Arteaga. Y, claro, cómo no, a mi 'hermana' Ana Valiente, que es uno de esos dones que me ha dado Dios en la vida.

Para todos ellos, nosotros, los Domínguez Torres, somos una de tantas familias a las que atender, pero para mí todos y cada uno de ellos tienen su hueco en mi vida. Siempre los recordaré con agradecimiento y cariño y los tendré en mi pensamiento y oraciones.

GRACIAS. 

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